Capital de riesgo en la política presidencial norteamericana

Nos guste o no, esté de acuerdo o en desapruebo de la población, nuestra política basada en dinero ha entrado en otra nueva época; una etapa que requiere establecer contactos, marketing a varios niveles y un minucioso lavado de cerebros.

Olvidémonos de ideales democráticos, una justicia social exaltada, o una proposición aun mas elevada de hermandad y paz mundial. Olvidémonos de las plataformas adoptadas por partidos políticos con aspiraciones regidas por principios humanistas. Recordad, somos Norteamérica, donde las únicas creencias sacrosantas, creencias que se suponen tienen consentimiento popular, están encarnadas en la dualidad de economía de mercado y “política de mercado”.

Posiblemente menos del 10 por ciento de nuestros ciudadanos tiene la menor idea de lo que es una economía de mercado, o lo que debería ser; o de que nuestra actual economía no está guiada por un sistema de precio libre, tendiendo a ser mas bien una economía expropiadora y corrupta. De todas formas el otro 90 por ciento restante, ignoranti en el arte de economía, están bien enterados del desvergonzado compromiso de la nación a la política de mercado, aceptando el ser gobernados por quien controla el dinero; la contundente mayoría de ciudadanos en conformidad con la idea de que “nuestro gobierno es el mejor que se pueda comprar con dinero”, mofándonos de nosotros mismos como felices idiotas.

El dinero ha influenciado y hasta dictado, por lo menos en nuestros días, como deben llevarse las elecciones para optimizar la posibilidad de que un candidato sea elegido. Nuestra escalera política de dos tramos ha sido en su mayor parte un juego de los Caballeros del Capital, unos poniéndose del lado de los Demócratas, otros haciéndolo con los Republicanos, y algunos hasta jugando las dos cartas.

Ahora, desde que la ley McCain-Feingold tomó efecto (2002), a los candidatos no les queda otro remedio sino que los pequeños donantes, sin sobrepasar de $2.300 al año, sean quienes provean los fondos para sus campañas. La recaudación de fondos para ser efectiva necesita aprovecharse de una nueva clase de “capitalistas de riesgo”, un grupo al que podía considerársele como los Escuderos del Capital, aquellos que no solo donan el límite autorizado, sino que además se comprometen a colectar de otros donantes de 10 a 100 veces lo que ellos dan. “Estableciendo contactos” nos dicen… lo que yo llamaría marketing a 2 o 3 niveles. Presentamos aquí al candidato con mas éxito en este tipo de financiación… y no es otro que Barack Obama, quien sin esfuerzo alguno puede recoger $50 millones en tan solo un mes, el 80 por ciento vía el Internet; sin mover un solo dedo… y con tan solo parte de una sonrisa.

Y el secreto de todo esto no debe caer de sorpresa para alguien que calce mis zapatos.

Un plan de negocios para candidatos políticos no debe ser diferente al de una empresa bien sea en su comienzo o en su madurez al necesitar capital de riesgo… sea tanto por motivos de expansión o de supervivencia. Cierto que las áreas funcionales en política son diferentes a las de una empresa de lucro, pero el fin es el mismo: el obtener los fondos necesarios para alcanzar su objetivo. Y, en mi capacidad de consejero de empresas por décadas, he sido parte integral en este proceso de planes de negocio.

¿Y adivinad qué? No importa toda la lógica y optima presentación de todos los datos sobre papel asignando al plan una alta probabilidad de éxito, y el mínimo de riesgo, mi experiencia cuantifica que en ocho de cada diez casos, no importa si la presentación fuese hecha a banqueros o a grupos financieros privados, el éxito fue logrado gracias al talento personal y emprendedor de la persona al timón. Al final del día, es la persona quien define para un capitalista de riesgo si una compañía o un proyecto son factibles. Ídem de ídem pasa en política. Barack Obama era/es el líder edificante en este año electoral convirtiéndole en posible recaudador para su campaña de una cifra que oscile entre 250 y 500 millones de dólares… eso antes de la convención de su partido a últimos de agosto en Denver.

Más que en el concepto de financiación, el éxito radica en la persona de Obama… y su mensaje, claro está. Desde luego, Obama necesita seguir las reglas en las paginas pre-impresas y que son de rigor en todos los planes de política presentados por candidatos a la presidencia de EEUU: solidaridad con las aspiraciones de la jerarquía del Pentágono (imperio); por lo menos una actitud amistosa hacia los negocios-colosos; adhesión total al gobierno de Israel; y una postura anti-Castro (Fidel, Raúl o cualquier gobierno de continuidad ideológica) hacia Cuba.

Como buen político que es, Obama lleva su programa a tiempo, y hasta con adelanto, habiendo hecho ya sus rondas por las sinagogas y dado su discursito a la menguante mafia cubana del sur de Florida. Desde luego, el dueto de halcones en este trío, Clinton y McCain, ya lo habían hecho antes. Claro que cuestiones de política exterior ya están pre-escritas en el plan político de cada candidato.

¿Cree alguien verdaderamente que este país cambiará vía evolución política? Yo, personalmente, tengo mis dudas. Nuestras elecciones no son sino una aventura en la posibilidad de un cambio mínimo, nunca ofreciéndonos una oportunidad de poder escoger cambio en toda regla.