¿Es 20/11 la fecha de derrumbe de la torre económica norteamericana?

Acabo de recibir ese correo electrónico obligatorio de tres párrafos de fin de año de mi amigo John. Un amigo de cuatro décadas, que data de tiempos universitarios, John es ahora un profesor jubilado de una distinguida universidad radicada en la “otra costa” donde por 30 y pico años compartió sus conocimientos en Economía de Bienes Raíces con ambos facultad y estudiantes. Pero lamentablemente, nuestra amistad ha terminado comprimiéndose a esta comunicación anual que he terminado llamando “disobituario”, recordándonos el uno al otro que seguimos vivitos y coleando.

“Ben,” comienza en su segundo párrafo,”las gallinas finalmente se subirán a su percha en el 2011. Ambos vaticinamos que esta quiebra total en la economía ocurriría durante nuestras vidas, pero me arriesgo a decir que por fin nos va a llegar”.

Cuando leí ese párrafo, lo primero que me vino a la mente fue ese mismo dicho dado como referencia en el “sermón 9/11” de Jeremiah Wright, una verdad inconveniente que los norteamericanos rehúsan aceptar – forzando a Barack Obama, candidato a la presidencia entonces, repudiar a su antiguo consejero espiritual. La predicción de John, de todas formas, no es un sermón, sino mas bien la conclusión a que ha llegado como persona con conocimientos, y las señales que observa a su alrededor.

No tienes que ser un Nostradamus trasplantado para predecir quiebra total de la economía norteamericana viendo el futuro económico descender como meteorito hacia nosotros. Lo que nos debemos preguntar es “cuando ocurrirá” ya que, diferente a un meteorito real con una trayectoria prescrita, la ruta y coordinación de un cataclismo económico suelen ser manipulados por políticos y sus consiglieri-economistas; siempre nublando la fecha de impacto dado el uso y abuso de la deuda que pagaran futuras generaciones de norteamericanos.

La polvareda que levantó Osama bin Laden (Al-Qaeda) con su fecha-firma del 9/11, bien fuera este personaje el verdugo responsable o un simple instrumento del gobierno estadounidense, probablemente tome un rol secundario. El desenmarañamiento económico listo a ocurrir en el 2011 será, consecuentemente, mil veces mas perjudicial que ese 9/11, finalmente educando – aunque demasiado tarde – al publico de EEUU: ese 80 por ciento de la población a la que se ha mantenido en ignorancia, y en estado de servidumbre, por el otro 20 por ciento de ciudadanos – y no el mítico 2 por ciento del que siempre se habla, aun entre los progresistas – que los han tenido en cadenas económicas gracias a un gobierno ansioso en proveer refugio a un capitalismo rapaz y sin reglamento.

En el 2011, posiblemente en el tercer trimestre, y a una década del evento 9/11, las gallinas económicas de EEUU subirán a su percha... algo en que estoy de acuerdo con mi amigo John. Nuestra economía, lejos de estar recuperada de la crisis de bienes raíces, donde todavía existe una sobrevalorización de entre 2 y 3 billones de dólares, confrontará dos nuevas burbujas que servirán de “coup de grâce”: deudas estatales y municipales, y préstamos estudiantiles. No solamente es importante el tamaño de estas deudas – un billón de dólares cada una – sino la realidad cercana que cada una de ellas traerá, sobretodo en la cantidad y calidad de servicios gubernamentales que el público tendrá... o mejor dicho, de que carecerá.

Quizás de entre estas cenizas económicas, resurja un Fénix moral que humanice al país; una respuesta violenta con raíces populares a una política exterior equivocada que se ha impuesto, particularmente en el Oriente Medio y Afganistán, bajo el arma militar. Y a un costo de billones de dólares que han comprado al país lo que menos necesitaba: malevolencia internacional.

El gobierno de Obama, y su servil Banco Central, intentaran apagar una vez mas esta nueva fogata añadiendo 1 o 2 billones mas a la actual deuda nacional de 14 billones... pero China, ya crecidita y en pleno desarrollo, lo pensará bien y optará hacer uso de su capital en otro lugar; nos guste o no, nuestros problemas esta vez se quedaran en casa, ya que el crecimiento económico en el resto del mundo no será terriblemente afectado por nuestra quiebra.

El destino económico estadounidense está hoy día atado al crecimiento económico de las naciones emergentes que representan más de la mitad de la población del planeta. Y esta dependencia es inversamente proporcional a como nos afecta desde que son pocas las cosas que producimos para exportación, incluyendo la tan cacareada alta tecnología. Así que en un mundo limitado en recursos, que es en el que vivimos, la demanda de materias primas y productos en general por otras naciones hará que el precio de esos productos encarezca, hundiendo nuestro nivel de vida mientras que en otras naciones se supera.

Estados Unidos ya no es el repositorio económico que antes fue, no importa las ilusiones de grandeza de las que todavía sufrimos. Nuestra torre de marfil económico-financiera se ha ido poco a poco erosionando y está para desmoronarse sin necesidad de otro ataque simbólico como el que tuvimos en 9/11. Una erosión causada por adoptar una globalización sin reglas por los gobiernos de EEUU durante las ultimas tres décadas.

Ya hace tiempo que una buena parte de la hermandad internacional nos está haciendo saber que no tenemos un rol plenipotenciario en los asuntos económicos del mundo. Pero los norteamericanos ni lo creían ni lo aceptaban. Por fin los norteamericanos van a ver al emperador, que son ellos mismos, en pelotas. Y eso es lo que John y yo implicamos al decir... “que las gallinas económicas subirán por fin a su percha”.

¡Bienvenidos al 20/11!