Cautividad de Impresión, no Libertad de Expresión

En mi mente no andas por el mundo desbaratándolo todo y poniendo muescas en tu revolver dando como excusa que estás defendiendo tus “envidiadas libertades”. No importa toda la vergüenza que acumulemos por mandar a nuestros jóvenes a su muerte por el ansia de poder y codicia de nuestra elite, no tenemos porque mentir a nuestros soldados simulándolos como héroes y mártires cuando, tristemente, se les ve como tontos de metralla. Sí, es cierto que nuestros derechos y libertades deben ser protegidos, pero aquí, no en un campo de batalla o vecindad del Oriente Medio. Y, hasta el momento, los estadounidenses, hemos hecho una labor pésima en luchar domésticamente para preservarlos.

Hace un par de mañanas que me vino un pensamiento mientras leía un articulo de H. Josef Hebert (Prensa Asociada) sobre como la retórica de Bush se apartaba de la realidad. Claro que no fue el titulo del artículo lo que atrajo mi atención, ya que la retórica de Bush siempre estuvo a años de luz de los hechos, de la realidad. Fue el hecho de este persistente y mentiroso sin remedio que trajo el flash – y así como para cada historia tenemos a un mentiroso para desviar la realidad, o existe un vicio para cada virtud, o tenemos un antónimo al otro lado de cada sinónimo, y hasta aceptamos la idea de mundos paralelos en ciencia ficción, ¿por que no crear un grupo de contra-libertades, algo que cuantifique el grado a que nosotros, los norteamericanos, hemos aceptado complacientemente nuestra esclavitud?

Durante estos seis y pico años desde el 9/11 y el pasaje del pseudo-patriótico Patriot Act, nos hemos ido dando cuenta de los cambios fundamentales o disminuyentes a nuestros derechos constitucionales bajo el gobierno embrión-fascista de George Bush, y un Congreso condescendiente a ese gobierno, y no al pueblo que representa.

Libertades de asociación, información y registro inaceptable; así como derechos de libertad, representación legal y un juicio publico rápido… todos fueron confiscados y almacenados – prestados, diríamos – para quitarnos de encima esa carga pesada de temor y hacernos pensar que estábamos ayudando en la investigación del nefasto terrorismo. Notareis que no he incluido la libertad de expresión en la lista aunque el gobierno pueda procesar a bibliotecarios y archivistas que digan a alguien haber sido citados para dar informes al gobierno en una investigación de terrorismo. En realidad, la libertad de expresión ha estado bajo ataque por dos generaciones antes de que Bush entrase en escena en el país… y ocurrió sin necesidad de legislación alguna.

Para los periodistas y comentaristas, la primera libertad que viene al caso es obvia: la libertad de expresión. Para aquellos de nosotros a quienes solo nos queda la opción de escribir para nuestro propio grupo periodístico, así como un grupo comprimido de progresistas y correligionarios, mas alguna alma perdida que nos lea por curiosidad en su aburrimiento, o quizás como victima del azar, sabemos que esto de libertad de expresión no es sino un cruel camelo. No es que se nos prohíba escribir (o decir) lo que se nos antoje; tan solo que eso sirve de poco si no se otorga a estos escritos acceso al publico dominante; y que para poder leerlo tengas que recurrir a un mundo tachado por la clandestinidad, real o figurativa, de ideas que no pasan el colador rojo-blanco-azul de nuestra prensa patriótica y corporativa.

Poco después de la Segunda Guerra Mundial, para que el país no se infestase por ese mundo maligno de ideas socio-políticas extranjeras, nuestra libertad de expresión fue modificándose sin gran planeamiento o fanfarria incluyendo en su auto-censura clarificaciones y “purificaciones” patrióticas añadiendo otra capa de filtros al colador, una que removiese los virus extranjeros que pudieran cuestionar nuestra “forma de vida americana”. Estas impresiones de lo que somos y debemos ser políticamente han sido talladas en el psique estadounidense por casi tres generaciones, y hacen que cualquier desvío del capitalismo o individualismo – según lo definimos nosotros – sea sacrílego, herejía total. La Inquisición de 1478 fue de hecho transplantada a EEUU, en ambos casos para preservar la fe (cristianismo para los españoles y americanismo para los norteamericanos) y con ello la unidad nacional. De hecho, no es tan solo el socialismo lo que los norteamericanos han sido enseñados a odiar y a ridiculizar, pero cualquier idea o cosa que tenga como prefijo o sufijo esa palabra “social”; o esa otra palabrota, bienestar, cuyo significado primario en el mundo dista mucho del nuestro.

A nuestros ciudadanos se les debe “proteger” contra todos esos remedios sociales extranjeros que parecen asolar una buena parte del mundo industrializado, los países nórdicos de Europa en particular. ¿Como es posible que estos pueblos de carácter indomable puedan aceptar un sistema de bienestar de cuna a sepultura? Obviamente el EEUU Elitista está dispuesto a tirar por la borda a esos mares del Tercer Mundo a la mitad o más de la población estadounidense en su atentado de globalización.

Un amigo, profesor de bachillerato y a quien nadie tacharía de progresista, comentaba hace unos días que la Estatua de la Libertad debiera cambiar el poema de Emma Lazarus en esa placa de bronce que da la bienvenida al país a toda piltrafa humana, por un simple rotulo: “Bienvenidos a EEUU, Tierra de Reciclaje Humano”. Aunque parezca grotesco, esa es la realidad. Y todo por haber capitulado la libre circulación de ideas en nuestra nación, nuestra verdadera libertad de expresión, con la cautividad de impresión de un americanismo inmutable incapaz de crecer y transformarse.

Como pájaros en jaula los norteamericanos somos libres de revolotear… ¿pero acaso no se nos ha forzado a sumisión económica y política con el control en manos de una pequeña elite?