La percepción norteamericana de la corrupción

Para casi todos los norteamericanos informados, el IPC significa el “índice de precios al consumo”, algo que asocian con la inflación y la forma que esta pueda afectarles como consumidores. Me sorprendería mucho si tan siquiera el uno por ciento de este selecto y educado grupo reconociera quien es el grupo Transparencia Internacional y el índice anual que publican, Índice de Percepción de Corrupción (IPC).

El hecho de que esta organización, Transparencia Internacional, tenga su sede en Berlín, o de que genere algo que no halague al orgullo nacional le pone en desventaja; durante sus 15 años de existencia, ni la prensa norteamericana, ni oficiales públicos, ni políticos han considerado discutir la corrupción como tema cívico nacional, prefiriendo que se relegue a casos individuales, esas situaciones de “manzanas podridas”... y eso no ha ayudado a un cambio de conjunto en la percepción de una virtuosidad general.

En el pasado, la corrupción para los norteamericanos, en términos generalizados, era algo que ocurría mas haya de sus fronteras – en África, Latinoamérica y otras partes del mundo. Los norteamericanos siempre se han considerado como numero 1 en lo referente a estar a prueba de corrupción en el sector público. Así que, al encontrarse clasificados como numero 22 por TI ha ocasionado una sacudida, como ha ocurrido en muchas otras áreas durante los últimos años – en expectativas de vida, educación, acceso al Internet por banda ancha y casi todas las facetas del bienestar ciudadano – en relación con esas dos docenas de naciones que llamamos países desarrollados.

Para frustración de los norteamericanos, constante e irracionalmente retados por el elemento vocifero-patriótico de la población que no acepta la realidad; por fin están comenzando a darse cuenta que están más cerca de la cola de su grupo de parejos en desarrollo, que ser el país a la vanguardia. Aun en algo tan primordial para el futuro de Norteamérica como es “la competitividad global basada en innovación” donde EEUU si debiera ser el numero 1, dada su riqueza y recursos intelectuales, apenas mantienen el numero 6... y, añadiríamos, en constante y rápida perdida de terreno.

Pero volvamos al Índice de Percepción de Corrupción. El criticismo de la metodología usada en el calculo de tal índice, y su subjetividad, tiene su fundamento; algo a lo que me adhiero dado mi estudios/capacitación en operación investigativa. De todas formas, simple sensatez me indica que el que la información haya sido transferida a discreción de los “expertos”, lo que antes era exclusivamente encuestas de opinión publica, no desvalida de por si los resultados; al fin y al cabo... ¿no es la etiqueta de este índice, percepción? Nada tiene de malo el apoyar un esfuerzo sin prejuicios aunque su preponderancia sea el uso de ciencias inexactas.

Por fin lo que ha estado ocurriendo en EEUU durante esta ultima década – desde el caso Enron, al descubrimiento de infinidad de operaciones fraudulentas de inversión o esquema Ponzi (la mas notoria llevada a cabo por Bernie Madoff), a un sistema financiero sin control estatal alguno que ha “casi” destruido la economía (todavía no estamos a salvo), a un sistema político a la disposición de grupos de presión corporativos, a la ultima decisión del Tribunal Supremo en permitir gastos-sin-limite en las campañas políticas – está permitiendo una nueva y mas estricta interpretación por la población de lo que la ética significa en ambos sectores, publico y privado – por lo menos para aquellos que no son beneficiarios de tal corrupción.

Este índice intenta medir “el punto donde se percibe existe la corrupción entre los oficiales públicos y políticos” con Transparencia Internacional definiendo corrupción como “el abuso del poder encomendado para beneficio privado”. El obtener una nota del 7,1 (en un rango de 0 al 10) no es precisamente algo para estar orgullosos de una nación que insiste tener la formula para una democracia operativa que militarmente intenta implementar un programa de esculpir naciones a su imagen y semejanza en diversas partes del mundo. Lo que nos trae la ironía de la situación que tenemos hoy día: de las 180 naciones consideradas en el IPC... ¿adivinaríamos que Irak lleva el número 176 y Afganistán el 179? ¡Si, las ahijadas embrión-democracias que esta nación modela por medio de guerras de opción!

Poco a poco, los norteamericanos se están dando cuenta lo que es la corrupción, y lo ingenuos que siempre han sido al pensar que su “excepcionalismo” les iba a librar de tal mal, por lo menos dentro del ámbito de su nación.

Si tan solo los norteamericanos fuesen capaces de extender ese entender más allá de sus fronteras... como la corrupción es “el abuso del poder hegemónico para el beneficio de la elite corporativa” su comprensión de paz y guerra no tendría que ser filtrada por el Pentágono; y el programa de relaciones internacionales optaría seguir un camino mas apropiado a las necesidades de hermandad entre los habitantes del planeta.

El ultimo general norteamericano de cinco estrellas y primer Jefe de Jefes de Estado Mayor de EEUU, Omar N. Bradley, dijo en 1948... “Nuestro mundo es uno de gigantes nucleares y chiquitines en ética”. Poco ha cambiado desde entonces... excepto el deseo norteamericano de ser el gigante dominante mientras mantiene su pequeñez en cuanto a la ética.