El gran timo en EEUU: Una economía de seudo-servicios

Nos preguntamos si estamos paulatinamente saliendo de esta gran recesión, o si ésta se nos convertirá en una recesión no en forma de U o V sino en una L, o una serie de w minúsculas, dada la infusión por el gobierno de capital que ni tenemos ni podríamos devolver a quien nos lo prestara. Prominentes economistas, entre ellos el profesor James Galbraith, presienten que la recuperación, de existir, no tendrá forma de V.

Cualquiera que sea el pronóstico, a los estadounidenses se les está martilleando en su cerebro la idea de que el aprieto económico actual no es otra cosa que el resultado de la desregulación, el haber desmontado las reglas económicas que impusiera Roosevelt hace siete décadas. ¿Pero es tal lo que nos ha traído estos males económicos?

Se nos dice que han sido los hijos-de-puta de Wall Street quienes se conchabaron con legisladores como el senador republicano Phil Gramm los que nos han traído este gran desastre económico. Otro artículo de fe más de un gobierno que, no importa lo dirijan Demócratas o Republicanos, quiere mantenernos fieles al credo de ese capitalismo sacrosanto definido por un idealismo obligatorio y patriótico... y que ejemplifica lo que decimos ser “la forma de vida del norteamericano”.

¡Pero no lo creáis! Cierto que la desregulación fue un factor que intervino para que nos arrodillásemos económicamente, pero no el monstruo de dos cabezas que causó que esto ocurriera. Esta criatura bicéfala todavía continúa en el armario gracias al poder que domina nuestra sociedad mediante un gobierno que sin duda nunca fue del pueblo.

¿Y que representan estas dos cabezas sobre ese monstruo a quien echamos la culpa? No me cabe la menor duda que estas son la usura y el robo de productividad; todos nosotros siendo culpables también de que tal monstruo determine nuestro destino.

Todo comenzó hace tres décadas, quizás como prólogo a la presidencia de Reagan, cuando el Tribunal Supremo de EEUU abrió las compuertas de ese dique de usura con una infortunada decisión en el caso de Marquette National Bank v. First of Omaha Service Corp. (1978) denegando al estado de Minnesota el derecho de imponer su ley contra la usura a un banco localizado fuera de ese estado – Nebraska en este caso. Tal fallo se debía, de acuerdo con el Supremo, a que ambos bancos debían someterse al National Banking Act de 1864 que permitía a los bancos imponer el tipo de interés donde el banco prestatario estaba situado, y no donde el préstamo – dinero contante y sonante – terminaría. De hecho, esta decisión puso fin al tope de interés por todo el país acelerando de forma indirecta la transformación de EEUU... de una economía industrial madura y productiva a una sociedad de servicios agobiada por las deudas, donde tales servicios son en forma desproporcionada servicios improductivos, específicamente parasitarios hacia las clases económicas mas necesitadas... ni mas ni menos, un timo.

No se requiere el que sepamos mucho de Economía para que aceptemos que tiene lógica que el movimiento de capital se dirija a los sectores económicos donde se obtenga mejor interés dado un riesgo equiparable. Por lo tanto no debe asombrarnos que el capital empleado en el sector de manufactura que tan solo rinde un 7 u 8 por ciento “huya” hacia esa tierra de fantasía, Finanzaslandia, donde se puede obtener 2, 3 y hasta 5 veces ese rendimiento con legitimidad, es decir... robo legal. Los productos manufacturados en EEUU han ido desapareciendo, reemplazados por “productos” sobre bienes raíces, seguros y multitud de instrumentos financieros de carácter exponencial denominados derivativas... apuestas con el imprimátur capitalista.

¡Definitivamente de carácter exponencial! Los viejos banqueros, aquellas personas serias que antes respetábamos – hasta cierto punto – como guardianes de nuestro dinero, han sido reemplazados por cuatreros de la banca que tienen todas las de ganar ya que reciben el respaldo de un gobierno que teme el que se vengan abajo. Dios nos libre de que eso ocurra y el sistema capitalista se desmorone. Así que aquí nos encontramos, un gobierno que dice ser del pueblo garantizando de facto 500 y pico billones de dólares en “papel mierda” – apuestas, y apuestas sobre apuestas – mientras que estos cuatreros se ponen las botas vaqueras con la usura en sus tarifas, multas y tasas bancarias en esas perniciosas tarjetas de crédito.

En cuanto a la otra cabeza del monstruo, el robo de productividad, todas las fuentes existentes de estadísticas, incluyendo el Economic Policy Institute, claramente indican que durante los últimos 36 años la productividad en EEUU se ha doblado, mientras que los salarios virtualmente siguen igual (con el ajuste de inflación) – aunque un poco mas altos para la mujer, algo lógico dada la discriminación salarial que siempre tuvo con relación al hombre. Y si la familia en general hoy día gana mas, es tan solo por ser más los miembros que trabajan y/o las horas laborales adicionales que trabajan.

Pero ese incremento en la productividad, ese “doblete” en rendimiento, no se ha filtrado en lo mínimo hacia abajo, a los que crearon tal rendimiento: los productores, los que lo sudaron. Incrementos que no se han dejado ver en sueldos, ni en beneficios, ni tan siquiera en tiempo de ocio como el que reciben los trabajadores en otros países industrializados. Toda esta riqueza creada parece haber desaparecido en ese arca que mantienen los manipuladores de capital, descendientes directos todos ellos de esos cambistas que circulaban en el Templo de Salomón hace un par de milenios, así como de esa aristocracia terrateniente a la que siempre hemos tenido el privilegio de servir.

No, el monstruo continuará encerrado en el armario. Barack Obama parece seguir una trayectoria similar a la de sus predecesores presidenciales. Nos trae un cambio de guardia, con diferente uniforme, pero el armario sigue cerrado; y los guardias harán “de guardia” asegurándose de que al monstruo no se le vea el pelo, vigilando día y noche en defensa de ese capitalismo rapaz norteamericano.

El ministro de hacienda, Timothy Geithner, compareciendo el 19 de noviembre ante el Comité Económico Unido del Congreso, aseguró a sus miembros la llegada inmediata de un crecimiento económico, instándoles a que creen legislación reguladora para poder prevenir otra crisis financiera... pero como buen acolita del capitalismo, sobre ese monstruo bicéfalo en el armario no dijo ni pío. O de que nos mantendremos por años en un estado de depresión económica; y, que de hecho, el malestar económico todavía no ha llegado a su crescendo.