Voces contra la guerra no son necesariamente pro-paz

En casi todos los países que me vienen a la mente existe una alta correlación entre estar en contra de la guerra y ser pro-paz. No es así en Estados Unidos. En nuestro país el oponerse a la guerra no indica necesariamente el que seas defensor de la paz. Una buena parte del sentimiento contra la guerra parece ser mas bien un sentimiento contra la forma en que se lleva la guerra sin base alguna en su moralidad o en lo que pueda ser el concepto universal de paz. Fue así durante los años de la guerra en Vietnam y continua hoy día, mientras EEUU busca resueltamente su destino imperial.

Solamente necesitas visitar los más frecuentados sitios Web con sede en EEUU que están en contra de la guerra y echar un vistazo a sus listas de colaboradores. Aunque no veras entre ellos ningún ultra-conservador, y tan solo unos pocos Republicanos (Pat Buchanan es un buen ejemplo) y Libertarios (que Ron Paul encabeza) apostaríamos que la mayoría de estos escritores están en desacuerdo con la guerra por motivos económicos, o quizás por la estrategia que se sigue, o las bajas que se infligen a los norteamericanos y lo que sufren sus familias. Su preocupación es sumamente menor en sus escritos acerca de la destrucción infraestructural en esas naciones agredidas, o el sufrimiento por esas decenas de millones de su población – o los millones forzados al exilio – o el numero alarmante de bajas civiles, o la repugnante naturaleza militarista de estas guerras de elección declaradas por poderes abusivos. Y aun mas importante, el nunca poner a tela de juicio los principios fundamentales de la política exterior de EEUU… tan solo el estilo con que son implementados por George W. Bush.

Los norteamericanos puede que no apoyen los resultados que fluyen de Irak pero su apoyo bipartita al wehrmacht estadounidense se conserva casi intacto. Y los políticos, reconociéndolo, tanto Republicanos como Demócratas, saben que tienen que ponerse disfraces que luzcan en ellos con tono agresivo para poder ser elegidos. Eso ocurre a todos los niveles políticos, y es un prerrequisito del que todo candidato a la presidencia no puede prescindir. Así que no nos sorprende el que Barack Obama haya formulado esta semana un “plan para Pakistán” tras haber denunciado la semana pasada a Hillary Clinton como una “Bush-leve” en su política sobre Irak. Aparentemente Obama se dio cuenta que sin rendir homenaje a “la hermandad militarista” en el gobierno se cierra su oportunidad política y en efecto se da de baja.

Visitando la historia que precedió o tomó lugar durante la Segunda Guerra Mundial en Europa, son muchas las veces que nos preguntamos “el por qué” la población alemana consintió, aunque solo fuera por omisión, todos los crímenes horribles cometidos por su gobierno contra pueblos y naciones, así como muchos de sus ciudadanos. Situación paralela existe hoy en EEUU que se agrava por el alto nivel tecnológico en el mundo de información. Es un tópico que los norteamericanos prefieren siga en silencio ya que no existe un Nuremberg en el horizonte para sus lideres. El Eje de Vergüenza (Bush-Cheney) no tiene que saldar cuentas con nadie, y todos sus críticos reciben la burla que pone a juicio su patriotismo, la burla que recibieron las Dixie Chicks.

Es triste que rehusemos el consejo que nos fuera dado hace dos milenios por el filosofo hispano-romano Séneca cuando escribió, “Aquel que no evita un crimen cuando puede hacerlo, lo promueve”. Y nosotros, el pueblo estadounidense, hemos fomentando ese crimen en Irak… y hasta aparecemos dispuestos a añadir Irán y otras partes que se consideren apropiadas y necesarias por los poderes que controlan el Reichstag de Washington.

Es difícil no darse cuenta que la prensa extranjera, particularmente la del Medio Oriente, se consuela al ver caer en EEUU tanto la popularidad de Bush como la del conflicto en Irak. Pero la interpretación de los resultados que nos puedan traer Pew, Gallup u otras organizaciones que realizan estas encuestas, probablemente sea errónea, y se basen en un optimismo “esperanzador” de que termine la guerra, o la posibilidad de un cambio en política exterior estadounidense. Y la verdad es que ese optimismo carece de fundamento, y que en las próximas elecciones presidenciales, se elija a un Demócrata o a un Republicano, la política exterior no cambiara en su esencia… y que lo de la popularidad de Bush es algo irrelevante. La presencia militar norteamericana en Irak es probable que continúe por muchos años.

El como los estadounidenses ven el mundo, y su lugar en él, hace que los resultados de estas encuestas carezcan de significado en materia de política internacional. Y eso continuará sin ser interrumpido siempre y cuando los norteamericanos se consideren como defensores de democracia y libertad en el mundo; y que cada cuatro años vayan a las urnas no simplemente para elegir a un presidente de su país, sino más bien en la creencia de que a quien elijan será “el líder del mundo libre”.

Solamente una impugnación con éxito de Bush, Cheney y el fiscal general Gonzáles, traerá un cambio en la opinión pública estadounidense, creando una verdadera voz pro-paz. Y eso no ocurrirá hasta que el infierno se congele… o nos venga una verdadera carnicería económica en el país. Puede que lo último ocurra.