¿Y quien aconseja a Obama sobre Afganistán?

Bien sean los medios los que influencian el pensar y los sentimientos de la población, o bien sea al revés, la preocupación por las contiendas militares de Norteamérica parece haber amainado, casi diríamos desaparecido. Las guerras en Irak y Afganistán, con costos que se proyectan en casi dos billones de dólares, han dejado de ser, por ahora, temas alarmantes y por el momento solo se habla de los 200 millones pagados a los ejecutivos de AIG en primas de “retención”, así como nuestro venerable capitalismo.

Recesión o, quizás le vaya mejor, temor a la depresión, ha dejado sus secuelas no solo en nuestro sacrosanto Wall Street si no también en la Plaza Mayor. Se nos ha dicho que la “fogata” de Irak ira poco a poco apagándose, aunque no se nos de detalles, y es probable que la presencia norteamericana continúe allí por décadas. Tanto el gobierno como los medios nos han engañado diciéndonos que la calma en Irak, definitivamente en Bagdad, se ha logrado gracias a la gran estrategia en la oleada militar de Petraeus, cuando la realidad nos dice que solo el temor de los sunitas es lo que mantiene ese nivel de violencia bajo en tal ciudad donde la mitad de la población sunita huyó, y ahora los chiítas les superan en número en una proporción de 5 a 1.

Al parecer los que llevan las riendas del poder en EEUU piensan que el público no debe estar envuelto en detalles “pesados”; esas son cosas que incumben al Pentágono y al Ministerio de Asuntos Exteriores, asuntos del Imperio que deben ser llevados en continuidad no importa quien habite en la Casa Blanca. En cuanto a Afganistán, todo lo que se nos dice, de Obama para abajo, es que las cosas no marchan bien y que las perspectivas a largo plazo pudieran ser aun más desagradables. Así que Obama, siguiendo los pasos de su predecesor, continuara en la búsqueda de Bin Laden en ese territorio al otro lado del globo que semeja al de El Señor de los Anillos.

De acuerdo con mi amigo Mingo, a quien considero un experto in-situ de Afganistán, tanto como periodista – tercer tour en ese país durante los últimos 7 años – como estudiante enamorado de la cultura e historia afganas remontándose a la antigua Bactriana, el interés de EEUU en esa región tiene poco que ver con la democracia en ese país, los talibanes o al-Qaeda. La invasión de ese país tuvo una luz verde, nos dice Mingo, gracias al ataque 9/11, sin que la opinión mundial por lo general pusiera peros al principio; sin embargo, desde el 2002, la ocupación ha sido juzgada como imperialista por una gran mayoría; y, continua mi amigo, el objetivo principal de EEUU es mantener un fuerte punto de apoyo en esa región para contrarrestar cualquier acercamiento en relaciones entre Rusia, China e India… y el temor de una alineación de esas naciones; una alineación que pudiera cambiar dramáticamente el poder en el mundo, tanto en el ámbito económico como en el militar.

Pero aun dejando a un lado la subjetividad de un miembro de la prensa… ¿no es acaso obvio lo que la política exterior es de hecho si observamos los gastos militares de EEUU en establecer sus “fuertes” por todo el planeta? ¿Cómo podemos descartar los miles de millones de dólares invertidos en bases militares para la posguerra en Irak? Y lo mismo se puede aplicar a Afganistán donde se está gastando otro tanto, más de 4,000 millones tan solo en los complejos de Bagram y Kandahar, para crear una infraestructura militar permanente.

Pensamos no equivocarnos al asumir que el presidente Obama nunca pidió consejo a Dick Cheney, o a los otros guerreros-de-escritorio que durante los últimos años llevaron a la nación a callejones militares sin salida, sobre Afganistán. Por lo que preguntamos, ¿esta pericia que Obama está explotando sobre la guerra en ese país, proviene del Pentágono, o Asuntos Exteriores, o altos mandos en el frente – el general Kiernan, por ejemplo – con quien pudiera haber charlado durante esas breves pero “necesarias” visitas a la zona durante el periodo preelectoral? ¿O le llega a Obama el consejo como un consenso de todos ellos?

Esas tropas que Obama dice añadirá al frente afgano en el 2009 pondrá al contingente de la OTAN en mas de 87.000, un 63 por ciento compuesto por tropas de EEUU. No importa el nombre que le demos, este fuerza multinacional empezó siendo un grupo militar expedicionario que rápidamente se convirtió en fuerza de ocupación bajo el tutelaje y dirección del Pentágono. Las naciones europeas, muchas de mala gana, tienen una presencia poco mas que simbólica en Afganistán (excepto el Reino Unido con el 12 por ciento de la fuerza actual – 10 por ciento después del despliegue de EEUU en 2009) algo consistente con la hasta ahora amistad y gratitud hacia EEUU… una gratitud que cada día que pasa se diluye mas y mas.

Por lo pronto sabemos que Obama cuenta con el equipo de Bernanke y Geithner para aconsejarle en el frente económico. ¿Por qué no darnos la alineación del equipo que le aconseja sobre Afganistán? Tan pronto entremos en la depresión sabremos muy bien como esparcir la culpa; pero si las cosas se ponen feas en Afganistán, como ocurriera hace 34 años en Vietnam, ¿no seria una buena idea el que Obama tuviera algún subordinado a quien pudiéramos echar la culpa? Junto a Obama, claro está.