¡Quédate con las entradas del concierto... los Hermanos Maldad ya no me van!

¡Ya no me importa lo popular que el concierto “Votar” sea, rehúso rendir homenaje a esos roqueros sin talento y con mal oído! Cada cuatro años se nos ofrece el mismo tour político cuadrienal con los Hermanos Maldad, cualesquiera que sean sus apodos esta vez, dándonos la idea equivocada de que políticamente tenemos donde escoger.

Lo siento mucho, pero se me acabó la paciencia con esos dos hermanos engendrados en una relación incestuosa. Mayor y Menor, en lo que a mi concierne, aunque no sean gemelos, llevan casi idéntica ADN. Y es precisamente nuestro encubrimiento por esa desazón de Menor, elección tras elección, que nos encontramos – políticamente – donde nos encontramos hoy. Después de la polvoreada de nieve en los “caucus” de Iowa y los resultados desenfocados de Nueva Hampshire, finalmente he llegado a una resolución irrevocable, no solo de Año Nuevo sino para el resto de mis días: ¡Nunca más! Nunca más se me avergonzará para que vote a Menor Maldad -- o a su partido; ya que la maldad, de cualquier clase que sea, no merece el voto de nadie… ni el mío.

Mientras el Fuehrer estadounidense andaba por los palacios de sus adinerados compinches del Medio Oriente, despotricando incesante y estúpidamente sobre Irán… y su inconcebible y personal promesa de paz para la región, los pretendientes de ese partido Demócrata al domicilio en la Avenida Pensilvana, quienes también anticipan dominio del Reichstag a unos pasos de allí, se lanzan entre ellos golpecitos suaves de tonterías e irrelevancias, sin tocar tan siquiera en el estado económico y caótico del país, o la política exterior que hoy día lo define. Y estos pretendientes que balbucean bajo el estandarte de “cambio” se tiran flechitas sin tener la menor idea lo que debe ser ese “cambio”. Obama y Clinton, una deshonra total, aunque es probable que uno u otro, o los dos a la vez, adornen la candidatura de los Demócratas en este 2008. ¡Puag! ¿Menor Maldad nuevamente… a lo que los Republicanos saquen de su caldera maloliente… esa Mayor Maldad?

Como en el pasado, son los medios quienes están “ayudando” en la decisión sobre que políticos pasan el cedazo de aceptabilidad, y para los Demócratas, no importa cuales sean las razones, individuos como Biden, Dodd y Richardson no dieron la talla. Y la prensa nos hizo saber que Kucinich, el mensajero de paz y baja estatura (165 cms.) tampoco daba la talla. Así que desde el principio fue simplemente un concurso de “belleza” con tres semifinalistas: Clinton, Edwards y Obama. Y ahora, y para hacerlo mas interesante, y seguir la tradición de “American Idol”, todo parece según los jueces que Edwards es un poco rebelde y controversial para nuestra política “centrista” (centro de la derecha). Así que nos quedamos con Obama y Clinton, o Clinton y Obama… él capaz de darnos un discurso-sermón tipo evangelista de tienda de campaña, pero que hasta la fecha no ha podido demostrar valía alguna; y ella, la guerrera mujer biónica que si es elegida, y después reelegida, podría convertir con su esposo a la Casa Blanca en Casa Clinton. Los dos centristas… del centro del EEUU corporativo y monetario.

La única esperanza de llegar a un compromiso para los progresistas norteamericanos de que la candidatura de Edwards cuajase parece que se ha esfumado. Aunque a Edwards no se le considere un verdadero progresista, y en realidad sea posiblemente el único centrista en la política estadounidense, donde el espectro va de derecha a extremo derecha, parece lo suficientemente fiable para contar con el apoyo de los progresistas para cambiar de una vez el rumbo de EEUU tanto en la política interna como en la externa… y no solo hablar de ello. Nada de palique sacrílego como el que expresó Hillary después de su victoria en Nueva Hampshire que tan solo permitía el que nos fuésemos de Irak bajo “condiciones apropiadas”… definitivamente lo que pudiéramos esperar de un travestí de George Bush.

Claro que ya Irak ha dejado de ser la preocupación principal de los norteamericanos, y ahora los titulares nos indican que lo que le preocupa al electorado, por mucho, es el estado de la economía… y no la guerra, mientras la contienda se lleve en otro lugar. Y la carnicería económica que pronto nos llegará a doble paso, imparable no importa que estimulantes se le den – que es tan solo pasar la bola a futuras generaciones que ya hemos llevado a la bancarrota – descubrirá nuestro cáncer en tercera fase, algo de que la sociedad padece hace años: consumimos, o malgastamos en armamento estúpido e innecesario, mucho más de lo que producimos… y elegimos a gobiernos que nos permiten que esto sea y continúe así.

La única cosa que le ha favorecido al partido Demócrata por años, es el que se le crea como paraguas de diversidad, algo que sirve de poco cuando esa diversidad no tiene ni voz ni voto dentro del partido en materia de justicia social, paz, o política exterior. No obstante eso, los “apparatchicks” del partido siempre nos vienen a los progresistas, que suman del 5 al 10 por ciento del electorado, pidiéndonos con sonrisa sardónica que los votemos a ellos… por lo menos nos dicen, son Menor Maldad. Y la mayoría de nosotros terminamos sucumbiendo a ese raciocinio defectuoso.

Si los progresistas se hubiesen mantenido firmes en sus convicciones durante el último cuarto de siglo, y hubiesen empezado a organizar un paraguas político legítimo para varios grupos que apoyen una sociedad mas justa y pacifica – aunque sus números no llegaran a ser altos – estas elecciones del 2008 pudieran haber sido otra cosa, y haber cambiado para siempre a Norteamérica. En vez de eso, tendremos una vez más a una ciudadanía insultada… con más de lo mismo.

Si alguien se me acerca antes de las elecciones del 4 de noviembre sermoneando por que debo de votar a Menor Maldad otra vez, mi respuesta será fulminante y terminal, y me quedaré sin temer remordimiento: ¡Anda y vete a la mierda!