Génesis de la implosión de un imperio

 

     Esta semana los norteamericanos oyeron una vez más comentario por televisión de un fiel comentarista jubilado, Tom Brokaw, diciendoles que tal es el descontento de los saudíes con Obama que han mandado emisarios a China y Rusia para realzar los lazos.  Tal noticia tenía el tono de una balada medieval con letra que pone a los reinos chiquitos pagando tributo a los más poderosos.

     Me vino la imagen del rey Ramiro allá por el siglo IX diciendo basta ya al poderoso Abderramán II, y aquel tributo de las cien doncellas pagado por sus antecesores.  ¿Se puede saber a que diablos viene esto de los emisarios?  ¿Qué es lo que esperan del pobre Obama?

     ¡Menudo titular!  Algo que requiere ser analizado en sus dos áreas distintivas: (1) quienes son los saudíes, y (2) cuales son esos lazos que deben ser realzados.  Por fin estamos empezando a ver los efectos secundarios causados por la agitación que aun continua en el Oriente Medio y Norte de África.

     El gobierno saudita – y esos son los saudíes a quienes Brokaw se refiere – ha podido mantener estabilidad en estas ultimas semanas gracias a esa “asequible benevolencia” que con unos pocos miles de millones de dólares ha podido mantener la calma.  Una asequible benevolencia, desde que el aumento en el precio del petróleo durante unos meses sufragará una buena parte de esa etiqueta que costará construir medio millón de viviendas de bajo costo, y de pagar los sueldo de 60.000 nuevos puestos de trabajo que se añadirá a la “fuerza de seguridad” cuya misión no es otra que el continuar en perpetuidad la existencia de esta monarquía absoluta islámica.

     Fue algo fácil para la dinastía de Saud el sofocar en el reino ese “día de cólera” del mes pasado, sin haber costado un real del tesoro personal monárquico.  Estos son los saudíes a quienes Brokaw se refería... no un pueblo como tal, más bien un clan con un divino tinte azul en su sangre: el rey Abdullah y sus parientes... cercanos y lejanos.

     Ahora, el porqué mejorar los lazos con China y Rusia, ese es otro tema bastante diferente.  Aunque el gobierno saudita pueda llevar las riendas del país con cierto margen, si bien apretado, los sangre-azul saben muy bien que su nación no podrá existir aislada.  Si la faz política de la región cambia, no importa que en el futuro los diferentes gobiernos sigan rutas religiosas o democráticas, la monarquía saudita corre el riesgo de que sus días estén contados.

     Si la monarquía saudita echa la culpa a Obama de lo que está ocurriendo en esas dos regiones, peca de insensatez.  La situación tiene muy poco que ver con cualquier idealismo que pueda emanar de la Casa Blanca.  Obama tiene su saco de problemas a que atender.  Norteamérica, lo reconozcamos o no, política y financieramente está en bancarrota y es poco lo que Obama quiera o pueda hacer por los viejos amigos de EEUU, no importa si su tiranía era cruel o benevolente.  Los días de “protección” han quedado en el pasado, y no es que los norteamericanos hayan tenido un cambio de actitud, o una inyección de justicia social e idealismo; desafortunadamente no es así.  Esos días han quedado en el pasado por una simple razón: Estados Unidos ha logrado su meta de ruina y el país está pelado... pelado, irremediablemente pelado.

     Si la familia real saudita busca un nuevo protector, o simplemente esté tratando de chantajear a EEUU, todavía no se sabe.  No importa cual sea su juego, los resultados a largo plazo pudieran ser mejores si buscaran un arreglo con sus primos chiítas y no una substitución de protectores fuera de la familia islámica.

     Según estoy escribiendo este articulo en la noche del viernes solo restan dos horas para que el gobierno entre en paro, se cierre, por no haberse llegado a un acuerdo por los dos partidos sobre el presupuesto.  Lo irrisorio del caso es que el desacuerdo ni siquiera representa el 1 por ciento de ese presupuesto.  Las cuestiones a resolver, su financiación, que representan ese diminuto porcentaje, tienen sin embargo resonancia significativa para los políticos que saben muy bien donde pasean los votos; y putas engañadoras que son, quieren hacerse ver a su base política como fieles a principios – casi siempre prejuicios ignorantes – de la mayoría que los eligió.  No obstante, el Congreso logrará que se llegue a un acuerdo, el pueblo no está para bromas.  Es más, las noticias en este mismo momento dicen que se ha llegado a un acuerdo aunque tan solo sea temporal.  Los políticos definitivamente son actores consumados.

     No importa lo que pensemos de Arabia Saudita, no importa quien la gobierne, si la comparamos con EEUU y su celebrado capitalismo democrático, el futuro para las dos naciones augura muy diferente.  Arabia Saudita puede preparar sin dificultad un plan económico realista para el bienestar de su población aun después que se haya extraído el último barril de petróleo de su subsuelo, mientras que EEUU tan solo puede ofrecer a generaciones futuras una deuda abrumadora que las tendrá esclavizadas.

     Debemos preguntar en este país no solo a nuestros gobernantes y lideres sino a nosotros mismos... ¿cual será ese tan cacareado “excepcionalismo” que nos saque de estos apuros?  ¿Y si una implosión de nuestro imperio fuese el catalizador que necesitamos?

     Quizás el colapso gravitacional es lo mejor que pueda ocurrir a este país estrella.  Quizás, después de deshacernos de ese falso orgullo en un imperio estúpido y amoral, con un poco de suerte podamos en unos pocos años ser una nación equilibrada y densa – la densidad implicando una mayor preocupación por nuestro propio pueblo, una sociedad donde la avaricia se convierta una vez mas, después de mas de 30 años de ese paganismo de Reagan, en un vicio en vez de la virtud que hoy día es.