No habrá cambio en EEUU sin deslavado de cerebros

Al parecer los progresistas norteamericanos no parecen entender las implicaciones de que apenas fueron más de la mitad los que votaron en las elecciones presidenciales por Barack Obama (53%); que se supone lo hicieron para poder traer el tan necesitado cambio a la nación. Y que para los contra-reformistas, una gran parte del voto restante (47%), era su deseo mantener el status quo, ya que la elite en sus filas posee entre el 80 y el 90 por ciento de la riqueza en el país, con influencia y poder en el gobierno, así como en el mundo empresarial, además de dominar los altos puestos en la diversidad de las instituciones norteamericanas.

Argumentar, o aun discutir, la necesidad o virtuosidad de cambio en el país, no importa el bien manifiesto para la sociedad, puede terminar siendo fútil… a menos que estés preparado a reconocer donde está la verdadera sede del poder. Si no se consigue un desplazamiento significativo de las filas contra-reformistas a las que piden cambio a gritos, los reformistas solo tendrían tres alternativas: (1) convencer por lo menos a un tercio de los contra-reformistas a cambiar de chaqueta desde que, y casi siempre para mal, la gente termina decidiendo cuestiones claves no basándose tan solo en hechos y lógica, sino en su sentido de pertenencia – alianza e identidad – a cierto grupo; (2) no hacer nada, rindiéndose a los deseos y diseños de la elite; o (3), tomar armas a favor de una revolución o, mas apropiadamente, una guerra civil.

Si se acepta a priori que tal elite ha estado formando por generaciones el pensar y la conducta de los estadounidenses – la forma más efectiva del lavado de cerebros – se puede deducir que si no tenemos primero un deslavado de cerebros, no lograremos cambio o reforma. Eso requiere el reevaluar viejas ideas sobre paz y guerra, la ciega adherencia a un sistema socio-político-económico, así como el rol que debe tener un gobierno sobre el bienestar del pueblo, haciendo del deslavado una fuerza mayor para proceder con cualquier cambio o reforma.

El deslavar a EEUU en términos de paz y guerra es una tarea monumental que no es posible se logre hasta que exista discurso civil en el país y que al existente capitalismo rapaz se le haya exiliado y reemplazado con un sistema que no esté en conflicto con las aspiraciones de casi todos los norteamericanos, ni con las aspiraciones legitimas de los demás pueblos del globo.

Hoy día, el concepto de imperio que se le ha dado a EEUU, atenuado por lo que se percibe como una no-opresiva Pax Americana – un chiste cruel para las naciones bajo ocupación o prospecto de ocupación – se define mejor por las decisiones tomadas en el Pentágono que por las proclamaciones dadas por Asuntos Exteriores. Sería ingenuo el pensar que un nuevo presidente, particularmente uno con tendencias izquierdistas – o centro-izquierdistas, sea capaz de comenzar un proceso de deslavado con la cerrada jerarquía militar del Pentágono, o los altos cargos que llevan el bastón diplomático en Asuntos Exteriores, o el sórdido e independiente grupo que es la CIA (Agencia Central de Inteligencia).

Para poder mantener su puesto – y posiblemente su seguridad personal – Obama está obligado a seguir una senda estrecha cuando determina paz y guerra para el imperio. Por ahora eso incluye aceptar la imposibilidad de paz en Palestina, un acuerdo mas o menos permanente entre israelitas y palestinos, a menos, y hasta que, Israel lo inicie y lo consienta. Y, también, la retirada de Irak [guerra perdida], el Pentágono decidiendo lo que mas le conviene geopolíticamente al imperio para mantener en jaque el poder chiíta en Irán, Siria y la situación incierta en Afganistán; esta ultima, después de 8 años de ocupación mucho mas grave de lo que se publica [guerra que se está perdiendo]. Y, finalmente, y en esa misma región, el desorden creado en Pakistán por culpa de la alianza entre EEUU y Pervez Musharrad, y ahora el nuevo régimen [posible guerra].

En menos de una década, el imperio ha causado estragos en el Medio Oriente y Asia Sudoeste, poniendo patas arriba las vidas de mas de 100 millones de seres (Irak, la frontera noroeste de Pakistán y Afganistán) siendo responsable de hasta 1 millón de muertos en la región, mas de 5 millones de personas desplazadas de sus comunidades y mas de 1 billón de dólares en infraestructura destruida y recursos desaprovechados o irrealizados.

Pero en este tema de paz y guerra, no importa las recientes lecciones recibidas, Obama no tendrá otro remedio que no sea el hacer lo que el complejo militar-industrial quiere que haga… y absolutamente nada más.

Y así como el presidente norteamericano, con sus acciones, promete una alianza simbólica con “los poderes” que gobiernan el país – poderes no identificados en los libros de historia como tal – debe hacer lo mismo con las fuerzas institucionales que conjuntamente representan un sistema socio-político-económico que identifica el capitalismo rapaz con la democracia, requiriendo adherencia total.

Los norteamericanos han sido indoctrinados por generaciones a repudiar cualquier “ismo” que esté en conflicto con el capitalismo, rehusando el aprender o tolerar ideas que no provengan de su santa tierra; ideas que no sean aceptadas por el Catecismo Americano cuyos autores han sido el extremismo de la Derecha Económica (una elite que representa menos del 5 por ciento de la población) y la fundamentalista Derecha Religiosa (que probablemente alcance el 25 por ciento). Y es por eso que conceptos como el socialismo, sindicalismo, marxismo, libertarianismo y otros varios “ismos” mas son denunciados en el dogma de ese catecismo de forma peyorativa y prejuiciosa y descartados antes de ser siquiera comprendidos. Los norteamericanos han estado, y siguen estando, enjaulados en una ignorancia extrema bajo el ideal ostentoso de que son diferentes y únicos, protegidos por la divina providencia… por encima de doctrinas, sistemas y teorías de un mundo “inferior”… de fuera.

Obama podría optar por comenzar el proceso de deslavado para cambiar este estado de ignorancia oprobiosa; pero si lo hiciera, se inmolaría y convertiría en chivo expiatorio sin posibilidades de representar a su propio partido en las próximas elecciones presidenciales, algo que no nos imaginamos vaya a ocurrir.

Y así como Obama aparenta estar esposado para lidiar en cuestiones de paz y guerra, o el educar al norteamericano a comprender un mundo que no sea el suyo, todavía le queda un último recurso de impacto en el frente domestico. Su gobierno bien pudiera tomar la iniciativa en determinar el rol del gobierno en el bienestar de la ciudadanía – y dejar una marca por lo menos en definir “lo en común” en la sociedad norteamericana.

Ningún lugar mejor para demostrar que por lo menos es un reformista de segunda división, y no simplemente otro presidente elocuente, a la Bill Clinton, que dirigiendo el tan necesitado cambio en el sistema de salubridad en el país que esta ahogando a la nación económicamente, y es una vergüenza comparado al de muchas naciones del primer mundo… y algún otro de naciones en desarrollo, como Cuba.

La mayoría de esas naciones con sistemas de salud superiores al de EEUU, o por lo menos mas equitativos, proveen cuidado medico para todos y a una fracción del costo en EEUU… relativo al PBI de cada nación. El Congreso en EEUU no parece poner atención al éxito de muchos de estos sistemas, y quizás aprender de ellos, menos por una asumida arrogancia que por la vergonzosa realidad: que la legislatura en EEUU es un cuerpo político que busca el beneficio propio y está siempre a la entera disposición de intereses especiales que sufragan el costo de sus campañas políticas. En este caso son las compañías aseguradoras y farmacéuticas, la AMA (Asociación Medica Americana – médicos) y otros grupos/empresas de lucro.

Si Obama no da su veto a una posible legislación pírrica que permita que el país continúe con un sistema inferior al de otros países seria un afronte a una sociedad que se enorgullece por su sentido de justicia y compasión. Mas importante aun, diría a la nación, y al mundo entero, que Obama es incapaz de desatarse del yugo corporativo.

Estos pudieran ser unos primeros pasos en el deslavado que el país necesita, si es que Obama tiene entereza, en crear un sistema de salud modelado sobre sistemas que ya tienen éxito. EEUU no necesita reinventar la rueda; tan solo reconocer que es redonda.

Poco tiempo queda para que los norteamericanos se den cuenta si hay o no hay en el gobierno un aire de cambio, por pequeño que este sea. Y para el resto del mundo.