Extremaunción para la moribunda democracia estadounidense

La democracia norteamericana, sus signos vitales desvaneciéndose, recibió este pasado jueves, 21 de enero, la extremaunción del pontífice judicial de la nación: el Tribunal Supremo. En lo que llegará a ser una de las decisiones más importante para este país, quizás la más importante de todas, y que afectará de forma singular a este supuesto gobierno del pueblo, por el pueblo, y para el pueblo, el Tribunal decidió por 5 a 4 – miembros adhiriéndose a su ideología de Derecha o Centro – que al dinero y al poderío no se les puede dejar atrás. Definiendo lo que la democracia es o debe ser, determinando así nuestro destino; y diciéndonos, sin vergüenza alguna – echando la constitución a un lado – que estamos cometiendo una idiotez de pronostico reservado cuando nos la damos de ser un país democrático y libre.

Después de muchos intentos en vano para limitar la influencia del dinero en nuestras elecciones, la reforma de McCain-Feingold en el 2002 un pequeño éxito aislado, esta decisión del Tribunal ha hecho de cualquier reforma financiera en campañas futuras, y la posibilidad de que los dos poderes gubernamentales permanezcan relativamente sin influenciar por intereses especiales, una improbabilidad; no, una imposibilidad.

Bajo el pretexto de que el público tiene derecho a ser expuesto a una multitud de ideas, las puertas se han abierto de par en par permitiendo así a la América Corporativa el que imponga su influencia en el electorado, y que después estrangule a la democracia. Aunque los dos poderes electivos del gobierno ahora operan bajo el asalto continuo de intereses especiales, esta decisión irá mucho más lejos, y los mantendrá cautivos. El agrupar a los sindicatos con las empresas, permitiéndoseles a ambos gastos sin límite para ayudar a “sus” candidatos, es una farsa cuando todos sabemos bien la capacidad relativa de recaudar dinero en el ámbito político... entre unos y otros.

De forma fortuita, aunque muy a propósito, ese mismo día que el Tribunal Supremo daba su devastadora decisión a la causa democrática, Air America cerraba sus puertas optando por la bancarrota, dejando a casi 100 estaciones de radio en el país sin su programación. Esta voz progresista y de tono bajo, un murmullo en comparación al estridente ruido en las ondas de un enfermizo patrioterismo promulgado por esa celebridades conservadoras de la estirpe fascista de Russ Limbaugh y Sean Hannity, no se rendía tan solo por su ideología sino el hecho de que a los norteamericanos se les tiene que entretener no importa que se hable de los mas mundano, o entremos en temas de política y religión. Por fortuna para los progresistas, muchas de sus figuras de charla por radio ya habían encontrado apoyo sindicándose en otras cadenas. De todas formas es algo triste que en un país como el nuestro, el valor del entretenimiento o espectáculo esté por encima del valor informativo.

Lo ocurrido con Air America posiblemente se le juzgue como irrelevante a la política, un solo caso más de malas decisiones empresariales, lo cual es en gran parte verdad. Pero cuando el abismo entre los intereses del mundo corporativo y el no-corporativo es tan enorme – nada mejor que demuestre esto que la Cámara de Comercio – naufragios de organizaciones como Air America nos trae esa monstruosa realidad: que la derecha tiene una ventaja de poco merito para influenciar... no, para lavar el cerebro de casi todos los norteamericanos.

Hace tiempo que tengo en la mente al estado de Oregon, si no como un microcosmos de EEUU, por lo menos un indicador preferente que marca hacia donde va esta nación. Desde la otra orilla del Río Columbia, donde resido, observo al estado-hermano donde el pensar independiente de sus políticos, como Tom McCall o Mark Hatfield, siempre pudo encontrar la forma de limpiar la política Republicana a un estándar aceptable y humano... por lo menos similar al de la política de los Demócratas. Y eso nos trae al tema más importante del día en la política de Oregon, algo que tiene mucho que ver con la crítica en este articulo de la reciente decisión tomada por el Tribunal Supremo.

Esta noche de martes, según escribo estas líneas, mis ojos se posan de vez en cuando en la pantalla del televisor, donde están dando los resultados preliminares de estas elecciones estatales en Oregon; dos referendos en particular (66 y 67), dos propuestas de voto sobre una financiación de necesitados servicios escolares y sociales que estaban estrangulados por presupuestos socavados durante esta crisis económica. En términos simplistas, estas propuestas ponen a la financiación de estos servicios sobre las espaldas de los que hasta ahora se han beneficiado de un sistema de impuestos relativamente regresivo: el 2 por ciento de la población con mayores ingresos y las empresas. Nos parece lógico que el resultado de tales elecciones, dado los bolsillos de donde ese dinero ha de salir, se de por entendido y que ambas propuestas deberían obtener entre el 70 y el 80 por ciento del voto... pero es aquí donde la propaganda, mediante dinero, se recrea en el lavado de cerebros con medio-verdades, mentiras e insinuaciones. Pero hasta ahora, los números de si y los de no van relativamente igualados, aunque el “si” en ambas tiene una pequeña delantera con un 55 por ciento del voto. [Una persona allegada cuyo trabajo es proveer soporte vocacional a adultos discapacitados probablemente esté a estas horas mordiéndose las uñas esperando que los resultados se finalicen.] Y todo esto está ocurriendo antes de que nos caiga encima el impacto de esta nefasta decisión del Tribunal Supremo.

Y mientras continúo esperando cifras que estadísticamente confirmen los resultados, leo un artículo por Jeff Manning del Oregonian (1-24) sobre un análisis de lo que ha ocurrido con los salarios en Oregon desde 1990... el 2 por ciento con los sueldos mas altos recibiendo un incremento del 29,5 por ciento (modificado a la inflación) mientras que los que trabajan en el percentil 50 vieron su sueldo incrementar en tan solo un 2,4 por ciento en ese periodo de casi dos décadas. Los ricos de Oregon cada vez más ricos, mientras que los demás se quedan cada vez más atrás. El abismo entre rico y pobre continúa agrandándose no solo en Oregon sino en todo el país.

Creo que lo que he dicho acerca de la extremaunción para la democracia de EEUU por esta decisión del Tribunal debe ser modificado. Después de pensarlo bien, creo que la palabra entierro va mas al grano, y que los sistemas de soporte que mantenían a la democracia viva han estado listos para desconectarse hace muchos, muchos años.