¡Rove no tendrá que decir nunca lo siento!

Ya es oficial; para finales de mes, Karl Rove dejará la Casa Blanca. Será por iniciativa propia, sin ser acusado por la ley y, lo que es más importante, sin tenerle que pedir a su admirado jefe y amigo intimo, un perdón presidencial. Llegó la hora de que ese gran maestro que dirige la Busharmónica de Washington deje su batuta; se tome un respiro de media edad; descanse un poco; escriba un libro; y, quien sabe, quizás hasta estudie las asignaturas que le faltan para licenciarse de Ciencias Políticas. Dejemos que sea otro quien dirija la música fúnebre que sigue componiéndose en la Casa Blanca: “La Misa-la-media en B Menor” de Bush… que de Bach no es.

Tengo la impresión que este astuto maquinador político prefirió el no terminar su carrera para que de esta forma le podamos seguir considerando como el eterno bromista universitario en el campus a quien le pueden pasar por alto el juego sucio político si es que sospechan de él, o aun si le pillan in fraganti. Esa combinación de bromista-empollón le daría la tapadera perfecta.

Su éxito como estratega principal en elecciones tanto estatales como nacionales seria algo envidiable en cualquier deporte, y sus resultados 6 a 1, ganados a perdidos, en más de 40 ocasiones (elecciones) otorga fiabilidad estadística para llegar a esa conclusión. Claro que para muchos de nosotros eso no le convierte en genio político, o en gran estratega, ni siquiera en idealista con causa – en este caso el conservatismo en sus muchas formas y tonalidades. Es simplemente el sinvergüenza personificado, operando siempre bajo nubes amenazantes pero sin llover; a menudo bajo sospecha pero pocas veces pillado con las manos en la masa en este insano y antidemocrático clima de jugarretas en que está sumergida la política bipartidista en Estados Unidos, y que trae nuestra alabada democracia al nivel de una rutina de comediante.

Nuestra “Historia de Rove” empezó en el mismo año (1970) en que “Historia de Amor” se estrenó en las pantallas de cine estadounidenses. Mientras que Ali MacGraw y Ryan O’Neal nos ofrecían su obra sentimentaloide, Rove recibía su bautismo de fuego como estrella de primera división… en política, con su primera cerdada (broma de joven, según Rove) en la elección del Tesorero Estatal para Illinois. La criminalidad política no ha cesado desde entonces para Rove.

La habilidad innata en argucia y engaño político puede que empezasen a tomar forma en 1970, pero fue durante la campaña presidencial de Nixon en 1972 que llegó a su mayoria de edad, literal y políticamente, bajo la tutela de Donald Segretti (uno de los conspiradores convictos del caso Watergate).

Esta “Historia de Rove” aunque sea larga en duración política no es nada complicada. No se le pone nada ni nadie de por medio para lograr su fin que en la ultima década no ha sido otro que el de llevar a George W. Bush a la Casa Blanca y el mantenerlo allí. Sus antecedentes con los Universitarios Republicanos, seguido de su participación en la política tejana,con Bush Padre… antes que el hijo, han sido bastante desmenuzados en tres décadas de prensa; y tres autores, David Kuo, James Moore y Wayne Slater han sacado a relucir en sus libros datos complementarios, nuevos conocimientos y perspectivas.

Para periodistas investigadores Rove ha sido un intermediario y fuente de información casi siempre, y rara vez el blanco. Y eso le ha permitido a Rove librarse de “asesinato”, del tipo moral o ético. Le permita o no su salida de la Casa Blanca continuar ocultando evidencia inflamable para la Casa Blanca (tales como el caso Plame, la despedida de abogados federales, y la “desaparición” de correos electrónicos) nadie lo sabe, pero su buena fortuna continuará acompañándole. Aunque muchos esperemos no sea así.

Karl Rove ni ha sido el “seso” de Bush – un buen tópico de conversación y titulo de libro – ni tampoco ha hecho a Bush presidencial, como lo prueba la carencia total de materia gris en todo lo que ha hecho el gobierno; y el vergonzante personaje que ocupa la Casa Blanca, de presidencial nada. En cuanto a las aptitudes arquitecturales de Rove, todos edificamos casas con cartas de baraja que irremediablemente se caen. Argucia y engaño no reemplazan los conocimientos de CAD de un delineante.

Desafortunadamente, EEUU ha tenido que soportar la mezcla horrible que ocurre en política cuando un confabulador sin escrúpulos se encuentra con un idiota, y ocurre esa reacción química. “Gran cantidad de carisma, pavoneo, botas de vaquero, chaqueta bomber, linda sonrisa, simple carisma – entenderme, ¡caramba!”, recuerda Rove de su primer encuentro con el joven Bush. Es por esa Burns-Smithers relación, sacada de Los Simpson, que los norteamericanos pagan, y continuaran pagando caro.

Y, lo mismo que en “Historia de Amor”, Karl Rove no tendrá que decir nunca lo siento.