La economía estadounidense requiere aclaración, no recuperación

Los norteamericanos, al igual que otras sociedades materialistas que habitan la tierra, nos restringimos la mayoría de las veces con demasiada estrechez en los problemas que enfrentamos, y no digamos en lo referente a temas más allá de nuestras fronteras. Esta semana pasada los más compasivos entre nosotros derramaban lágrimas según absorbían las imágenes en televisión procedentes de Haití, y la catástrofe que les cayó encima, aunque podemos estar seguros que todo seguirá como siempre y el escenario de nuestras vidas continuará siendo... el estado sombrío de nuestra economía.

En una semana o dos, después que los medios hayan ordeñado hasta la última gota esta tragedia humana en el Caribe de esos pobres que habitan el occidente de la isla La Española, se nos olvidará todo. Si, el mundo ofrecerá su ayuda inicial, incluyendo este vecino a menos de 300 kilómetros al noroeste, pero esta ayuda será limitada; la realidad es que EEUU necesitará un préstamo para dar tal ayuda, junto con 708,000 millones de dólares mas para sobrellevar dos guerras... y otros gastos secundarios en el mantenimiento del imperio. Pero después de esta fase inicial, este desastre natural será tratado con la misma indiferencia que muchos otros creados por el hombre. Y a esos desafortunados haitianos se les dejará que continúen en su miseria, lo mismo que se ha hecho con “los castigados de Gaza”, o los millones de victimas de nuestras guerras de elección (afganos, iraquíes, pakistaníes) y comportamiento subrepticio (los cubanos en este caso); ninguna de estas ocasiones trae gran preocupación a los norteamericanos por la simple razón de ese silencio que impone la prensa corporativa.

Así que los medios, después de una pequeña pausa, volverán a enfocar su cobertura en varios, no todos, los aspectos de la economía. Continuaran repitiendo como loros lo que los políticos y otros interesados quieren que el público norteamericano crea: que la recesión concluyó y nuestra economía está recuperándose. La confianza debe reinar suprema y así poder mantener ese castillo de arena capitalista sin que se desmorone; después de todo ¿no es la confianza del consumidor el más venerado entre la decena de indicadores económicos sagrados?

“La recesión terminó, nuestra economía está mejorando”... eso es lo que se nos dice. ¿Pero que cierto es eso? Tal declaración, no importa sus intenciones, se aleja de la realidad. Esta recuperación, dicen los catalogados como expertos, no sigue el viejo patrón de poner al trabajador en su empleo. ¿Entonces quien es el que se recupera?

Nuestras sanguijuelas de Washington – elegidas, seleccionadas o conectadas – nos dicen que EEUU, o mejor dicho... su economía, lleva camino de recuperación, excepto que en el proceso hemos añadido unos cuantos millones mas de desempleados... a esas listas de desempleados o subempleados.

Hasta la fecha, la mayoría de economistas ha aceptado la idea que bajo el capitalismo, el desempleo es algo inevitable, el resultado de la dinámica en el mercado laboral – nada de “desempleo oculto” como nos dicen ocurre en economías socialistas. Este inevitable desempleo se le ha conocido, dependiendo de su origen, bajo los nombres: clásico, cíclico, “friccional” y estructural. En EEUU llevamos por casi cuatro décadas un desempleo estructural en el rango del 3 al 5 por ciento de desempleo, un rango que hemos aceptado como un mal necesario, un tributo que debemos pagar por vivir en un país del primer mundo bajo lo que llamamos, erróneamente, libre empresa.

Estadísticas gubernamentales indican que tenemos 15,3 millones de desempleados, o el 10 por ciento de la llamada fuerza laboral, versus 7,7 millones a finales del 2007, que el gobierno considera comienzo de la recesión. No “estadisticados” pudiéramos tener otros 20 millones que sufren alguna forma de subempleo – trabajando muy por debajo de sus facultades/conocimientos/entrenamiento o trabajando un numero reducido de horas – o los que desanimados cesaron en su búsqueda de empleo. Esta calamitosa situación no es consecuencia de la recesión, más bien el resultado de ese holocausto laboral promulgado por una globalización sin regular... algo que bien pudiéramos llamar “mata-empleos”, la fuga permanente de trabajos de destreza técnica bien remunerados a países en desarrollo... esto ocurriendo con una rapidez destructiva a la utilización de la infraestructura de las comunidades industriales de los países que exportan trabajos, algo que no se le da la apropiada validez en los estudios sobre el impacto económico. Resultado: 2 de 5 trabajadores estadounidenses han sido adversamente afectados por este “mata-empleos”, uno de forma directa bien sea en desempleo o subempleo, el otro de forma indirecta, no permitiéndosele compartir en los beneficios de una productividad ascendente (estancamiento salarial).

Existe cierto seudo-optimismo, desde luego; lo que pudiéramos llamar ensoñación esperanzadora en algunos – en su mayoría aquellos que están cargando con bienes raíces, comerciales o residenciales, todavía muy sobre-valorados – que esperan un retorno a aquel ayer en el que todo el mundo pensaba hacerse millonario bajo ese timo Ponzi que el mismo gobierno estaba sancionando. Pero hemos llegado al punto donde tanto el gobierno como el Banco Central están tratando de ganar tiempo... en espera de un milagro en el que la deuda nacional que ahora sobrepasa los $12 billones, mas otros $6-10 billones de sobre-valorización tanto en bienes raíces como en la bolsa que aun no han salido a la superficie... sea todo “absorbido” por las demás economías mundiales, que se nos de éxito sin esfuerzo por nuestra cara bonita. O, como última opción, que EEUU declare de hecho la bancarrota devaluando el dólar en un 70 u 80 por ciento, aunque esto acarrearía consecuencias bastante serias.

La verdad sea dicha, no solo estamos en un estado de recesión estancada; pero una de tres cosas pudiera suceder que nos mantendría sumergidos en una depresión larga y profunda, algo que nos forzaría ver la realidad económica. La primera; que los valores de bienes raíces encuentren su apropiado fondo... esto sin intervención del gobierno, y la continuación de precios/valores artificiales (altos). La segunda; que el consumidor estadounidense se convierta en persona racional y empiece a ahorrar en vez de vivir despilfarrando. Y la tercera; que los países prestamistas, China en particular, lleguen a la conclusión que su relación económica con EEUU ha dejado de ser simbiótica o necesaria, y decidan cortar el cordón monetario, lo que crearía una profunda crisis para esta nación. Cualquiera de las tres, solas o en combinación cuantitativa, desenmascaran el farol del gobierno... de que las cosas están mejorando.

El presidente Obama reconoce que no ha podido llevar al país a una reconciliación... ¡como si tal cosa hubiera sido posible! Se preocupa además de que los sueldos, para aquellos con suerte de tener trabajo, tras el ajuste por inflación, han perdido el 1,6 por ciento de su poder adquisitivo. Y, lo que mas le concierne, y que está empezando a reconocer, es que no serán las guerras en el Oriente Medio o el sur de Asia, lo que condenará su gobierno... sino la economía enfermiza; aunque fuese heredada por él de sus dos, sí dos, predecesores. Pero en vez de aceptar y educar al país sobre la triste realidad de nuestra economía, su gobierno insiste en seguir la tradición de los políticos en Washington, hablando de recuperación, ya que es eso lo que el pueblo quiere oír y creer. Recuperación: un retorno a “tiempos normales”... una normalidad que nunca existió y que no era otra cosa sino crédito, sueños del timo-Ponzi y simples burbujas.

Ahora, con Haití de por medio, Obama no tiene otra alternativa sino aceptar el reto a EEUU de su rol en su reacción a desastres internacionales, y el país geográficamente localizado en su trastienda. Con un poco de suerte este presidente puede atacar este asunto con claridad y visión, y dar a EEUU una oportunidad de brillar. Pero su primer paso no ha sido de los mejores con su selección de dos ex-presidentes de EEUU, no importa que su misión sea simbólica (atraer donativos), para liderar el aporte de EEUU al rescate del pueblo haitiano. George W. Bush es un criminal de guerra y creador de catástrofes... ya puesto a prueba, y fracasado, en el desastre natural de Katrina. En cuanto al otro figurón, Bill Clinton, pudiéramos decir que es el artífice del holocausto laboral del país, o por lo menos el consentidor de que esto ocurriera. Aunque durante sus ocho años de gobierno se crearon 35 millones de nuevos puestos de trabajo (dos tercios de ellos sin requisitos de habilidad especial... y el consiguiente bajo salario), se perdieron 10 millones de puestos que aportaban una estructura industrial para el país y producían “algo”. Su figura heroica al movimiento laboral duró poco tras darnos cuenta de la devastación infraestructural causada en comunidades industriales ahora en la miseria, abandonadas... todo por su idilio con la globalización.

No, no es una recuperación económica lo que EEUU necesita, tan solo una aclaración verídica de lo que está ocurriendo, del lugar que EEUU ocupa en el mundo, ambos como productor y como consumidor de recursos.