Derechos civiles pisoteados por el maremoto del temor

Imágenes de la devastación ocurrida en Japón tras el descomunal terremoto de Honshu son tanto alucinantes – vistas desde el enorme nivel de destrucción, como impresionantes – en la forma de copar del pueblo japonés con este horroroso evento. Una catástrofe de esta magnitud pone a prueba la preparación tanto en términos físicos como emocionales de toda una sociedad.

Al mismo tiempo que nos identificamos con el sufrir de nuestros hermanos japoneses, los norteamericanos sentimos un poco de envidia al recordar nuestro desastre de hace apenas 6 años, Katrina, y ver la falta de preparación de nuestro gobierno en todos sus niveles – local, regional, estatal y federal – para lidiar con una crisis; y el pensar que esto pudiera ocurrir una y otra vez en comunidad tras comunidad.

No obstante esta falta de preparación en la defensa civil contra desastres naturales, la seguridad del país en todo su esplendor patriótico, y apoyo político, nos “asegura” que EEUU hace todo lo posible para estar a salvo de actos de terror, cueste lo que cueste. Esta seguridad nacional, algo que nos legó George W. Bush con aspecto de bufonada, tuvo sus raíces hace mas de un siglo cuando Norteamérica emergía como potencia mundial y hacia sus “practicas del tiro” contra potencias difuntas que no querían guerra, como España (1898), algo que vaticinaba futuros conflictos de conveniencia como fue la invasión de Irak en el 2003.

Vemos la sesión dirigida por Peter King en la Cámara de Diputados, cuestionando la lealtad de los musulmanes norteamericanos, no importa el nombre que le demos, como un problema que debe ponerse sobre la mesa.

El 11 de septiembre del 2001 tuvimos nuestro cataclismo político al que siguió un maremoto de temor instituido por un gobierno empeñado en usar este evento para racionalizar ante la comunidad internacional el hacer lo que le diese la gana; y podemos decir con certeza que ese maremoto ha continuado activo, y se le mantiene activo desde entonces.

Exista o no radicalización dentro de la comunidad musulmana en EEUU, eso es algo que debe ser tratado por el ejecutivo del gobierno en forma discreta y bajo el escrutinio judicial. Eso es, siempre y cuando tal problema de índices de que existe de forma racional y no solo política. El permitir al Congreso tener estas sesiones ante el público en materia sensitiva como ésta es algo así como gritar “fuego” en un teatro repleto.

El diputado Peter King, Republicano de Nueva York, presidente del comité de Seguridad Nacional de la Cámara de Diputados, trata de demostrar en estas sesiones que la comunidad musulmana en el país no está cooperando con las diferentes agencias policiales de la nación, afirmación a la que los testigos no han dado evidencia alguna la semana pasada. Claro que puedes estar seguro que este escenario político mantendrá espectáculo tras espectáculo que poco a poco, y con el apoyo de la prensa, ayudará a influenciar a la población en el vilipendio de musulmanes en general, y musulmanes norteamericanos en particular.

Tristemente, muchos de nuestros políticos obtienen mucho metraje con el odio. Y ahí es donde la Derecha radical, y aun la “no-tan-radical”, explota la situación tratando de demostrar nuestro terrorismo casero como un fenómeno islámico; y que no es tan solo el jihad de la violencia lo que se debe combatir sino también el jihad cultural; además insistiendo de nuestra insuficiencia en la critica del islamismo antiamericano.

A esta sesión de King se la ha comparado con las sesiones del senador Joe McCarthy por los años 50 cuando el comunismo era algo diabólico, y cualquier opinión que no llevase la línea central era comunista. Su difamación de individuos le salio el tiro por la culata, y terminó censurado por el Senado en ese mismo año de las sesiones (1954). Personalmente no encuentro paralelo entre King y McCarthy, pero si en la perdida de derechos civiles que ocurrió en EEUU en 1917-8 cuando el presidente Wilson llevó a EEUU a la contienda mundial.

Para poder movilizar a la sociedad norteamericana, el gobierno se sintió obligado a promulgar leyes (Acta de Espionaje; Acta de Sedición; Intercambio-con-Enemigo) y hacerlas cumplir hasta el punto que te convertían en criminal no por lo que hacías sino también por lo que pensabas. Hasta el Tribunal Supremo unánimemente consintió el que el Congreso regulase la libertad de expresión, algo que el más reconocido magistrado del país, Oliver Wendell Holmes, declaró como algo bueno cuando el país se encara con “un peligro claro y presente”.

Aunque los derechos civiles han prosperado mucho desde entonces – llamémoslo devolución constitucional de derechos – el viejo tema de “un peligro claro y presente” se racionaliza a veces, quitándonos los derechos civiles, tanto por los Demócratas como por los Republicanos... no tienes que ir mas allá que el Acta Patriota de la ultima década.

Desafortunadamente, muchos políticos norteamericanos continuaran manteniendo en marcha este maremoto de temor que hemos tenido por una década; esta vez a costa de una población musulmana-americana a quien se la ve como un peligro claro y presente.