Imperativos morales que EEUU debe confrontar

En Junio del 2009, Barack Obama declaró clara y categóricamente que el dar a la población estadounidense un seguro medico asequible no es un imperativo económico solamente sino también moral. En esos días no solo abogaba la causa del cuidado medico universal, mas bien se comprometía a un plan de “opción publica” que crease competición en la atención a la salud de todos los ciudadanos, en contraste al estado monopolístico que las compañías aseguradoras imponen hoy día.

Nueve meses después, y con una clara actuación de cómo EEUU es gobernada – o por lo menos llevada a legislar por los intereses corporativos que tienen al Congreso en su bolsillo – se nos otorgará finalmente una versión minimalista de cuidado medico, “casi-universal”, carente no solo de un plan de opción publica sino de formula alguna para mantener el costo ya obsceno bajo control. Legislación que una parte significante del país, dirigida por Republicanos, luchará a brazo partido para que no se implemente.

Obama pondrá la rúbrica a esta legislación diluida de salubridad hoy martes, 23 de marzo; el mismo día en que recibirá en la Casa Blanca al primer ministro de Israel, Benjamín “Bibi” Netanyahu, esta vez en otra materia diluida de asuntos exteriores y diplomacia... y las perspectivas evasivas de paz entre Israel y los palestinos. Dos oportunidades claras, y consecutivas, de observar la conciencia de nuestra nación y constatar los imperativos morales para el bienestar de los ciudadanos y la paz mundial.

La verdad sea dicha, nuestro gobierno siempre aparenta operar con una conciencia-en-progreso, sorteando de esta forma cualquier reconocimiento de imperativos morales. ¡Olvidémonos de Emmanuel Kant, Jean-Paul Sastre o la regla de oro! Así tal ocurrió después de un año de lucha en promulgar legislación médica que terminó siendo de segunda categoría. Esto unido a nuestra ultima rendición a la nación forjadora de “nuestra conciencia” en asuntos exteriores, Israel.

Es triste, si bien irrisorio, que el gobierno de Israel anunciara el plan de construir 1.600 nuevas viviendas en la zona ocupada de el este de Jerusalén al mismo tiempo que recibía oficialmente al vicepresidente norteamericano, Joe Biden, en misión de paz; esto un día después que la Casa Blanca aclamara el comienzo de charlas indirectas para la paz entre Israel y los palestinos. La indignación de nuestro gobierno dijese haber sido enorme... pero para una Norteamérica masoquista, en todo lo que se refiere a Israel, tan solo se ha oído lo anticipado por protocolo. Nada de critica o condena por el Congreso o cualquier otro acto que diese credibilidad, ¡Dios nos libre!... tan solo un tirón de orejas verbal mientras Bibi Netanyahu nos daba una patada en el culo.

Un tirón de orejas que al día siguiente Hillary Clinton retractaba, diciéndole al grupo omnipotente y omnipresente AIPAC (siglas del Comité Israel-Americano de Asuntos Públicos) en la mañana del lunes (3/22) que la obligación de EEUU hacia Israel es “sólida como una roca”... eso unas horas antes de que Netanyahu dijese a ese mismo grupo, en forma figurativa de omisión, su intransigencia en rehusar devolver territorios ocupados, aceptar que parte alguna de Jerusalén pueda ser la capital de los palestinos, cesar y desistir de nuevos asentamientos en tierras palestinas, o aun el aceptar “por ahora” la creación de un estado palestino. No, la propuesta tripartita de Netanyahu para cualquier negociación (enfoque político, económico y de seguridad) aparenta ser otra excusa más para que las cosas sigan exactamente igual.

Hoy día el 8 por ciento de la población israelí vive en tierras ocupadas de Cisjordania y el este de Jerusalén, dando a Israel una oportunidad para reclamar un cogobierno en el futuro, particularmente si el plan anunciado en febrero de “patrimonio israelita” se lleva a cabo. Bien sean motivos justos o excusas han creado un impasse a la negociación; eso junto a la incapacidad de la comunidad internacional de poder forzar una resolución sabiendo que EEUU solo está predispuesto a escuchar lo que Israel tiene que decir. Una y otra vez la comunidad internacional por medio de la ONU ha condenado actos por Israel referentes a la “colonización” de tierras palestinas y el trato de sus gentes; de forma reciente, la manera inhumana en que Israel trata al millón y medio de palestinos que viven, como si estuviesen bajo sitio medieval, en la franja de Gaza.

Eso nos trae la pregunta: ¿si el mundo en general percibe la necesidad de justicia social para los palestinos como un imperativo moral, como es que los norteamericanos no lo vemos así? Y la pregunta a continuación: ¿estamos justificados en creer que la verdad toma forma en nuestras manos, y nunca en manos ajenas?

Ayer estaba leyendo una declaración de Kaiser Permanente, la organización de salud sin fines de lucro a la que encomiendo mi estado físico. Bajo el titulo “Nuestra postura sobre la reforma de salud”, y en unas 200 palabras, KP nos da la formula de lo que tal reforma debe ser. Para esta organización, el cuidado medico asequible a todos, sin decirlo así, es un imperativo moral.

Existe una conciencia moral, una conciencia que va más allá de los valores judeo-cristianos o los de otras religiones o filosofías. Y existen imperativas morales que emanan de tal conciencia moral. Desafortunadamente, muchos norteamericanos, casi siempre por razones egoístas, prefieren no confrontar muchos de esos imperativos morales... como en el caso del cuidado medico universal, o el otorgar justicia social a los palestinos que Israel mantiene en un puño.