Santiago de Plains denuncia al gobierno de Bush

Estaba en ebullición por dentro, como lo estuvo la montaña Saint Helens el 20 de mayo de 1980; y de la misma forma que el ex-presidente Jimmy Carter no pudo contenerse mas y desafiando la crítica por venir de las consabidas partes, dejó a sus sentimientos convertirse en lava haciéndonos saber con una diplomacia bastante tasada lo que opina del gobierno de Bush y sus fallos… su arranque saliendo paralelo al que yo tenia.

Hoy se cumplen 27 años que estuve en primera fila viendo la erupción de Saint Helens, en una tarde dominical, apenas a 40 millas de distancia. Hoy también me uno a Carter en su crítica, considerándola una explosión de patriotismo en este aniversario… y fecha en que él era nuestro presidente – y a quien el año pasado bauticé como Santiago de Plains (Saint James of Plains) en honor a su coraje en defensa de la causa palestina.

Una vez más, y esta vez en negrita subrayada, quiero asegurar a todos que no odio, repito… no odio, a George W. Bush. Esa es una pregunta que recibo en mi correo con gran frecuencia, superada tan solo por otra que pone en lugar del presidente a las tropas. Los que me lanzan esas dos preguntas parecen sacar conclusiones demasiado precipitadas, probablemente basadas en premisas falsas sin duda motivadas por la implacable disensión que leen en mis artículos; una disensión que probablemente no difiera mucho a la de Carter o muchos otros concernidos y racionales norteamericanos.

Llegó la hora en que clarifique lo que siento por alguien que ni me disgusta, ni por el que siento odio. Claro que eso tampoco implica que tal individuo me caiga bien.

Sea o no tan solo un detalle técnico, siento que gustar o disgustar, odiar o querer, es algo prematuro que no se debe otorgar a alguien que no has conocido, y con quien no te hayas sentado a la mesa. Júzgale si te es necesario por lo que haya hecho pero no permitas que una pizca de emoción se mezcle y lo convierta en algo personal. Eso no nos impide que resintamos, completamente despreciemos o hasta odiemos políticas y leyes que se infligen a una ciudadanía incapaz, anestesiada con el cloroformo político y toxico que trae el temor junto al falso patriotismo. Al final de cuentas, ¿no es eso lo que hemos estado viviendo por casi seis años?

¿Acaso no tiene lógica el que echemos la culpa al “capo” que gobierna desde la “Casa Bianca” otorgando favores y proporcionando el “beso de muerte” como si fuese el “padrino” no solo de EEUU sino del mundo entero? Este beso de muerte mafioso ha afectado a millones de personas fuera y dentro de este país. Pero aunque me vea apasionadamente odiando casi todo lo que el Capo Bush viene haciendo por seis años prefiero pensar que Bush es simplemente alguien a quien no he conocido; una persona con quien no he compartido tapas u otras delicadezas culinarias.

La caracterización hecha por Carter de que el gobierno de Bush es el “peor” en la historia de este país se basa claramente en la política exterior adoptada por Bush que explícitamente acepta el concepto de guerra preventiva (Irak) además de una posición tergiversada en el conflicto Palestina-Israel, criticándole por no haber tenido ni siquiera una charla en Israel. En cuanto al frente domestico, el criticismo de Carter, quien es un individuo profundamente religioso, se debe a la forma en que Bush ha renegado de esa larga tradición en EEUU de separación entre iglesia y gobierno, dado los miles de millones de dólares concedidos por Washington a caridades eclesiásticas.

Mi propio criticismo coincide con el del ex-presidente Carter en esos dos terrenos, pero va mucho más allá, viendo a este gobierno como un amigo íntimo de un sistema único de patrocinio capitalista siendo al mismo tiempo un enemigo frontal a la iniciativa libre y moral. Increíble pero cierto… ¡si existe tal cosa como la iniciativa libre y moral! Con un programa que aparenta estar diseñado para expropiar al pobre de lo poco que le queda, Bush ha llevado a la nación desde su primer día en la presidencia por el camino que ha hecho de EEUU un país sumamente apalancado… económicamente, políticamente y moralmente; un país dando pasos agigantados hacia la bancarrota. No cabe duda que la visión que Bush tiene de EEUU es una de “orden y clases”, un tipo de conservatismo claramente regresivo que está llevando a la mayoría del país marcha atrás, debido en parte a la economía global y a un sistema tributario regresivo.

Auto-designado como “decididor” – se asume que con el consentimiento de Kart Rove, su consigliere político – este capo de alta alcurnia no se nos presenta como persona que en simple apariencia incite ira que pueda trasformarse en odio, no importa lo que su presencia implique, o su sonrisa de suficiencia. Y aparezca donde aparezca, bien sea detrás del podio presidencial o entre un grupo de personas cuidadosamente cernidas y afines a su política, Bush no inspira odio, tan solo cierto bochorno en espera de que diga algo pueril, simplista y repetitivo. Esto nos indica que en la jerarquía de esta mafia neoconservadora el capo no necesita ser elocuente, tan solo necesitan serlo los consiglieri. Y algo más que estos consiglieri deben ser… firmes, perentorios, no importa la basura o mentiras que nos estén lanzando. Eso es, firmeza, como la que ejemplifica Dick Cheney, o Condoleezza Rice o tantos otros consiglieri del pasado y del presente cuando nos pronuncian esa “stronzata” – sandeces de pe a pa – de una forma elocuente, o por lo menos educada.

Carter también criticó a Blair por su rol servil en el affaire Irak, una mancha enorme en lo que ha sido una carrera honorable al servicio del país. Claro que Carter ni siquiera mencionó a la tercera persona en el encuentro preinvasión que ocurrió en Las Azores. Aparentemente, para Jimmy Carter un tonto presuntuoso no se merece la tinta.

Es natural que la “Casa Bianca” haya descartado esta denunciación de Carter como proveniente de una persona irrelevante, algo que también consideran y siempre han considerado al resto del pueblo norteamericano.