Afganistán: No es el cómo sino el porqué de la guerra

No obstante toda la crítica que los progresistas confieren en Ronald Reagan por casi todas las decisiones que tomara cuando residió en la Casa Blanca – algo lógico dado como este definía lo que la justicia social debe ser – al ex presidente no se le elogia por su manejo de la secuela al devastador atentado en 1983 al cuartel de Marines en Beirut (Líbano) donde perecieron 241 militares norteamericanos en un solo día.

Tal atentado ocurrió apenas dos días antes de la invasión norteamericana a la isla de Granada (y su totalidad de 344 kilómetros cuadrados) – una “fuerza multinacional” que estaba compuesta por 10.000 tropas norteamericanas y 300 tropas del SRS (Sistema Regional de Seguridad) de naciones caribeñas – hecho que posiblemente influenciara en la decisión de Reagan de tomar las de villadiego alejándose de la guerra civil en el Líbano bajo un irrisorio encubrimiento de gloria militar a costa de un pobre ejercito granadino de 1.500 tropas, y 700 ingenieros militares cubanos que les aconsejaban; invasión que se criticó por múltiples organismos internacionales… algo que, como cualquier otra crítica internacional, nunca hizo (o hace) mella en los estadounidenses.

Para Reagan o, mas específicamente, para los consejeros en su “cuarto de mando” tanto del Pentágono como de Asuntos Exteriores, el meterse en un enredo mayor en ese nefasto Medio Oriente no tenía sentido alguno. Con el pulso económico-militar de la Unión Soviética cada vez mas débil, y su flaqueo en confrontar al Occidente, no tenía lógica el meterse en una conflagración donde ya Israel tenia la sartén por el mango. Y, reconozcamos, los jefazos del Pentágono todavía estaban dolidos por una década de vergüenza tras lo ocurrido en Vietnam donde el inicial porqué a la guerra – la teoría infame de los dominós en política exterior – había sido desacreditada, y reemplazada por el “cómo llevar a cabo la guerra”, una guerra que pocos creían pudiera ganarse.

Veintiséis años después, Obama confronta ese mismo dilema de Reagan para aplacar un gran contingente de belicistas en este país, pero con una desventaja: la falta de una “victoria militar” tipo-Granada para compensar por una retirada de Afganistán. Así que aquí tenemos al político Obama prestando atención a lo que el general McChrystal tiene que decir sobre Afganistán, poniendo a su vez atención a esas encuestas que confirman que en asuntos de guerra casi el 60 por ciento de los norteamericanos tienen mas fe en los generales que llevan la guerra que en su comandante-en-jefe. Eso nos lleva a esa eterna pregunta relacionada con llevar a cabo una guerra: ¿debe tener precedencia el porqué o el cómo en una guerra?

Aunque no nos agrade, la verdadera misión del militar, incluyendo el norteamericano, no es el prevenir la guerra, sino el que la guerra exista. La guerra es para el militar su razón de ser donde toda clase de oportunidades se le presenta para lograr gloria y rango. Los porqués de una guerra son de hecho irrelevantes para el militar y solo cuenta el cómo… la estrategia de salir victorioso en la contienda. Ahora que el país ha visto la falacia de la invasión militar de Afganistán por Bush, donde los objetivos de EEUU post-9/11 pudieran haberse logrado mediante negociaciones con el gobierno talibanés, nos obcecamos una vez mas en cómo ganar la guerra, o los corazones y mentes del pueblo afgano… Vietnam una vez más.

El 10 de septiembre, según reportó el Washington Post, Matthew Hoh, un diplomático del Departamento de Estado y guerrero veterano (Marine) en la contienda en Irak, fue el primer oficial en renunciar a su cargo como protesta a la guerra en Afganistán. En su carta de dimisión dijo, “No comprendo ni tengo confianza en las intenciones estratégicas de la presencia de EEUU en Afganistán. Tengo dudas y reservas sobre nuestra estrategia actual y el planeamiento de una estrategia futura, pero mi renuncia se basa no en como estamos llevando la guerra, sino el porqué y con que fin”.

Para Hoh, como para otros diplomáticos de rango medio, la guerra en Afganistán no tiene sentido alguno, engendrando tan solo una insurgencia cada vez mas poderosa y que ha resultado en una alianza, antes no existente, entre los talibanes y Al Qaida. Más aún, la presencia de EEUU en Afganistán está desbaratando la integridad nacional de Pakistán, algo de lo que la ministra Clinton puede darse cuenta de primera-mano en su gira actual por ese país.

Bush falló en el porqué de su invasión, de la guerra que llevó a Afganistán. Obama no debe prestar atención a lo que los militares, u otros fuera o dentro del país, tengan que decir… y tomar una ruta que suplante la horrenda conclusión que tomara el pequeño emperador sin dos dedos de frente en Octubre del 2001. La guerra debe ponerse a fin, y tan solo debemos preguntarnos como llevar eso a cabo; y como ayudar a Afganistán después para lograr una mejor vida para el pueblo afgano, ayuda que debe ser solicitada de nosotros, no como invasores benevolentes, sino como hermanos y vecinos en un mundo que cohabitamos.

Como Vietnam, el porqué de esta guerra ya ha sido desacreditado, dejándonos sin necesidad de “cómo” la guerra debe llevarse a cabo. Obama, el líder, debe surgir y tomar la delantera de Obama, el político.