Posibilidades de una recuperación económica rápida es oro falso

La esperanza del retorno a aquellos “tiempos normales” se ha convertido hoy día en medicina cotidiana recetada por nuestro gobierno por medio de una prensa que nos inyecta con noticias económicas y comentarios. Mentiritas que nos den confianza, insinuaciones engañosas e interpretaciones absurdas de datos estadísticos por boca de Bernanke, Geithner, Summers y hasta Obama se supone mantendrán al ciudadano ciego fiel a un sistema en bancarrota… servil a los soberanos del capitalismo imperial.

Y la fiebre del oro ya apareció con los Nueveros – personas que ven en el 2009 el año de estabilización de los mercados y la llegada de un nuevo encierro bursátil de oro falso… viendo solamente motas de oro en la pirita económica que nos rodea, y no las motas de arsénico también en ella, y el hecho irrefutable que la pirita simplemente no es oro – no importa cuantos tontos no reconozcan la distinción.

La economía va en mejora, se nos dice por un gobierno y unos pocos “expertos” con lealtad identificable a causas e industrias (como Lawrence Yun, jefe economista de la National Association of Realtors – Asociación Nacional de Agentes Inmobiliarios – que hasta ahora no ha dado una en el clavo), y tras cualquier triste historia en la recesión se nos habla de “rayos de esperanza”, esos presagios alentadores que indican una recuperación inminente; por lo regular mediante índices que marcan confianza en el consumidor, confianza entre bancos, y una Bolsa engañadora. Y a esas tres cosas, representando perspectivas optimistas, puedes añadir cifras que incluyen inicios de viviendas; precios medios de vivienda; ingresos corporativos; beneficios para los desempleados; o nivel de inventarios. Lo importante es encontrar un resquicio de esperanza en todos los males económicos que nos acosan.

Cualquier estudiante de Investigación Operativa, campo en que recibí mi entrenamiento inicial, te dirá que la mayoría de los llamados expertos en estos índices hacen sus cálculos con información incompleta, muchas veces sin saber distinguir entre variables causales o intermedias, para dar su opinión – preferiblemente optimista que por lo regular es lo que queremos oír – particularmente si aparenta ser soportado por datos históricos, algo relativamente común en los mercados financieros y bienes inmuebles.

En la vivienda, por ejemplo, una aparente frenada en el decline de precio de la vivienda no tiene por que implicar un aumento de optimismo… no cuando podemos ver que en 1 a 2 años los precios bajen del 10 a 20 por ciento, quizás mas. Ni el que podamos tener la menor idea de cual debiera ser el nivel de inventario de la vivienda ya que son muchos los que prefieren no poner su vivienda en venta, aunque necesiten hacerlo, mientras que los precios sean “tan bajos”. Así que ese reportado inventario de 10 meses, aunque históricamente sea muy alto, no es un número fiable… y 12 a 16 meses sea un periodo más cercano a la realidad del mercado. Además, seguimos hablando de “unidades de vivienda” cuando la realidad nos dice que la vivienda del futuro mermará en tamaño por lo cual la medida debiera ser en unidades de espacio utilizado, por lo menos en EEUU donde el promedio es casi de 180 metros cuadrados.

Y de la misma forma en que hemos considerado el estado de la vivienda, el análisis se puede emplear a los beneficios corporativos… y lo “positivo” de que el deterioro en beneficios ha frenado. ¿Y? O la forma absurda de medir el desempleo, o la forma de determinar el “apropiado” nivel de inventarios, o la liquidez y confianza en los mercados al por mayor.

Para mi, el índice mas significativo de que las cosas, a corto plazo, no van para mejor es nuestra dependencia en el sector no-productor financiero. Son muy pocas las cosas que producimos y nuestros servicios demasiado caros, encabezado por nuestra asistencia medica… y hace seis años las compañías financieras ya recibían el 40 por ciento del total de beneficios corporativos en el país, un porcentaje obsceno… ¡doble del que tuvieran 15 años antes! Esas mismas compañías que ahora están siendo rescatadas por este pueblo que no tiene la menor idea de lo que está ocurriendo.

Nuestro post-mortem del colapso financiero en EEUU, se nos dice – particularmente por políticos y muchos economistas, indica que tal colapso tuvo que ver con el fallo del país en regular “derivativas”, fondos de protección y otros malabarismos engañadores. Y eso gracias a esa cirugía legislativa del villano senador conservador Gramm quien hace 10 años logró destituir las viejas leyes de la era de la depresión que separaban las actividades de bancos, compañías de seguros y actividades de corretaje.

Aunque echemos la culpa a Gramm y al dueto en la Casa Blanca (Robert Rubin como ministro de Hacienda, y Bill Clinton como presidente que no veto esa legislación rapaz) por lo ocurrido, el problema es mucho mas complejo que eso, y tiene que ver con el sistema capitalista de EEUU que es en esencia un sistema inmoral que ha prosperado casi exclusivamente gracias a una deuda ilimitada. Desde que Carter dejara la presidencia, todos los gobiernos, Republicanos o Demócratas, con el consentimiento del Banco Central, han inflado una demanda irrealista y artificial dando acceso fácil a dinero, arriando al pueblo hacia deudas incomprensibles con altos intereses.

¿Por qué digo el sistema capitalista de EEUU? Simplemente, por ser este, en total contraste al sistema capitalista ejercido por casi todas las naciones industrializadas, particularmente las europeas, depredador por naturaleza… al otro extremo de lo que debe ser capitalismo en una democracia social.

Y esto me lleva a las aserciones positivas que últimamente nuestro presidente, Barack Obama, nos viene regalando. La verdad sea dicha, se le puede creer tanto en materias económicas como a otros presidentes en el pasado… lo que dijéramos, para mejor o peor, que todos ellos están vinculados a un sistema que necesita una revisión general; si, un overjól. Algo que no morador de la Casa Blanca se atreve a confrontar.

Los optimistas creen ver la luz al final del túnel; pero esos “nueveros” creo que están totalmente equivocados.