¡Bienvenidos a los Estados Unidos de Resentimiento!

¡Cambio… bendito cambio! Si tan solo nos bendijesen con una lluvia ligera, tan solo lo suficiente para limpiarnos los prejuicios, la avaricia y nuestro continuo despilfarro. Así, limpitos, nos iba a ser mucho mas fácil ser un pueblo entero en vez de la suma de fracciones que componen esta nación diversa por antonomasia; diversidad no solo en las gentes que la pueblan sino también en sus derechos, esperanzas y expectativas.

Que quede bien claro, en nuestra nación la indignación es algo que va por dentro pero al rojo vivo, mucho más de lo que nos imaginamos, y algo que preferimos no transmitir a los cuatro vientos; quejas monumentales y reales que nunca se han confrontado del todo y con franqueza – y no quejas imaginarias – algo que impide al país ser cohesivo. En su lugar, todo lo que se ha hecho desde tiempo inmemorial es mentirnos a nosotros mismos y a los demás… poniendo tan solo parches. Nuestra nación nunca ha sido esa “América del 4 de Julio”, la que nuestro departamento de estado promociona por todo el planeta; siendo mas bien para unos el país de la oportunidad, el lugar donde se logra su “sueño americano”, pero para otros la condena a revivir su “pesadilla americana”.

Parches que cubren los problemas raciales, la inigualdad económica y la falta obscena y lasciva de moderación son pegados constantemente al psique estadounidense como si nos dijeran a todos que todo marcha bien, que no hay por que preocuparse, y menos aun quejarse. Así que a la verdad se la cubre con parches de mentiras, mientras que se nos pide que orgullosamente cantemos a coro: “Dios Bendiga a Norteamérica”, una Norteamérica que en realidad pertenece a unos pocos, aunque se nos engañe a la mayoría para que la adoptemos como nuestra, sabiendo muy bien que no lo es. Y las sandeces se acumulan, así como los parches, hasta que la caldera hirviendo rebosa… y entonces los parches temporalmente desaparecen y nos damos de puñetazos.

La semana pasada los medios norteamericanos nos presentaron al reverendo Wright exaltando a su congregación de feligreses negros con un blasfemo “Dios Maldiga a Norteamérica”. Nada de insignias con banderitas adornando su vestimenta clerical, tan solo palabras de ira y rencor saliendo de su boca. Un pastor de almas cristianas resentido que dice lo que cree ver… y que para decenas de millones es la realidad de esta Norteamérica donde viven, y no la Norteamérica mítica de la que parecemos estar tan patrióticamente orgullosos. El obrar así ha hecho que Wright haya creado grandes problemas para una oveja de su rebaño, el senador Barack Obama, y su intento en obtener la candidatura de su partido para las próximas elecciones presidenciales.

La denuncia de Obama a su pastor, o lo dicho por su pastor, fue tanto en forma como en sustancia pero si condicional a los existentes problemas raciales que todavía afligen a esta nación. Y eso es algo que la mayoría de los conservadores estadounidenses simplemente no toleran… tiene que ser una denuncia incondicional, y una adherencia total a la filosofía de que “EEUU no hace nada mal”, de lo contrario deja de ser una denuncia.

Aunque cuestionemos el camino que Obama siga, o su habilidad a forjar cambio en el país, por lo menos si aparenta ser una persona honorable y capacitada… a diferencia de casi todos los políticos de este país; y eso, desde luego, no le ayudará a lograr la candidatura de su partido; y, de obtenerla, de llegar a la meta y ser elegido como presidente. Seguramente se le atacará por tener un nombre con solo una letra de diferencia del que fundara Al Qaeda (Osama). Las mentiras y denigración contra el senador se presentaran con toda su fuerza, y los sabuesos fascistas rastrearan bosques y marismas buscando a este terrorista mitad-negro que se atreve a decirnos que tenemos problemas raciales que resolver. En realidad el acoso ya ha empezado con salvas de aquí y de allá aunque por ahora todavía de forma moderada por aun no llevar sobre sus hombros la candidatura Demócrata… no antes de que le pongan en el cuadrilátero con John McCain.

La cólera de los negros estadounidenses es real, sumamente real, aunque se le haya puesto un parche. Tanto el sistema jurídico como el de prisiones son una vergüenza para un país del primer mundo, vergüenza que además afecta desproporcionadamente a los negros… aunque no sean las únicas instituciones donde esto ocurra. Cuando la dominante Norteamérica Blanca no consigue o consiente que se haga algo sobre estos problemas… ¿cómo es posible que la gente se sorprenda cuando juicios en materia criminal se convierten en juicio políticos, como los de O.J. Simpson y Mumia Abu-Jamal?

Solo hemos tocado en el resentimiento racial – que por cierto afecta a otros grupos, y no solo a los negros – pero también puede aplicarse a la cada día más alarmante desigualdad económica que viene acelerando la desaparición de sueldos viables que siempre tuvieron en este país la clase trabajadora y media. Tanto la furia racial como la económica que afectan a la “Otra Norteamérica” seguirán creciendo en los próximos años, logrando un status de súper-mayoría que es posible implique la demanda de cambios drásticos en la nación: sociales, económicos y políticos.

No es visión doble lo que nos hace ver dos EEUU… tan solo es ceguera política que hace que solo veamos uno. La distancia entre estos dos EEUU necesita ser estrechada pronto y de manera drástica o continuaremos siendo los Estados Unidos de Resentimiento, y no los Estados Unidos de América que decimos ser.