El saco de la economía estadounidense

En nuestras lecturas históricas tanto del Occidente como del Oriente, hemos sido expuestos a los muchos sacos por ejércitos invasores que cobraban tanto vidas como posesiones de los que vivían en grandes ciudades y enclaves que pudieran haber hecho frente o no a las hordas invasoras. Roma fue saqueada varias veces; Jerusalén fue sitiada, y después saqueada por los cruzados; y también lo fue Bagdad por los mongoles siete siglos y medio antes que los norteamericanos duplicasen el hecho, esta vez tras el estandarte de la democracia y el fingimiento irrisorio de liberación para una tierra lejana y denominada como “peligrosa”.

Pero ningún saco perpetrado en la historia ha sido de la magnitud a la tercera potencia del saqueo económico librado en Norteamérica. Y la parte mas increíble es la escasez, por lo menos hasta la fecha, de indignación hacia los perpetradores.

No necesito que se me corrija, lo se muy bien. El titulo de este artículo es incorrecto, ya que no es la economía de EEUU la expoliada, más bien la economía que afecta del 80 al 90 por ciento de los estadounidenses, ya que el otro 10 al 20 por ciento de ciudadanos-hermanos son los saqueadores, y ese es precisamente el problema. A diferencia de siglos atrás cuando las ciudades eran arrasadas por invasores extranjeros, los ladrones y abusones en este caso viven entre nosotros, y son muchos y fuertes… poseyendo o controlando todas las herramientas del poder, empezando con el gobierno, la prensa y, desde los opresores instrumentos de riqueza, al lava-cerebros espiritual del pobre, del ignorante, del oprimido. Cierto, no todos los norteamericanos están siendo saqueados, pero encendamos la luz y así podremos ver que el resto son los saqueadores.

Estados Unidos no está siendo saqueado por hordas enemigas que hayan cruzado nuestras fronteras. Nuestro saqueo es interno. De hecho ha estado ocurriendo por un cuarto de siglo aunque el pillaje más descarado e insultante haya sido desde que nuestro cancerbero constitucional, el Tribunal Supremo, pusiese a Bush “El Joven” como distribuidor-en-jefe y fisco de la nación. Desde entonces ha sido un latrocinio sin parar y flagelación de las clases media y pobre por medio de subsidios multimillonarios para los ya poseedores de casi toda la riqueza bajo pretensión de estimulo económico.

Para complacer a su amo en la Casa Blanca, Alan Greenspan, jefe del Banco Central, quemó miles de millones en interés pertenecientes a millones de esos sacrificados ahorradores de tercera edad para crear una hoguera descontrolada de la vivienda en una nación donde el gobierno conservador mantiene que la codicia es la mayor virtud. Si a esa hoguera la añadimos los subsidios tributarios para los ricos y el costo de la beligerancia imperial, la economía estadounidense termina en cenizas. Bueno, la economía que ofrece techo, viste y da de comer entre el 80 y el 90 por ciento de la población. La Norteamérica capitalista continúa venerando a este canalla y está hasta dispuesta a canonizarle después de haberle otorgado la Medalla de la Libertad.

¡Menudo espectáculo esta farsa de un acto por Greenspan y su elenco de ladrones! Llevo una década diciendo, y por escrito, que este individuo no es si no un flautista Hamelin de abracadabra y absoluta idiotez encubriendo el robo por la elite, aunque me limitara a no acusarle de fraude hasta hace tres años (Pasado Oz… en el País de las Burbujas, julio 2005).

Una cosa segura y es que este saqueo en EEUU no es algo del que el país pueda recuperarse. Este no es un simple ciclo económico mas, si no un arraso para siempre de la clase media norteamericana como se la conoció. Los norteamericanos han sido despojados de su puesto privilegiado, en relación a otros pueblos del mundo, gracias a una inyección forzada de globalización impuesta por los ciudadanos-hermanos que solo creen en capital y tecnología… a quienes no les importa un comino aquellos que hacen el trabajo. Finalmente, la realidad de esta globalización se nos pone frente a los ojos: competición que hace bajar los sueldos debido al número arrollador de esa fuerza laboral indocumentada, y la fuga de los trabajos bien remunerados del país.

Ni por lo más remoto se les hubiese ocurrido a los estadounidenses de una generación atrás que sus hijos competirían directamente con personas de la China o la India. Lo hubiesen tachado de ridículo. Y le votaron a Ronald Reagan… y esto fue lo que su tío favorito les regaló. Los norteamericanos en su capitalismo-ante-todo verán muy pronto los resultados onerosos: estadounidenses hambrientos en números inexcusables… ¡quien lo hubiese dicho!

Hoy día nada parece tener sentido. Los precios de la propiedad, aunque hayan bajado en ciertas zonas del país, continúan increíblemente altos sin aparente razón a largo plazo, posiblemente motivado por el influjo de capital de ultramar. Y es que los acapara-dólares extranjeros se están dado cuenta que esos cada día mas disminuidos dólares están mejor empleados en bienes raíces, mercancía, acciones o cualquier cosa tangible que se pueda almacenar. Mejor el sobre-pagar por algo hoy que solo poder usar un dinero sin valor para empapelar mañana. Entretanto, el gobierno, incluyendo políticos de ambas marcas – y sus candidatos a la presidencia – continua echando gasolina al fuego de la vivienda, y con ello solo salvando el pellejo de las instituciones financieras y una industria de construcción e inmobiliaria pirata, todo a costa de un continuo y cada vez mas grande empobrecimiento del país.

Precisamente la semana pasada tratando sobre este tema con un amigo, profesor de Ciencias Políticas en una universidad argentina, me planteó la cuestión del porqué el norteamericano consiente el que se le lleve en una segunda Marcha de Muerte de Batan, preguntándome como es que no se avecina una revolución o guerra civil en EEUU. Pudiera ser, concluyó el mismo, que los poderosos en ese país (EEUU) tienen todo atado y bien atado en cubierta al mástil para sobrellevar cualquier tormenta. Me pregunto si su teoría tiene merito…

Y el saqueo del 80 al 90 por ciento de los estadounidenses continúa, aunque muchos de ellos todavía no se hayan dado cuenta.