Aquellos tiempos normales que nunca lo fueron

“Todo marcharía bien si no fuera por CNN sacándonos de quicio con todos esos cuentos y comentarios sobre la recesión y el estado de la economía”, fue el comentario de alguien en la mesa mientras desayunábamos en un B&B (alojamiento y desayuno) de la ciudad con acento victoriano más encantadora en el estado de Washington: Port Townsend.

Un tema de conversación fue el tal comunicado que nos abrió la puerta a todos, no importa el nivel de conocimientos o grado de ignorancia… excepto que yo preferí escuchar con atención, y sin comentario, mientras hacia honores a unas torrijas.

Presiento que solo artistas, soñadores, escritores y aspirantes en esas categorías residen en o visitan lugares como Port Townsend. Claro que esta pequeña ciudad tiene una fábrica de papel con 300 empleados… temerosos, asumo, de que si la recesión profundiza – además de tener que copar con reglas ambientales mas estrictas – forzará a que se cierre el molino (según rumores); y estos trabajadores, que de soñadores nada, quedaran en la calle, como millones mas antes que terminaron sin ese sueldo digno que siempre caracterizó a este país y que hizo de él una nación productora de riqueza… ahora, en la histeria de la globalización, convertida en una nación imprudente de consumidores a crédito.

Desafortunadamente, y contrario al tono optimista de la conversación que siguió, lo nuestro no es una “mala economía”… ya que por lo que estamos pasando no es sino una primera etapa de una larga y profunda recesión – dado que no lo aceptamos por su verdadero nombre: depresión – y no un simple ciclo financiero. Y si no queremos ver los cambios sistémicos que están ocurriendo a nuestro alrededor, y escondemos la cabeza como el avestruz, peor para nosotros… y no culpemos a los medios.

El desempleo continuará su ascenso, aunque a un paso menor, hasta superar un porcentaje de desempleo en la mitad de la segunda decena que unido a ese otro desempleo del que se habla poco – los que no son parte de las estadísticas, o son parte laboral de un subempleo en tiempo o aptitudes – pudiera traernos el próximo año un desempleo real, aunque sin publicar, cercano al 20 por ciento. Y lo que es aun peor, tal porcentaje se estabilizará alrededor de esa cifra.

En la economía global en que vivimos, confianza en ti mismo sirve de poco a largo plazo. La creencia de que por ser una sociedad con grandes aspiraciones nuestros sueños se verán realizados es una quimera; nuestros sueños varían poco del que puedan tener los otros 6.000 millones de pobladores del planeta. Debemos darnos cuenta que el llamado sueño americano fue cosa del pasado, algo que entonces era realizable dado el tamaño del mercado comercial, sin barreras, que este país inició… único en su tiempo, y la razón critica del éxito económico que tuvo la nación – algo del que nos habló el historiador Alexis de Tocqueville hace casi dos siglos; y no las razones perennes que se nos dan sobre el gran espíritu emprendedor del norteamericano, o la sublime ética protestante y capitalista; esta ultima que los políticos del país continúan ordeñando hasta la fecha en su patrioterismo.

El paisaje de ventas al detalle en la nación se prepara para un cambio esencial y permanente, y es ahí donde hemos estado midiendo nuestro falso nivel de vida, resultando en una afluencia exagerada. Muchos han sido los estadounidenses que han estado gastando mucho más de lo que ganaban, pero al sector financiero en el futuro no se le permitirá operar en esa forma funesta como en el pasado, permitiendo el flujo de crédito sin discriminación alguna. Esa disminución en ventas está acelerando el desmoronamiento de valores en los bienes raíces comerciales. Y por si eso no fuera poco, los estados y las municipalidades pronto entraran en una ola de impagos.

La economía de EEUU se ha convertido en un traje deshilachado y rasgado que tanto el gobierno como el Banco Central ahora tratan de remendar; un traje que necesita no remiendo sino reemplazo. Pocas son las opciones que nos quedan, y lo más probable y alarmante será que en vez de encontrar una cura, terminemos con una inflación fugitiva y despampanante. Una posibilidad a temer, sabiendo lo inefectivo que es el Banco Central para controlarla, y como el ahorro en el país quedará aniquilado.

Palabras no muy sabias las que nuestro comensal pronunció durante el desayuno. Nuestros males económicos son reales y no una creatividad interesada de la prensa.

Tristemente allí estábamos en el segundo día de verano despidiéndonos de los dueños del acogedor y hospitalario Holly Hill B&B, llevando con nosotros a Pórtland memorias agradables, y dejando atrás una ciudad de sueños sin realizar, bellos entornos y un molino de papel que produce anualmente mas de un tercio de millón de toneladas de pasta virgen y reciclada… además de 58 toneladas de cancerigenos; un recordatorio claro y presente de que el capitalismo continua siendo un sistema económico de costos despresopuestados y beneficios sobrepresopuestados.

No hay duda de que volveremos a Port Townsend en un futuro cercano, ni tampoco de que EEUU nunca volverá a aquellos tiempos normales. ¿Por qué? El último cuarto de siglo tuvo muy poco de normalidad económica para EEUU al intentar los políticos del país el sumergir a la nación en una economía global para la que no estaba preparada mientras mantenían la fachada de prosperidad con crédito irresponsable. Reagan, Bush I, Clinton y Bush II juntos nos quitaron la posibilidad de realizar nuestros sueños. Nuestra única opción ahora es el ser realistas y vivir dentro de nuestros medios… pero eso es una píldora difícil de tragar para una población a la que se la ha hecho ver la riqueza usando una lupa.