La selección no puede ser más clara: Obama o el olvido

Nos preguntamos… ¿Por qué un político en su sano juicio querrá ser conserje-en-jefe de una nación que despierta tras el desorden y suciedad amontonada después de un cuarto de siglo de desgobierno tanto en asuntos domésticos como en política exterior, incluyendo la gran borrachera tras “consentir” a Bush en estos últimos seis años?

No, no hay respuesta, ya que nuestros políticos no suelen ser masoquistas, o mártires.

Tenemos que retornar a 1932 para que el panorama, tanto a corto como a largo plazo, aparezca tan amenazador. Por lo menos Franklin D. Roosevelt no tuvo que explicar al país en aquel entonces quienes eran los responsables, los villanos de tantos estragos económicos. La gente lo sabía muy bien. Sin embargo hoy, en este 2008, ningún político se atreve a decir que también somos nosotros, los ciudadanos, cómplices con nuestra codicia y consumo excesivo en permitir que el capitalismo rapaz haya destruido la economía, así como la credibilidad de EEUU como democracia y país con principios.

Así que ahora, frente a nosotros, comparecen dos candidatos que representan a ese duopolio anacrónico y antidemocrático que domina a esta política estadounidense; dos marionetas que se mueven merced a las cuerdas de intereses especiales de Patachún y Patachunta: John “Chún” McCain y Barack “Chunta” Obama, representando a los dos partidos casi-gemelos, Republicano y Demócrata. Cada uno manifestando llevar en su corazón los óptimos intereses de la nación; cada uno asegurando que llevaran a la Casa Blanca esos grandes atributos de liderazgo, sabiduría, conocimientos y el deseo de que el país vuelva a aquella época gloriosa de adulación del que gozaba EEUU. Y para demostrarlo, Chún y Chunta nos señalan esa pancarta que lee “cambio”, algo que suena a hueco. Si, tendremos cambio, de eso no hay duda; pero no gracias a ellos.

¿Volvemos a ese viejo cliché de votar al menor de dos males? ¿O acaso se nos requiere a los progresistas, con nuestros nobles ideales, el negar el voto a ambos?

Tras exponer unos antecedentes personales, daré a saber mi intención de voto en estas elecciones que serán políticamente un momento decisivo para este país.

“Para ser fiscalmente responsable, no se requiere que seas conservador; pero para ser socialmente responsable se te requiere que no seas conservador”. Ese ha sido mi postulado sociopolítico, el que he desarrollado laboriosamente por mas de dos décadas de lucha interna que finalmente terminó resolviéndose; algo que por fin me trajo la tan buscada paz espiritual.

Una mezcla de educación conservadora y religiosa no es fácil de echar a un lado; un cuanto más difícil cuando escoges una carrera en el mundo de los negocios que no te permite gran desvío de ese camino que se espera sigas. Mi primera inscripción para votar fue como Republicano, durante las elecciones presidenciales, Barry Goldwater vs. Lyndon Johnson… y tal registro político no ha cambiado en cuatro décadas. En 1964, el “hacerme” Republicano fue resultado de mis convicciones conservadoras; en el 2008 ese registro como Republicano lo mantengo como recordatorio, como acto de auto-mortificación por cualquier daño social al que haya contribuido, de buena o mala gana, durante mi pasado conservador; y también como un Deo gratias por haber recibido la iluminación por medio de esas aguas bautismales del progresismo.

Los pocos progresistas que circulamos por el país, que además somos silenciados por los medios corporativos como antipatrióticos y/o, “Dios nos libre”, socialistas, siempre hemos tenido nuestro voto rehén de la centro-derecha Demócrata... guiñándonos el ojo a la hora de las elecciones, y cínicamente diciéndonos: “no somos tan malos como los Republicanos”. La ultima vez (2004) se nos confronto con una alternativa ridícula a George W. Bush: otro miembro (como Bush) de la sociedad secreta de Yale, “Skull and Bones” (Calavera y Huesos), John Kerry, candidato “tibio”, pro-guerra y multimillonario.

Esta vez, sin embargo, los progresistas no tienen por que sentir que se prostituyen al votar al candidato Demócrata, el senador Barack Obama; ya que la victoria del partido republicano augura el hundimiento total del país. Como opción a Obama tenemos la pesadilla de un gobierno McCain-Palin… ¡una escopeta de doble cañón doble gatillo sin percusor apuntándonos!

Apenas si existe un grado de separación entre Bush Hijo y McCain: en intelecto, en conocimientos, en chulería, en temperamento, y en la forma fóbica y estúpida en que ven a EEUU en relación a los demás países. Y ese grado de separación entre estos dos ignorantes tiene tan solo que ver con la forma explicita de McCain con su increíble e impertinente belicosidad… junto con su oreja permanentemente adjunta a los labios de ese otro falcón del senado, Joe Lieberman.

No tengo esperanzas de grandes logros durante una presidencia de Obama, desde luego ningún gran cambio en la política exterior norteamericana; algo en que preferiría estar equivocado, por lo menos en lo referente a paz en el Oriente Medio. Claro que la alternativa, un gobierno de McCain, llevaría a la nación si no al precipicio, si al olvido, algo que es inaceptable a los que queremos lo mejor para nuestro país, sin ondear banderas y sin llevar insignia en la solapa.

En estas elecciones presidenciales, aunque nuestro corazón no vaya con nuestro voto, los progresistas debemos votar al “menor mal”, por lo menos para contrarrestar a ese voto racista y xenófobo que está saliendo a relucir este año. El senador Obama no solo debe recibir nuestro voto, sino también nuestro apoyo durante su gobierno.