Sobre misiles, antimisiles y objetivos humanos

A veces ciertos acontecimientos regionales, nacionales o internacionales adquieren gran significado y tallan un hueco en nuestra memoria donde permanecen por el resto de nuestras vidas; asumiendo, claro está, que tales tengan importancia personal. Para muchos que sobrepasábamos el uso de razón hace cuarenta y cinco años, surgieron sucesos clave en octubre de 1962 que alteraron nuestras vidas para siempre.

Aquí en el Noroeste del Pacífico (EEUU) el 12 de octubre cesó de simbolizar la llegada de aquel hombre, Cristóbal Colon, a las Americas convirtiéndose en una fecha, un aniversario de otra llegada: la Tormenta del Día de Colon – un desastre natural sin precedente por estos lugares, con ráfagas de viento de hasta 270 Km. /h, que dejó a su paso 46 muertos y daños económicos que superaron los mil millones de dólares (actuales). En su aniversario, la conversación gira en torno donde se encontraba cada uno ese día; no en la posible ascendencia de Colon, o en sus tres carabelas.

La independencia de Uganda o la entrada de Argelia en la familia de la ONU fueron acontecimientos importantes para la gente de estas naciones ese octubre; pero, fueron dos eventos internacionales los que conmocionaron al mundo, uno con una dimensión critica temporal, el otro de naturaleza religiosa. Tres días después que el Papa Juan XXIII convocara el Concilio Vaticano Segundo, que pregonó cambios mas allá de la liturgia católica, el mundo se vio amenazado con guerra nuclear: el comienzo de la Crisis de Misiles Cubana – conocida como “Crisis del Caribe” para los soviéticos, y “Crisis de Octubre” para los cubanos.

La crisis duró dos semanas… entre el 14 de octubre, cuando un vuelo U-2 sobre Cuba fotografió la instalación de armas nucleares soviéticas; y el 28 de octubre, fecha en que Kruschev ordenase el desmantelamiento de sus misiles en Cuba, de esa forma terminando el estancamiento entre las dos potencias. Lo que no fue dicho en público entonces, quedando en secreto en este acuerdo donde U Thant, Secretario-General de la ONU tuvo una participación importante como intercesor, fue el quid-pro-quo entre EEUU y la URSS que incluyó el desmantelamiento de misiles nucleares estadounidenses en Turquía. Eso invistió a Kennedy con un aura de héroe e hizo de Kruschev un perdedor… algo que empañaría sus dos años restantes en el poder.

Dos décadas después un destino similar al de Kruschev le caería al último líder soviético, Mikhail Gorbachev. Un reformista que intentaba traer una vida mejor para el pueblo soviético bajo el estandarte de Perestroika-Glasnost, como a su predecesor Kruschev, se le terminó considerando por muchos como perdedor frente a su homólogo estadounidense, por aquel entonces Ronald Reagan; muchos de sus compatriotas hasta cifrándole de traidor y verdugo del comunismo sovietico.

Bueno, pues nos parece que Putin no va a ser la tercera baja contra esa actitud unilateral de “hago lo que me da la gana” del mandatario norteamericano; y lo que recibió de Bush en Heiligendamm (Alemania) el pasado junio durante la cumbre de los G8, o un mes después en el recinto de los Bush en Kennebunkport (Maine) fue un plato de desabrido “tofu” que se le ofreció como langostino. Pero Putin, con un paladar intacto, diplomáticamente le dijo a Bush que retirase el plato y se lo llevara a los cocineros del Pentágono; que la defensa antimisiles que EEUU intentaba activar en Europa Oriental, a una distancia “Cuba-Florida” de la Federación Rusa, no es sino un simulacro de lo que originó la Crisis de Misiles Cubana. Esta venidera, y aquí bautizada, Crisis de Interceptores-Misiles Polaca tan solo usará como subterfugio el “peligro iraní” – algo con una credibilidad similar a la que pudiera tener el que a Bush se le otorgase el Premio Nóbel de Paz.

Bush ha malgastado la subvención que Putin le diera después del 9/11, que aparentó ser no solo cuantiosa sino ofrecida de buena fe. Acontecimientos subsiguientes como el conflicto en Irak, la actitud belicosa estadounidense hacia Irán y la muy estrecha definición que Bush le da a “la guerra global contra el terrorismo” han hecho que el liderazgo ruso haya dado la media vuelta en sus relaciones con Norteamérica. Con una economía próspera y emergente, y con el talento casero así como los recursos naturales necesarios para ser autosuficiente, no cae de sorpresa que Putin haya puesto en su lugar al personaje de la Casa Blanca, a diferencia de los vasallos europeos, y hecho saber al mismo tiempo que su nación no aceptará un rol servil a Estados Unidos.

Hemos tenido un largo desfile de altos dignatarios rusos, militares y diplomáticos, que han puesto muy en claro la postura de su país en materia de seguridad nacional; y de las bocas de Kislyak, Lavrov, Baluyevski y muchos otros más, el mensaje ha sido firme y uniforme: no permitiremos que nos piséis, Norteamérica. El haber mandado esta semana pasada a Condoleezza Rice y a Robert Gates como emisarios-proveedores del mismo plato de “tofu” no es solo imprudente por parte de Bush sino una idiotez de los dos ministros el haber consentido a ello.

Por muy indecoroso que haya parecido el que Rice y Gates esperasen 40 minutos, y de que el encuentro se iniciase con un monologo largo de Putin, el trato de Putin fue demasiado cortes para los dos camareros que le traían el mismo plato, recalentado, que él pidió a Bush mandase a la cocina tres meses antes. Otro mandatario quizás se hubiese comportado menos indulgente y le hubiese dicho a Condi que su don cirílico era de la calidad del que su amo mantiene en sus inflexiones de Tex-Mex que llama español, o algo por el estilo. Pero Putin mantuvo su calma.

OK, así que Kruschev “perdió” por puntos ante Kennedy cuando en realidad fue su sentido común lo que le dijo que el estar superado en armamento 5 o 6 a 1 no augura buenos resultados. Y estamos de acuerdo que Gorbachev en su idealismo quizás pecase de ingenuo, y tuvo que dar su brazo a torcer ante el Robin-ladrón Reagan. Pero según lo que ahora estamos viendo, Putin no permitirá el tercer “strike”… y a la tercera es la vencida. Estados Unidos finalmente ha conseguido deshelar al Homo sovieticus y traer una segunda parte a la guerra fría.

La parte triste a este comentario es que son los pueblos los que siempre terminan como diana de estos misiles: en Cuba, en EEUU, en Europa, en Rusia y “sus contornos”, así como en una buena parte del Medio Oriente… en casi todos los lugares donde la gente prefiere encontrar paz y justicia social sin interferencia de superpotencias y sus misiles, no importa que sus cabezas de guerra sean biológicas, convencionales o nucleares.