Guerra y retórica: Et tu, Obama?

Por fin nos encontramos sin la necesidad de darle más soga a nuestro presidente, Barack Obama, para que se ahorque. La gran mayoría de los norteamericanos, no simplemente los que profesan ser progresistas, puede ver con claridad que este tan esperado profeta de cambio viste el atuendo presidencial en colores del imperio: rojo de militar, blanco del capitalismo corporativo y azul de la política farsante. Con gran firmeza desplegó su lealtad a las tareas de la América imperial este pasado lunes (11/30) ordenando la intensificación de la guerra en Afganistán, haciéndolo ante un apropiado grupo de cadetes de la Academia Militar de West Point.

Hace 45 años, una resolución conjunta del Congreso de EEUU (Resolución del Golfo de Tonkin) hizo posible el que el entonces presidente, Lyndon Jonson, pudiera llevar a cabo la guerra en el sudeste de Asia sin la requerida formalidad por la constitución de una “declaración de guerra”. En nuestro avance hacia un estado totalitario y fascista, nuestro elegido Fuehrer-Duce-Caudillo ya no requiere ni ser asesorado ni aprobado por el Congreso. Por lo menos en 1964 una voz en el Senado, la del Senador Ernest Gruening, objetó “el mandar a nuestros jóvenes a combatir en una guerra que no es asunto nuestro, que no es nuestra guerra, en la que se nos ha metido de forma equivocada, y que está siendo regularmente intensificada”. Ahora voces de disensión de los políticos, incluyendo la mayoría de los Demócratas, parece como si se les hubieran enmudecido... muchos de ellos dedicados a que se eligiese a Obama, y que aceptan resignados el plan de guerra del presidente, mejor dicho del Pentágono.

Nuestro estadista-en-jefe nos ha tenido en engañosa espera por dos meses después de su encuentro con el sumo guerrero en Afganistán, el general Stanley McChrystal, como si estuviese involucrándose en un proceso mental antes de rendir una decisión salomónica sobre Afganistán; aunque es muy probable que la decisión ya hubiera sido tomada. Obama tuvo la opción de emular a Harry Truman – y cómo el presidente de hace medio siglo atrás mostraba sus agallas despidiendo al general Douglas McArthur cuando este arrogante militar públicamente, y a voz en grito, contradecía la política de guerra, y exterior, de su comandante-en-jefe (Truman) – pero, a diferencia de lo ocurrido en 1951, este presidente prefirió no poner a este general, o al resto de los altos mandos en el Pentágono, en su lugar y en vez de optar por una paz arbitrada en Afganistán, accedió a lo que el Pentágono quería, que terminará siendo una guerra prolongada... y que añadirá a los problemas económicos de EEUU.

Una solución militar para Afganistán, lo que Obama nos pone sobre la mesa, es algo mal pensado e irrisorio y solo tienes que echar un vistazo al mapa topográfico de ese país, sus cordilleras astilladas (incluyendo la Hindu Kush) y la distribución geográfica de la población para darte cuenta de lo monumental y costoso que esto resultará. Una fuerza nacional combinada (ejército y policía) de 400.000, como propone McChrystal – asumiendo que tal fuerza de seguridad “leal” pudiera ser entrenada – no traerá seguridad al pueblo afgano, ni tampoco asegurará el poder del gobierno central en Kabul. Hamid Karzai, o quien termine siendo el próximo presidente-marioneta, continuará siendo en efecto el “Alcalde de Kabul”, una figura decorativa y nada mas.

Tan solo una solución política/diplomática funcionará en Afganistán. Eso aparenta ser el consenso de las mentes más sabias de la región, y hasta de norteamericanos, civiles o militares, con experiencia de primera mano en esa tierra. Hasta el anterior jefe de gobierno, y militar, de Pakistán, Pervez Musharraf admite que cualquier intento militar debe ser acompañado por dialogo político con los talibanes y otros grupos de interés.

Pero arbitraje, mediación, negociación, o dialogo no son parte de nuestro diccionario diplomático a menos que podamos escoger lo que será arbitrado, mediado o negociado y además podamos designar quienes tomaran parte en ese dialogo. No es milagro que la resolución de conflictos internacionales no nos va... como podemos observar en nuestra falta de voluntad en aceptar que se sienten en la mesa organizaciones como Hamas y Hezbollah, lo cual ha prevenido la oportunidad de una paz duradera en tierras palestinas y el resto del Oriente Medio. Ahora son los talibanes quienes se nos ponen de por medio en nuestra visión imperial de la tierra de los pastones... recipientes de nuestra ayuda y “amigos” cuando luchaban contra Rusia, ahora terroristas e indignos de ser parte del dialogo para una paz en el país.

De forma “holocaústica” Estados Unidos se ha hecho responsable de la matanza y desplazamiento de millones de personas en Irak. ¿Está Obama preparado a que el pueblo afgano tenga el mismo destino que el que Bush diera a Irak?

En julio, antes de las elecciones afganas, un periodista-amigo, experto en asuntos de Afganistán – con conocimiento apropiados en su cultura, idioma y años de residencia en ese país – me comentó sobre la presencia de EEUU en Afganistán de forma similar a la diera el senador Gruening en 1964 sobre Vietnam: “Ben, ¿porqué estáis luchando una guerra en Afganistán que no tiene sentido; no una guerra vuestra sino una en que os metió Bush con engaño; una guerra que se está intensificando al ritmo que permitís asumir a los militares el rol de política exterior?” Mingo, después de cierta reflexión, comentó sobre la idiotez de ocupar un país sin ton ni son cuando Bush pudiera haber usado mano dura con el gobierno de los talibanes para desmantelar los campos de entrenamiento de Al Qaeda, y hasta el que estos accedieran entregar a Osama Bin Laden a un tribunal internacional neutral, o un tribunal musulmán donde hubiera sido juzgado por actividad terrorista.

El día después que Obama diera su discurso en West Point, Mingo me mandó un correo que escuetamente decía: “Con todo respeto a vuestro presidente, quien creo es una buena persona, y el cargo que ostenta, está probando ser un tonto del culo que se expresa bien, con mucha retórica y poca habilidad política o autoridad moral”. No creo estar de acuerdo con lo de poca habilidad política, pero si en todo lo demás.

La rendición tripartita ya se ha completado para el presidente Obama: capitulación ante Israel y los deseos de Benjamín Netanyahu; capitulación ante la América Corporativa, y su capitalismo rapaz; y ahora, capitulación al Pentágono, y el diseño de los altos mandos de dominar el mundo, no importa lo energéticamente en que es negado. Sumisión bajo el amparo de ese quizás inexistente (en EEUU) centrismo que Obama espera le permita vivir con cierta paz personal durante su estancia en la Casa Blanca.