Respuesta de EEUU al crisol de revolución: desconfiada evolución

Esta madrugada, en este undécimo día de protestas en Egipto, y que quizás también sea la undécima hora en que EEUU pueda demostrar al mundo como copar con la agitación de países en desarrollo, recibí un correo electrónico de Anuradha Kataria, autora de “Democracia a Prueba, ¡Todos Arriba!”  Mas oportuno no pudo haber sido, dado el curso de la política mundial últimamente, desde el Norte de África al Medio Oriente, con descontento popular hacia los regimenes autocráticos allí arraigados.

Kataria, quien en su libro hizo uso de una larga cita de un articulo que escribí en marzo de 2010, “Resultados en Irak confirmaran, pero no otorgaran poder”, parece que tendrá su teoría puesta a prueba una vez mas.  Su libro cuestiona que la democracia sea el modelo político correcto bajo todos los contextos socioeconómicos.  Y eso es algo que vengo observando por décadas, sin el rigor analítico de un investigador académico.

El camino hacia la democracia, bien sea mediante revolución o evolución, es bastante diferente para una nación que posee una clase media extensa y educada, que para una nación donde la población es rural, pobre y conservadora (tradicionalista).  En la última, de acuerdo con Kataria, la democracia lleva al uso subversivo del “poder del pueblo”.  Claro que el uso de la palabra “subversivo” se le puede considerar como tendencioso.

Estados Unidos ha seguido la tradición británica, digamos el modelo, en lidiar con la agitación y confusión mas allá de sus fronteras, desde el momento en que surgió como nación: todos los gobiernos estadounidenses, sin excepción, siempre han insistido, y a menudo demandado, que los gobiernos de otros países sean amistosos a este país y, si es necesario, serviles a sus intereses.  Aunque el Departamento de Estado haya siempre mantenido  el fomento inequívoco  de derechos civiles y libertad para el mundo entero, la realidad es que ha aceptado dictaduras, u otra forma de gobierno autocrático cuando lo ha considerado necesario para lograr los objetivos económicos y militares de Norteamérica.  ¡Ese es un hecho irrefutable que continua hoy día!  Un hecho que es complementado por otra realidad: que, de forma abrumadora, los norteamericanos están de sumo acuerdo con su gobierno en materia de imperio y auto-intereses... la libertad y derechos civiles aparentando tener una definición menos estricta cuande se aplica a personas que viven al otro lado de nuestras fronteras.

Latinoamérica siempre ha sido el perfecto ejemplo para una política exterior basada en auto-intereses que data del siglo antepasado; la proclamación de la Doctrina Monroe y la incursión forzada de EEUU en ámbitos económicos, sociales y políticos que por cualquier razón ocurrieran en el hemisferio americano.  Esa arrogante doctrina es algo que parece haber sido replicado por Israel y su declarado propio “hemisferio” que aparentemente incluye todo el Oriente Medio.

Lo que aparentemente concierne mas a la Casa Blanca durante esta revuelta popular en Egipto, revuelta que posiblemente tenga raíces económicas mas que políticas, tiene menos que ver con la libertad que los egipcios puedan tener en expresar su descontento, que con el grado de amistad que un nuevo régimen pueda tener con Israel.  Desde el comienzo de la revuelta, el Departamento de Estado de EEUU puso en claro al mundo entero que la Hermandad Musulmana era un elemento inaceptable en cualquier revuelta, o en la posibilidad de compartir poder alguno en el futuro de Egipto.  ¡Al cuerno el hecho de que esa organización pueda ser la voz del 20 por ciento o mas de la población egipcia, o de que este grupo se haya expresado al Occidente con tono amistoso y de coexistencia!  De la misma forma que EEUU demostró su intransigencia con Hamas después que ellos ganasen las elecciones palestinas en enero del 2006, nos da a conocer de nuevo su terquedad al negar la realidad de lo que la Hermandad Musulmana representa.  Existe una línea directa entre Washington y Tel Aviv que suplanta cualquier otro tipo de comunicación.  Y eso es, y continuara siendo, un obstáculo insuperable para la paz del mundo.

Una cosa de la que podemos estar seguros es que la situación en Egipto está causando un nerviosismo económico global, aunque la probabilidad de que el Canal de Suez se cierre es casi cero.  Algo así seria el colmo de la estupidez no importa cual fuera el gobierno de Egipto: autocrático, democrático o con raíces fundamentalistas fuertes.  Quizás el peligro mayor radica en el temor mismo y la posibilidad del extremo acaparamiento de grano por países como Arabia Saudita, Argelia o el mismo Egipto... algo que pudiera traer metástasis a la disputa política. 

Aunque pensemos de la democracia como parte, si no la solución en total de los problemas del mundo en desarrollo, no nos vendría mal prestar atención a la preocupación de Anuradha Kataria de que en la mayoría de los casos esta democracia trae inestabilidad, guerras civiles, genocidio, fundamentalismo, crimen y corrupción.  Esperemos que tal no sea el caso con Egipto o las naciones vecinas donde el pueblo aspira por lo menos a un grado mayor de libertad.