Belicismo con corte de sastre

Hace cuatro meses nos preguntábamos hacia donde iba nuestro gobierno al preparar una presencia militar mayor en Afganistán... siendo la pregunta, “Guerra y retórica: Et tu Obama?” por aquel entonces reconociendo ya que Obama, literal y figurativamente, estaba apuñalando y traicionando a los norteamericanos pacifistas que con su voto le ayudaron a ser elegido.

Si por aquel entonces todavía nos quedaba un rayo de esperanza por la paz en ese país, ya se eclipsó. Durante las tres semanas pasadas hemos podido observar lo que se requiere estos días de un presidente norteamericano. Ser Republicano, Demócrata o Independiente tan solo altera tu nivel de belicismo; y nuestro democráticamente elegido presidente, contra viento y marea, debe tener siempre su carcaj repleto de flechas como buen belicista-en-jefe.

No importa quien seas o a que partido perteneces, cualquier aspiración política a la presidencia de Estados Unidos requiere conocimiento y alianza a ciertas realidades que ningún candidato debe tomar a la ligera, y de las que no se podrá escapar quien habite la Casa Blanca. ¿Cómo se nos podía ocurrir que Obama obraría de forma diferente?

Todo comenzó hace menos de un mes cuando el vicepresidente Joe Biden fue a Israel con la esperanza de reavivar negociaciones de paz en la Tierra Santa, encontrándose tanto él como su país faltos de respeto por parte del anfitrión, al anunciar Israel que se construirían otras 1.600 viviendas israelíes en la zona ocupada del este de Jerusalén. La indignación de la Casa Blanca y el Ministerio de Asuntos Exteriores norteamericano fueron rápidamente sofocadas por la sumamente efectiva maquina propagandística del AIPAC (siglas del Comité Israel-Americano de Asunto Públicos) que con dos días de antelación a la visita de Netanyahu a Washington pudo hacer que la prensa de EEUU hiciese de ese pecado mortal, insulto, algo venial como un simple malentendido; con el congreso entretanto dando la bienvenida con brazos abiertos al mandatario de Israel, y con el Presidente de la Cámara de los Representantes, Nancy Pelosi, expresando los sentimientos de sus miembros formalmente con la frase, “Nosotros en el Congreso Apoyamos a Israel”. Algo que no debe sorprendernos es que Netanyahu, o quien sea el dirigente de Israel, es y será probablemente tan popular con el Congreso de este país como lo pueda ser en el Knéset... a veces aun mas.

Nada pudo ser más cristalino que esa pronunciación de Pelosi, lo que es tajantemente una cara de la moneda diplomática estadounidense... con la estrella de David expuesta prominentemente, rodeada por la inscripción “Norteamérica Sempiternamente Apoyará a Israel” y el anverso representado por el águila estadounidense sobre una enclave de cinco lados que conocemos como el Pentágono. Casi universalmente esta moneda de diplomacia no es otra cosa que una moneda de guerra, la divisa de un imperio que intenta imponer su voluntad por temor, o el uso actual, de su fuerza militar.

¡Y moneda de guerra que es! Poco tiempo transcurrió después del encuentro en la Casa Blanca entre Obama y Netanyahu, y ya teníamos a Obama con un tono mucho mas fuerte de agresividad hacia Irán, esta vez con la consabida aprobación del líder francés, Sarkozy, en vez del respaldo normal del Reino Unido que siempre fue empleado por Bush Hijo y sus predecesores en la Casa Blanca.

¿Pudo acaso ser Irán el tópico principal en la conversación entre Obama y Netanyahu? No lo dudes. En cualquier encuentro entre mandatarios de Israel y EEUU puedes estar seguro que la agenda será preparada, o sus asuntos remplazados en el mitin, con los intereses de Israel como prioridad. Obama quizás tuviese en su mente la reanudación de negociaciones entre israelíes y palestinos, pero Bibi Netahyahu lo reemplazó con el asunto apremiante para Israel estos dias: la inminente probabilidad de un Irán nuclear.

Dos semanas después, aquí tenemos al presidente Obama regañando a Karzai; un pobre substituto a esa censura que debió haber infligido públicamente a Netanyahu, y que no hizo. El hecho de que Karzai ejerció demasiada independencia en sus tratos con Teherán y Beijing le puso en situación difícil no importa que la retórica con Irán fuese solo simbólica, subrayando los aspectos culturales e históricos que unen a sus pueblos. En el caso de China, sin embargo, el llevar a cabo tres acuerdos de tipo comercial/económico tiene gran significado ya que impacta las relaciones sino-afganas tanto del presente como del futuro. Para EEUU el que Afganistán forje relaciones y alianzas regionales sin su consentimiento disturba el tablero de ajedrez de su imperio, y las reglas que EEUU impone de cómo se debe jugar.

Los afganos en general, y los pastones en particular, no solo son extremadamente independientes para que se les pueda poner en una camisa de fuerza, sino que además su naturaleza de chanchulleros requieren el tacto y compresión cultural que carecen los políticos y militares norteamericanos. ¿Cuándo nos vamos a dar cuenta que no se podrán sembrar semillas de democracia en Afganistán hasta que logremos aprender lo que es “hacer pasto”? Mingo, mi amigo periodista y verdadero experto en todo lo que tiene que ver con Afganistán, me lo hizo saber a primeros del 2003, y eso es algo que resuena en mi cuando atiendo al comentario diario que nos viene dando Karzai, el ultimo amenazando el que se unirá a los talibanes si los extranjeros (léase, norteamericanos) continúan entrometiéndose en los asuntos de Afganistán. Por fin la nueva realidad se ve sin neblina... y es que EEUU ni es vecino ni amigo de Afganistán, tan solo su invasor.

Afortunadamente, permitiendo así que ambos jefes de estado no quedasen en ridículo, el encuentro en Kabul hace dos semanas entre Karzai y Obama les tuvo en atuendo normal, Karzai vistiendo con elegancia discreta y Obama sin la chupa de cuero que usó en su viaje, que se supone fue para visitar a las tropas estacionadas allí... chaqueta de cuero engalanada con el águila norteamericana y las palabras “Air Force One” (Fuerza Aérea Uno).

Creo que para estas fechas Obama se ha dado cuenta que metió la pata cuando hizo del conflicto en Afganistán su guerra personal. Pero es posible que si quería ser elegido a la presidencia no le quedaba otro remedio... el mando militar estadounidense requiere que su líder sea belicista-en-jefe, y no un promulgador de paz.