La mítica elite del uno-por-ciento

Una vez más los lacayos de la elite derechista se han caído en esa gran caldera de cocido de caníbales políticos y han salido de ella sin ser escaldados. Por un corto periodo, su vilipendio de Shirley Sherrod, un oficial del Ministerio de Agricultura, tuvo oídos receptivos en muchos lugares... por la derecha y por la izquierda, y hasta en la Casa Blanca. Y tales oídos receptivos la despojaron de su empleo... y reputación.

Aparentemente, este oficial del gobierno había dado un discurso en marzo en una reunión del NAACP (siglas en inglés de la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color) que contenía declaraciones con alta tensión racial.

Y, aparentemente, los vendimiadores y locutores de la obscena propaganda derechista (en este caso Andrew Beitbart por el Internet y Fox News por televisión) hicieron uso de un video editado de tal discurso que hacia de esta opositora política persona racista.

Y, aparentemente, hasta muchos progresistas fueron victimas de esta decepción – incluyendo a su jefe, el Ministro de Agricultura Tom Vilsack, quien pidió su dimisión – al no analizar el discurso entero y, lo que es aun mas importante, sus antecedentes en el desempeño de su cargo, particularmente con referencia a ese tema incandescente. Vilsack, a menos que siguiese instrucciones dadas por la Casa Blanca, se convirtió en fiscal, juez y jurado sin merito o razón alguna.

Y, aparentemente, aun después de que Sherrod fuese vindicada dos días después, que incluyó una disculpa del mismo presidente, los norteamericanos seguimos sin entender lo que está pasando. O, lo que es aun peor, preferimos que tal discurso se edite de nuevo y se declare como discurso que busca la armonía racial. Quedémonos con ese secretito sucio sobre lo que Shirley Sherrod quiso decir en ese discurso.

Pero la verdad sea dicha, si escuchas el discurso en su totalidad, no son los tonos raciales los que aparecen claros y realistas, sino más bien lo son las implicaciones marcadas de las que ni la prensa ni el gobierno nos quiere hablar. Y esas son, que no es una guerra racial la que divide a EEUU, sino una guerra de clases muy distintiva. Es el color del dinero, y no la piel, lo que nos hace unirnos a un bando o al otro... con una causa en común. Esa es mi interpretación de lo que Shirley Sherrod trataba de decir no solo a la membresía del NAACP allí presente, sino también al resto de nosotros.

Nunca mejor que ahora para enmudecer esa frase “antiamericana” de guerra de clases, en estos días en que la cara del capitalismo se nos muestra con horripilantes granos y verrugas – y no el acné que estábamos acostumbrados a aceptar. Dejemos que Sherrod descargue su pistola tan solo asegurándonos que se usa el silenciador para distender esa maldita frase para el capitalismo: enfrentamiento de clases.

Progresistas y cuasi progresistas que representan a esa sumamente apacible Izquierda Norteamericana han estado desmesuradamente indecisos en su lucha con la Derecha conservadora que ha tiempo lleva secuestrada por extremistas que han reemplazado ser preactivos en su causa con la destrucción criminal de su oposición política. Para contrarrestar tanto a seudo-populistas (los ahora autodenominados “partidistas del té”) como a las voces tradicionales de la derecha irresponsable, los progresistas mas vocales han terminado rindiéndose a la timidez... terminando echando la culpa a esa poderosa elite que se dice nos gobierna... esa infame elite del uno-por-ciento. Ese uno por ciento de individuos (o unidades de familia) que nos dicen poseen mas de un tercio de la riqueza de EEUU (el 34,6 por ciento del valor total, de acuerdo con el economista Edward N. Wolf, New York University, 2010). Ellos son los responsables... nos dicen.

Cuidado aquí, y no te confundas, la Clase Gobernante Norteamericana, y ese grupo no es el uno-por-ciento de caballeros en armadura-adinerada (la elite económica) sino además entre un 10 y 20 por ciento mas que representa a la clase de escuderos, son los que están en una lucha de vida-o-muerte contra el resto de nosotros, los pobres o destinados a ser pobres, lo aceptemos u ocultemos por desidia o vergüenza. Las cosas no han cambiado por milenios y Platón en su El Estado IV pudiera muy bien haber estado hablando de la Norteamérica de hoy: “Cualquier ciudad, no importa lo pequeña, está de hecho dividida en dos, una la ciudad de los pobres, la otra de los ricos; las dos están en guerra la una contra la otra; y en ambas hay muchas divisiones mas pequeñas, y te equivocarías si las tratases a todas como un solo Estado”. Y esa es la Norteamérica dividida hoy día de la que preferimos no hablar.

Hasta el 80 por ciento de los norteamericanos son (... o pronto serán) parte del grupo “que-no-tiene” (pobres)... no importa que las encuestas del momento indiquen que solo el 50 por ciento de la población crea que exista tal división entre el “que-tiene” (ricos) y el “que-no-tiene” (pobres). Obviamente el lavado de cerebros por la elite continua teniendo cierto efecto... aunque esté perdiendo terreno con rapidez, ya que hace dos décadas tan solo el 26 por ciento de la ciudadanía veía a EEUU como una nación dividida entre pobre y rico.

Parece una conclusión acertada que el Corporatista Obama y su equipo de consejeros, junto a todos los miembros de la Escudería, prefieran que si el país ha de estar dividido que lo sea por razones raciales y no económicas, lo cual simplifica las cosas para la trenza del gobierno con el capitalismo... pero es algo que niega la realidad.

El carcaj de Obama parece estar llenándose con flechas de desilusión. Poco a poco nos estamos dando cuenta, y llegando a la conclusión, de que uno de los mayores fraudes perpetrados al electorado estadounidense ha sido la representación de Barack Obama como la reencarnación de FDR (Franklin Delano Roosevelt, presidente de EE-UU 1933-1945), y nuevo portador del estandarte del gran cambio que esta nación requiere... y llevarlo a cabo con reformas populistas genuinas.