El Caballero de la Derecha Torcida: William F. Buckley, Jr. (1925-2008)

Elógiale, ponle por todo lo alto, dime el genio intelectual y lo entrañablemente querido que era William F. Buckley, Jr. Repítelo una y otra vez… antes de, durante y después de mi tratamiento en “waterboard”; dilo en prosa o dilo en verso; dilo en el elocuente y clásico latín de Ovidio o el latinajo de la Vulgata de Jerónimo; haz que se diga antes de todas mis comidas en Guantanamo como tu huésped; anunciadlo si es necesario a los cuatro vientos como edicto imperial para retirar todas esas maldiciones liberales con ese spray de jazmín patrióticamente bendito; y hazlo pasar como un simple rumor a todos esos quintacolumnistas que aun pueblan esta diezmada y apaleada izquierda.

Ya veo, no puedes disimular tu enfado, mientras yo lo niego todo con mi cabeza sin alcurnia alguna… totalmente plebeya. Bueno, inteligente, culto, erudito, aun afable con reservas… me lo compro a granel – con la estipulación de tener derecho a devolución total durante un periodo de 30 días. Pero si empiezas a ponerte serio, y entras en la esfera académica-erudita, me fuerzas a que cuestione esos otros atributos de genio, pensador, y hasta intelectual; lo que significa que hoy no habrá venta, aunque trates de ablandarlo con un par de botellas de escogidísimo cabernet y otra de jerez-seco de Domeq La Ina… las tres certificadas de su bodega de Stamford. Lo siento, de veras.

Claro que nadie te quita que vayas diciendo por ahí que Buckley sea el padre del conservatismo moderno en Norteamérica; después de todo, la prueba de ADN es fiel, y apenas está una distancia de primo-hermano de ese otro engendro de la Escuela de Chicago (neoconservadores). No me pidáis que adivine como llegó la paternidad, si fue violación-sin-invitación, o simple consentimiento meretricio; eso es algo que no me corresponde a mí decir. Debe ser algo que académicos doctos tendrán que investigar acerca de este malencarado bastardo. Y documentación hay, mas de medio siglo de artículos de “National Review” archivados entre pañales sucios que revivirán y esclarecerán el material biográfico de esta monstruosidad malparida. Solo tendrás que pedirle permiso al joven Rich Lowry, quien condescendientemente y a tono de su mentor, entornando sus ojos hacia el cielo, os dejará pasar.

Si queréis asignarle a Buckley cualquier superlativo, o crear algún titulo para él, sugiero que lo hagáis sin dejaros cegar por esa devoción muy típica estadounidense a todo lo que provenga de celebridades o castas. Le podéis poner en su propio pináculo, ya que después de todo ha sido el único miembro de la nobleza norteamericana a quien se le haya permitido beber del cáliz papal de la verdad, ese que está en el sanctasanctórum junto a esa formula alquímica secreta que permite intercambiar el bien con el mal… lo derecho con lo torcido. ¿Cómo es posible, por todos los cielos católicos, que se le haya podido dar tal gracia vaticana a este Buckley que le permita acceso a esa nunca hablada formula de alquimia? ¿Cómo es posible que se le haya permitido su uso y así trasformar el apoyo de la Derecha a todo lo que ha terminado siendo veneno para casi toda Norteamérica? ¿Se le permitirá a algún otro noble estadounidense esa magia de infalibilidad-falible otorgada por el Vaticano?

Sus breves desafíos con el mundo académico nunca fueron lejos, tan solo un punto de exclamación en su egocentrismo. El Caballero de los Espejos y Ecos, como le hubiera llamado Don Quijote al incorporado al mundo de la caballería y ese “alto orden de cosas”, era un individuo con una compulsión total hacia el egocentrismo, y el placer orgásmico incomparable de este personaje según se veía y escuchaba a si mismo.

Definitivamente este barón de Nueva Inglaterra en su búsqueda de encontrar al bien para convertirlo en mal, enmendó o des-enmendó todo lo que hubiera hecho el gran señor de La Mancha, motivado no por su falta de cordura sino por su egocentrismo y un corazón congelado. Y pudieras decir que tuvo éxito en ello… aunque en términos humanos lo llamemos fracaso.

Buckley llevó el apoyo de la Derecha, desgraciadamente, a la causa conservadora (y “busca-brujas”) del patriotero Joseph McCarthy, y las intimidaciones antidemocráticas de esos años negros en politica en los 50… muy similares al “patrioterismo” de Bush.

Buckley llevó el apoyo de la Derecha, y desagració a la humanidad con ello, insistiendo que se invadiese Cuba, aun después del acuerdo entre Rusia y EEUU después de la crisis de misiles, y sin pensar en las consecuencias.

Buckley llevó el apoyo de la Derecha, pisando a la democracia, en su lealtad al gobierno del duunvirato Franco-Santa Madre Iglesia en España, algo que duró hasta el último momento (1975). Por más que tiñese su conservatismo con los colores Rojo, Blanco y Azul, siempre se pudieron ver las raíces de una España católica y opresiva.

Buckley llevó el apoyo de la Derecha, contra el infortunio del pobre negro de EEUU, cuando se unió a esa cruzada conservadora del Sur que se oponía a las leyes de integración ya aprobadas, no solo en sofistería sino algo mucho peor: un corazón de racista.

Buckley llevó el apoyo de la Derecha, echando a un lado todo lo que trajese paz o mejores relaciones internacionales, a la guerra convirtiéndose en la “cara erudita” en TV que defendía la encrucijada en Vietnam; una guerra que solo tenia sentido para los beneficiados del complejo militar-industrial y los que fueran planificadores y promotores del entonces emergente imperio.

Buckley llevó el apoyo de la Derecha, y en términos personales el enriquecimiento de su propia clase socio-económica, a la elite del país, negando lo que siempre fuese la cola social que uniese al país: prosperidad y una cada vez mas cercana igualdad económica entre su gente. Desvergonzadamente, desde que Reagan tomó las riendas del país hace poco más de un cuarto de siglo, la desigualdad, el distanciamiento económico de clases, se ha triplicado.

A raíz de su muerte, presentadores de noticias con rango nacional, celebridades de por si, se han estado refiriendo a Buckley como un “clásico, original…” o toda una serie de estupideces que demuestran a fondo lo que típicamente es la prensa estadounidense. El señor merece el respeto de toda persona que ha muerto… con o sin notoriedad, y no elogios que no vienen al caso… a menos que creas ser parte de ese grupo elitista en EEUU que ni siquiera comprende 1 entre mil de nosotros.