¿Serán los estadounidenses de hoy los antepasados pródigos de mañana?

Esta historieta a modo de advertencia emplea como caracteres animales que hablan y actúan como humanos, como en las fábulas de antaño; claro que estos animales son también miembros del género homo aunque sean de una nueva especie; especie con una capacidad craneal reducida y una patente ausencia de moralidad – aun en aquellos que se rigen por rituales o creencias religiosas.

Durante este pasado medio siglo hemos sido testigos a la llegada del Homo prodigus, difícil de diferenciar del Homo sapiens, excepto por la falta de juicio en el prodigus al permitir el desenfrenado y voraz apetito por el consumo y el despilfarro. Aunque a este Homo prodigus puede encontrársele por todo el mundo industrializado, y detectado aquí y allá en todas partes del tercer mundo, su entorno preferido aparenta ser esta tierra de leche desnatada e imitación de miel de arce vermontina… nuestro Estados Unidos.

Cierto que esta especie prodigus no puede patentársele solo a EEUU, pero nació aquí, y también fue aquí donde pasó su niñez, así que esta historia pudiera muy bien ser una fábula estadounidense.

En un mundo donde se trata de esconder, o por lo menos barrer bajo la alfombra, la miseria y el sufrimiento al mismo tiempo que complacemos nuestros sentidos con lo que la riqueza (ganada o prestada) nos pueda comprar existe un lugar de importancia para este exuberante consumidor que reina supremo. Comportamiento en el consumo de este prodigus extremo se ha convertido en la norma por la que se mide el estado de la economía, determinando la importante tasa anual de crecimiento en el PIB (Producto Interior Bruto); y a su vez el nivel de prosperidad, renovando así el optimismo de los consumidores auto-hipnotizados que continúan derrochando en círculos. Pocos son los que preguntan lo que esta prosperidad a corto plazo significa, o como se logra; o, aun mas importante, como pudiera afectar nuestras vidas no solo en el presente, sino también las vidas de generaciones futuras.

Si la prosperidad ha dejado de ser el resultado de un aumento en productividad – después de haberse justificado todos los costos – o el producto de la inventiva o el genio del hombre, entonces… ¿de donde proviene? ¿Es acaso el resultado de una explotación innecesaria o indeseable de recursos no renovables, o el canibalismo del patrimonio de generaciones futuras, lo que dejaría un mundo fondeando en recursos pero hasta el borde en deuda? ¿Y de ser así, como es posible que aun la conciencia enana del prodigus pueda copar con ello?

Muchos defensores de este comportamiento derrochador probablemente se apoyen en lo que John Maynard Keynes dijo, y es que “A largo plazo todos estamos muertos”. Claro que lo que este renombrado macro-economista no dijo, pero que se equipara en importancia es que la muerte llega dentro del espectro entre dos estados de mente: uno de paz y contento, el otro de inquietud y pesar. Y creo que la mayoría de nosotros – no importa nuestra relación con el deísmo – prefiera estar mas cerca al primero.

En este mundo en que cohabitan Homo sapiens y Homo prodigus, la directiva de los sapiens ha sonado la alarma sobre nuestros hábitos de despilfarro forzándonos a consultar el santo oráculo de estos tiempos: el espejo de la Sostenebilidad Ecológica.

El análisis de la huella ecológica, nos dicen, indica que el estilo de vida actual, y el nivel de sobre-consumo en EEUU, no es sostenible… con la preocupación de que es mejor que nos vistamos de verde y optemos por consumir mucho menos. Al Homo prodigus se le ha hecho saber que el consumo conspicuo y el calentamiento global han entrado de lleno en el debate, no como temas cómicos o estrafalarios como hace poco fueran gracias a instituciones y políticos conservadores, sino como la realidad de hoy día.

¿Significa esto acaso que el Homo prodigus va rumbo a una extinción como la de aquel Homo neanderthalensis de hace 24 milenios? Quizás, pero el prodigus estadounidense jura que no caerá sin dar batalla, ya que el norteamericano cree recibir un derecho al nacer de poder vivir en opulencia toda su vida. Pero desafortunadamente para este prodigus que vive bajo las barras y estrellas, de poco le sirve lo que piensa. Al paso acelerado en que el distanciamiento entre rico y pobre está ocurriendo en EEUU – a una rapidez del doble al triple con relación a otras naciones industrializadas – este Homo prodigus probablemente desaparezca en una o dos generaciones, dando paso a dos nuevas especies: Homo copiosus, conocido como los Haves (ricos), y Homo penuriosus, representando a casi todos los estadounidenses, los Have-nots (pobres).

¿Pero sabéis que? La nación estadounidense sobrevivirá, y también el resto de las naciones… convirtiéndose el planeta en un mundo ecológicamente sostenible con una economía global donde el 1 por ciento de la población poseerá el 99 por ciento de la riqueza. Esa será una forma “simple y acertada” para asegurarnos de que el 99 de la población se mantiene verde… y no gasta más de la cuenta.

Si el planeta logra un balance ecológico, los estadounidenses de hoy dudosamente terminen siendo los antepasados pródigos para generaciones venideras.