¿Renunciaran los palestinos al canibalismo político?

Los israelíes no necesitan una quinta columna en Palestina. Al final de cuentas, creo es fácil aceptar que tales quinto-columnistas no hubieran podido hacer mejor labor, o haber tenido más éxito, que el otorgado por los palestinos en esta lucha mutuamente destructiva. Esta victoria ha sido tendida a Israel por una ciega auto-destrucción que cala todos los aspectos de esa lucha por el control entre Fatah y Hamas.

Un gobierno de unidad, o una unidad en el gobierno, no es suficiente. Tan solo una unidad completa para lograr un fin definido, sobre impuesto a ideología y políticas de partido, puede salvar la situación para la Autoridad Nacional Palestina. Los palestinos no podrán lograr su objetivo a menos que marchen hacia adelante con una sola voz, y un fin determinado; y no como un pueblo que se percibe al borde de una guerra civil. Las dos facciones que representan a los palestinos dan al mundo evidencia de que falta un juicio critico en ese liderazgo fraccionado.

Existe consenso entre los observadores veteranos del conflicto entre Palestina e Israel de que ambas facciones palestinas están tan absortas en obtener preeminencia a toda costa que se olvidan que el mundo observa su comportamiento. Y su obvia indiferencia a ello, es posible termine costando demasiado caro a todo el pueblo palestino.

¿Acaso se les ha olvidado que su verdadera lucha como palestinos es apolítica? ¿Que está por encima de lealtad a un nacionalismo secular, o la posibilidad de un estado islámico… o hecho delictivo, corrupción o cualquier otro tipo de incompetencia en el gobierno? Las aspiraciones presentadas al mundo durante seis décadas fueron mucho más nobles que todo eso.

Sin embargo llevamos cinco meses en que tanto Fatah como Hamas conjunta y desaprovechadamente, han malgastado el enorme capital fraterno de que gozaban los palestinos en los corazones y mentes de ciudadanos por el mundo entero… con la posible excepción de EEUU. Tal derroche se evidencia en los resultados de una encuesta que un amigo, profesor de ciencias políticas en una universidad de la UE, viene haciendo desde mayo de 1998, con un muestreo en la opinión de 650 universitarios sobre la popularidad de “la causa palestina”.

Por nueve años los resultados de la encuesta han dado una opinión general sobre los palestinos favorable con una variedad estrecha entre el 82% y el 87%; descendiendo este año al 57%. Y, aunque muchos sospechen que el culpable de ello sea Hamas, no es así; siéndolo la lucha interna entre palestinos. De hecho, la encuesta del 2006, cuatro meses después que Hamas ganara las elecciones, el porcentaje favorable era de 86, el segundo más alto en los nueve años.

Por lo pronto, de poco serviría si durante el próximo encuentro entre Mahmoud Abbas y Ehud Olmert el 7 de junio, el presidente palestino representase solo la política de su partido hacia Israel. Y lo mismo ocurriría con el primer ministro, Ismael Haniya, si los israelíes consintiesen hablar con él. A diferencia de cualquier representación israelí a las negociaciones, que se asume tendría el imprimátur del Knesset, tal no es el caso con los palestinos dada la percepción de que no llevan a la mesa una representación legítima. La beligerancia entre ambas facciones da validez a dicha percepción.

Si la unidad para un fin determinado no se puede conseguir por los dirigentes de Fatah y Hamas, no solo en apariencia sino de hecho, los palestinos labrarían un futuro mejor si estuviesen representados por algún nuevo grupo, esta vez apolítico, de palestinos sabios y cultos con todo el asesoramiento internacional que fuese menester. Este grupo podría actuar con rol de mediador en disputas internas (políticas) y, tras recibir los poderes requeridos, estar capacitado para negociar una paz con Israel. Proveería un puente temporal para que los palestinos puedan cruzar ese shibab al-nakba y por fin lograr la transformación de “hijos de la catástrofe” a constructores de una nueva y gran Palestina, una nación en paz permanente consigo misma y con sus vecinos.

Comúnmente es aceptado que la unidad trae fuerza mientras que la división debilita. Y en ningún lugar se hace esto mas evidente que en Palestina. Si la discordia política actual en la Autoridad Nacional Palestina no puede ser eliminada de forma total y permanente, quizás haya llegado la hora en que la lógica prevalezca y una nueva autoridad moral tome las riendas y de a los palestinos una visión general valida. El éxito para una paz digna y justa, y el establecimiento de una nación palestina, en estos momentos parece depender de ello; y también de cómo el resto del mundo se identifica con los derechos y necesidades de los palestinos.

El canibalismo político no es el camino a la victoria ni para Fatah ni para Hamas. Y está sumamente claro que tampoco lo es para obtener una vida mejor, o una medida de dignidad humana, para los palestinos.