Tres semanas más, ocho años detrás


No creo que lo que haya estado escribiendo se pueda considerar como apoyo a la candidatura de Barack Obama – aunque mi desdeño total hacia McCain pueda haber traído tal interpretación – pero durante estos últimos días, y en números crecientes, he estado recibiendo correos electrónicos de lectores con tono festivo, de enhorabuena. Como si la elección fuese cosa del pasado y Obama hubiese salido victorioso.

En su mayoría estos correos daban por lo menos una razón rotunda por que la elección del senador Obama a la presidencia es algo dicho y hecho. Quizás la razón mas citada se deba al estado caótico de la economía norteamericana, algo que se atribuye sin casi argumento en contra al partido que encabeza el “desregulador” Bush – McCain siendo simplemente otro acolita mas de la doctrina Reagan que diera virtuosidad a la avaricia en este no-tan-libre mercado de Norteamérica.

Además del doloroso tema de la economía, el contraste en cuanto a competencia entre Biden y Palin para el puesto de vicepresidente aparece demasiado estridente para muchos; demasiado ofensivo para algunos que consideran a Palin terriblemente carente de calificaciones, y también de vergüenza por no haber rehusado la oferta que la hiciera el candidato McCain. Quizás el correo que mejor caricaturase a Sarah Palin fue el que se refiriese a ella como “impenitente y segura de si misma en la ignorancia” pero que probablemente obtenga el voto del cateto carga-armas.

Entre las otras muchas razones, una sobresalió dada su prominencia en pasadas elecciones: el improbable uso por el gobierno de una sorpresa-octubre militar… contra Irán, naturalmente. Esta vez, se me dijo, tales engaños no calarían, y el que Bush iniciase otra contienda para salvar a McCain y a la derecha probablemente trajese amotinamiento en el Pentágono.

Encuesta tras encuesta en los últimos días aparentan dar a Obama de 6 a 12 puntos de ventaja entre los electores registrados; sin embargo, mis estudios y experiencia en investigación de operaciones – y la carencia de rigor científico en que se llevan muchas de estas encuestas – hacen que, por ahora, cuestione el que Obama lleve esa ventaja.

No, ni me convencen los resultados de las encuestas ni las afirmaciones positivas de los lectores que me escriben, quienes de por si son de esa izquierda que no se siente informada por una prensa corporativa, ni tampoco considero que ambos sean fieles indicadores de la realidad… de cómo la población vaya a votar. Para mi, un barómetro mejor, y que me ayuda a forjar una intuición mas correcta, es el que indica los cambios que observo entre una población relativamente diversa, y con la que convivo en mis actividades como asesor de empresas; y que incluye una buena representación en el gremio de la construcción.

Un punto principal que he observado al medir el apoyo a Obama en este 2008 versus el que Kerry tuviese en el 2004, y que envuelve en el 80 por ciento de los casos a los mismos individuos, es que la mitad o mas del personal en ese gremio, casi en exclusiva hombres, y quienes votaron a Kerry (2004), ahora dicen estar indecisos o llevan en sus autos pegatinas apoyando a McCain. Y que no ha habido un cambio hacia Obama después que sus pensiones quedasen diezmadas por la quiebra financiera… algo que se achaca al gobierno actual, y al partido republicano. Muchas de estas personas que aparentan ser racistas te dicen, si las preguntas, que jamás votaran por un negro para ocupar la Casa Blanca. Y estas no son simplemente personas que pasasen por ese periodo de transición y de lucha en los 60 por los derechos civiles… personas mayores con prejuicios arraigados. No, estas son personas en los 20, 30, 40 y 50 años que mantienen los mismos prejuicios que sus padres y abuelos tuvieran.

Hillary Clinton sabia de lo que hablaba, tristemente, cuando durante las primarias ponía en duda el que Obama pudiera ser elegido. Este contingente de trabajadores blancos que en su mayoría aplastante siempre los Demócratas tuviesen en su bolsillo, y que representa un 6 o 7 por ciento del voto popular, pudiese muy bien cambiar las cosas si la mitad de ellos optan por votar a McCain, y la otra mitad se abstiene de votar. Esto supondría que los candidatos pudiesen distanciarse hasta por un 10 por ciento, y si a esto añadimos la supresión de votos que se lleva a cabo por simpatizantes criminales de una derecha poderosa, la combinación pudiese costarle la victoria a Obama.

Dado el horrible estado de la economía y los dos conflictos militares sin resolver, Irak y Afganistán, el candidato Demócrata (Obama) debiera ser el favorito de forma aplastante, y lograr una victoria comparable a la que obtuviese en 1932 Franklin D. Roosevelt (D) sobre Herbert Hoover (R)… con 89 por ciento del voto electoral y el 59 del voto popular.

Ahora que añadimos temor, islamofobia, xenofobia, racismo, religión/valores, ira y avaricia a esta mezcolanza electoral, además de vergonzosamente carecer de un sistema adecuado para contar el voto apropiadamente, Barack Obama va a encontrar cierta dificultad en poder conseguir la requerida mayoría en el voto electoral con apenas tres semanas por delante y la perspectiva de aun mas “sorpresas”.

¡Con lo fácil que fue el referendo de 1932! ¿Por qué hacemos de la simplicidad algo tan difícil en este 2008?