Un cambio rápido de predominio a matonismo

No soy golfista, pero mi buen amigo Bill si lo es, al punto que muchos le considerarían un golf-adicto. De todas formas en muchas ocasiones me pongo a ver en televisión eventos profesionales de ese deporte, tanto de varones como de féminas, ya que como deporte para televidente lo encuentro relajante, además de no tener que ofrecer lealtad artificial a equipo alguno. Y por si eso fuese poco, también me ofrece la oportunidad de hacer multitareas, entre ellas escribir.

Este pasado domingo, Bill me invitó a que le acompañase al último round del torneo Safeway Classic del LPGA (damas). Las féminas del golf profesional estaban en la ciudad jugando en el campo del Columbia-Edgewater CC, que yo hace mucho tiempo denominé como “residencia alterna” de Bill. Este evento anual ofrece a la población masculina casada de Pórtland una oportunidad “en vivo” de interpretar lo que nuestro ex-presidente Jimmy Carter pudo querer decir con aquella frase de “cometer adulterio en su corazón”, ya que este grupo de talentosas golfistas hace labor extraordinaria en ayudar a dar coreografía apropiada a ese escenario de lujuria.

Pero no temáis, ese tema de lujuria no se tocará, ni tampoco ese otro de porqué estas chicas del LPGA “rock-ean” mas aun de lo que se las promociona. Como tampoco es mi tema la figura actual del golf femenino, Lorena Ochoa, quien ganó el torneo – su tercera victoria consecutiva tras su coronación como “Prima Golferina”. No, no es acerca de esta persona y atleta consumada, sino el nivel de expectativa con que se la apareja por los medios que viven del golf, tanto locutores como escritores.

Parece como si durante esta última generación, estos comentaristas, no solo en golf sino en otros deportes, recurren al colorido de su labia o pluma a lo que muchas veces son pinceladas despectivas sobre estas figuras que ascienden o descienden de esa cima estelar. Solamente cuando han sido coronados, sin pretendientes cercanos a esa corona, que se les ofrece la adulación y el tratamiento majestuoso… pero eso solo si se mantienen distanciados de “la plebe” profesional y continúan predominando en ese deporte.

Años atrás, un cronista de deportes local, contestando a mi pregunta de porqué esa actitud patriotera en los comentaristas de los Juegos Olímpicos de Verano, me confesó que el psique estadounidense había cambiado drásticamente durante los años 80, y que los deportes simplemente seguían el modelo de nuestra sociedad en política exterior… de que el que queda encima lo gana todo, sin podio para plata o bronce. Según él, el ideal norteamericano de “apoyar al más débil” desapareció con la llegada del “despertar norteamericano” promulgado durante los años en que Reagan fuera presidente.

Un rol predominante en un deporte como golf puede traer enormes beneficios en el crecimiento y popularidad de ese deporte; eso es, siempre y cuando el rol lo tenga alguien con habilidad dentro y fuera del “green”, así como la estatura moral y personal, y llevar el papel con elegancia y humildad. No me cabe la menor duda de que la Sta. Ochoa aportará con creces lo que se espera ella haga por el golf femenino.

Un papel predominante en política internacional también pudiera aportar altos beneficios al bienestar económico y social del globo, dando a su vez oportunidad a la creación de paz y armonía entre los pueblos. Ese rol lo heredó EEUU al terminar los años 80; pero, desafortunadamente, esta nación no estaba preparada para asumir tal responsabilidad con suficiente inteligencia y humildad. Por el contrario, ayudado por una política bipartita, el gobierno trasformó su adquirido predominio en matonismo… llevado a una forma de arte moral por el gobierno de Bush y sus centuriones neoconservadores.

No hay nada tan obvio en el atentado estadounidense para obtener hegemonía global como su comportamiento con las naciones y pueblos del Oriente Medio: desde su clara interferencia en la política interna del Líbano, a las aventuras genocidas en Afganistán e Irak, o el tratamiento amenazador hacia Siria e Irán, o la descarada matonería en el castigo económico impuesto a un gobierno democráticamente elegido en Palestina. Nos quedaríamos cortos si no añadiésemos a todo eso la intromisión de Washington en la formación política de las antiguas republicas soviéticas, o el golpe para derrocar a Hugo Chavez en Venezuela (2002). La metamorfosis de predominante a matón fue veloz necesitando tan solo una fase.

Sin embargo, esa hegemonía estadounidense ya no se puede basar en lo débil o frágil que aparenten ser otras naciones en sus economías o poder bélico, ya que las viejas percepciones están apareciendo como incorrectas. Tanto Rusia como China llevan camino ascendente en su potencial; China flexionando su musculatura económica; y Rusia deshaciéndose por fin del complejo que adquirió al desmoronarse el imperio soviético y su difícil lucha al cambiar de sistema, algo esto último de lo que EEUU tiene gran culpa. Además existen otras naciones y regiones importantes que comparten ese camino ascendente. Todo esto está ocurriendo al mismo tiempo en que EEUU aparece ante el mundo, económica y militarmente, como una pretenciosa burbuja lista para explotar.

Y pensar… ¡EEUU tuvo un día la oportunidad de predominar con inteligencia, elegancia y humildad... igual que Lorena!