¿Quo vadis, Barack Obama?

Después de dos difíciles cumbres, con los rusos primero y sus homólogos del G-8 después, Obama vuelve a EEUU para confrontar una agenda domestica que es muy dudoso le proporcione mejores resultados. Y mientras en nuestro pesimismo pintamos un mundo económicamente envenenado y ambientalmente condenado, Air Force One aterriza en Andrews AFB con el presidente a bordo, retornándole al epicentro de todo, ya que ambos desastres – económico y medio ambiental – tuvieron su origen aquí.

Este presidente norteamericano es sin duda alguna menos ladrador que el anterior, pero para los rusos – y no solo Vladimiro Putin – probablemente se le considere otro mensajero mas del mismo implacable imperio norteamericano. Y el mundo de détente sigue su curso; un acuerdo sujeto con alfileres de una posible destrucción mutua en manos de esos autoproclamados lideres y guardianes de tribus, naciones e ideologías.

Son muchos los que en este país les ha sorprendido la recepción fría que se le diera a Obama en Moscú. ¿Anda, y que es lo que esperábamos, que le vitoreasen por las calles como los copiones-primos europeos? Ni en broma. Los rusos están hasta la coronilla con esa actitud denigrante de EEUU tras la guerra fría… como si tal guerra se hubiese disputado en las trincheras con los norteamericanos terminando victoriosos.

El mensaje de Barack Obama fue el mismo que acompañó a Bush; nuevo mensajero pero idéntico mensaje del Complejo Militar-Industrial; ese complejo mítico-pero-real del que nos advirtiera el presidente Dwight Eisenhower hace medio siglo.

Se salvaron las apariencias con un acuerdo que redujo el número de misiles de ambos países, aunque al final de cuentas la posibilidad de destrucción mutua continúa igual; y con otro acuerdo más que permite vuelos sobre territorio ruso, con tropas y armamento, rumbo a Afganistán, algo que sospechamos los rusos nos permiten con suma alegría. No nos cabe duda que encuentran satisfacción en ver a EEUU envuelto en una guerra que puede transformarse en un segundo Vietnam… y lo que para los rusos sería pago a “nuestra contribución” hace un par de décadas ayudando a los talibanes, y los caídos rusos que esa ayuda ocasionó. Una victoria pírrica para Obama en el Kremlin.

L’Aquila fue un escenario apropiado, de forma coincidental, para la reunión del G-8; y la región de Abruzzo, devastada tres meses antes por terremotos, representaba muy bien los dos grandes temas de discusión – ambos con implicaciones catastróficas – que hoy día confronta el mundo: la profunda recesión económica que afecta a la mayoría de las naciones, y los presagios adversos sobre el medio ambiente que pesan sobre el planeta, vinculados casi siempre al crecimiento económico. Pero la oportunidad de que Obama tuviera un tete-a-tete con el presidente de China, Hu Jintao, durante la reunión en L’Aquila se vino abajo, al tener Hu Jintao que regresar abruptamente a su país dados los disturbios con matiz étnico que estaban ocurriendo en Xinjiang.

Quizás fue la providencia, o la buena suerte de Obama, que esa reunión privada no ocurrió. No creo que Obama estuviese preparado para contestar esa pregunta de dos billones que le hubiese lanzado el presidente del país que pronto será la segunda potencia económica del mundo. La economía estadounidense y el falso nivel de vida de nuestro país han sido subsidiados durante los últimos diez años por las masas chinas por medio de un gobierno que forzó el ahorro (controlando el consumo) y lo puso en los cofres de la nación, aun permitiendo un incremento substancial en el nivel de vida de sus ciudadanos. Esos ahorros chinos han sido los que han mantenido la economía norteamericana a flote y solvente. Ahora, después de observar como funciona el capitalismo estadounidense, y el resultante debacle que ha ocurrido, los aparentemente obsequiosos chinos aparecen cansados, nerviosos y concernidos con lo que pudiera ocurrir con la valoración o desvalorización del dólar… y de que terminen pagando el pato por los pecados económicos estadounidenses del pasado. De todas formas, la confrontación no se hará esperar mucho, ya que el calendario de Obama le pone en China este mismo año; y con una economía que sin duda irá para peor, las cosas no presagian un resultado positivo para Obama. Y lo mismo que con Rusia, una amplia sonrisa de nuestro presidente no substituirá como respuesta a las legitimas preguntas de estos lideres que requieren respuestas directas y sin sandeces.

Al igual que con su viaje al Oriente Medio, estas cumbres en Moscú y L’Aquila solo serán un espectáculo político, nada diferentes de los que atendiera Bush Hijo. Nuestra política exterior sigue igual, tan solo el envase ha cambiado. Obama tomó las riendas del país al mismo tiempo que Israel completaba su retirada de Gaza, pero en esos seis meses desde entonces, los cuatro años de embargo por Israel continúan… y la miseria en esa pequeña franja superpoblada reina suprema. Ahora, un coetáneo palestino me dice que los líderes de Gaza ponen sus ojos, y esperanzas, en la UE para que les ayude a que Israel confronte no solo los asuntos jurídicos sino también los derechos humanitarios. “Obama,” nos dice, “es todo palabrería sin acción; poco puedes esperar de él cuando tiene a Rahm Emanuel como máximo consejero”. La semana pasada una delegación del ECESG (siglas en inglés de Campaña Europea para Poner Fin al Cerco de Gaza) se reunió con Javier Solana, Coordinador de Política Exterior para la UE, con el fin de discutir detalles pertinentes y tratar de que Israel se rija por la ley internacional, y respete los derechos de los palestinos.

Ahora Obama regresa a su país para enfrentarse a un Congreso que por lo general atiende las “necesidades” de sus preferidos constituyentes corporativos y no las del pueblo que representan. Por lo tanto en cuestiones criticas como la salud, se terminará con un programa aguado inferior al de los demás países desarrollados, o hasta algunos del tercer mundo con una avanzada conciencia social, como Cuba. Y no cuentes con legislación, o investigación por parte del Departamento de Justicia, sobre criminalidad que ocurriese durante los años del gobierno Bush-Cheney; no importa lo hasta ahora descubierto o lo que pueda salir a la superficie en el futuro, como un programa de vigilancia que se mantuvo en secreto. Claro que en todo esto, Obama tiene la culpa después de haber copado con el asunto con la frase… “debemos marchar adelante”. Como si cualquier crimen perpetrado bajo el manto político cesase de serlo bajo las reglas de prescripción que tienen efecto al tomar un nuevo gobierno las riendas. ¡Y esto de un erudito constitucional (Obama)!

¿Quo vadis, Barack Obama? Nos puedes decir cual es el camino que has escogido?

Hay algunos progresistas en el país que continúan dando crédito a Obama como un buen jugador de ajedrez en política… con cuatro jugadas por adelantado en el juego; y que eventualmente los verdaderos colores progresistas de Obama se revelaran triunfalmente. Aunque quisiera que esto fuese verdad, lo veo como quimérico en el mejor de los casos… y como tratamiento cómico de la realidad en el peor de ellos.

Dolorosamente me ha llevado casi seis meses el darme cuenta que Barack Obama no es el agente de cambio que esta nación requiere; agente que nunca saldrá de una evolución política en nuestro sistema corrupto de dos partidos cuyos políticos maman de la misma teta. De todas formas, sin otro remedio, es preferible que Obama esté al timón y no uno de los muchos neoconservadores listos para llevarnos al Armagedón.