Punto decisivo para la ONU

Es posible que Ban Ki-moon haya sido la elección correcta para liderar la ONU.

Los estadounidenses parece se identifican con él una vez que descubren que es el primer secretario-general en las seis décadas de existencia de la ONU que no habla el francés; aunque haya adoptado una “correcta sastrería”. Y la simpatía hacia él se dobla cuando se pronuncia partidario de una asociación sólida con EEUU. Esto quizás excluya el que EEUU mande otro cancerbero como Bolton para proteger sus intereses imperiales allí; no ahora que este afable surcoreano está a cargo.

¿Tenemos un nuevo amanecer en la ONU que augure su “salvación”? EEUU cuenta con Ban Ki-moon y esa transfiguración que tuvo hace 45 años cuando conoció al prometedor Mesías y entonces presidente de EEUU, John F. Kennedy. Como tantos otros jovenzuelos de los 60 con aspiraciones políticas o diplomáticas – entre ellos Bill Clinton – JFK se hizo su modelo de conducta política, y Ban Ki-moon nos recuerda que él fue uno de esos aspirantes.

Entretanto, mientras EEUU espera que esta transformación ocurra en la ONU, políticos y ciudadanos en el país continúan calumniando a esta augusta organización como si tuviera lepra.

A los norteamericanos les han lavado el cerebro con referencia a la ONU hasta el punto que una simple mención de esta institución invita el desprecio y el ridículo. No recuerdo cuando fue la ultima vez que haya oído un comentario loable de algo que haya ejecutado alguna de sus agencias; lo noble de su misión; o tan siquiera el rol positivo que EEUU tuvo en su creación.

Recuerdo que fue durante el periodo presidencial de Reagan que la difamación a esta institución llegó a su apogeo. La Casa Blanca vio ventajoso disminuir el rol de la ONU, real o percibido, en esos días en que la URSS se desmoronaba, permitiendo de esta forma el que EEUU emergiera como única superpotencia. Y los sonoros medios ultra- conservadores se dieron festín de buitres con mascaras de águila cabeza.

Por dos décadas las ondas han estado trasmitiendo un estridente y venenoso estribillo contra la ONU originado por la ultra-derecha. Ha estado de moda y con lucir patriótico el designar a la ONU como organización sin valía, corrupta y falta de mandato, a la vez que sirve institucionalmente con doble moral. Y por si eso no fuera poco, se les ha hecho creer a los norteamericanos que EEUU ha llevado una carga financiera muy por encima de lo que le corresponde para mantener a esta institución. Hasta el punto que la mayoría de norteamericanos están convencidos de ello, no importa su estado social, afiliación política o nivel de educación. Convencidos por su ignorancia.

En el pasado hemos intentado allanar ese montículo de mitos existente en la población estadounidense de que somos los grandes benefactores de los pobres y oprimidos en el mundo. Así que llegó la hora de que lo hagamos una vez más demostrando que no somos el tío rico que mantiene a la ONU vestida y comida. La ONU financieramente depende de la contribución de sus miembros, y EEUU es un miembro que ni siquiera contribuye lo que se pudiera considerar su justa porción. Su contribución del 22% de la suma total es considerablemente inferior al de su porción del producto bruto mundial, un 27,5% (según datos del Fondo Monetario Internacional – 2006). Lo que más me sorprendió después de enzarzarme en computaciones es que las siete siguientes economías del primer mundo – después de EEUU – cada una de ellas contribuye en proporción mucho mas que EEUU (Japón 167% más; Alemania 80%; Francia 64%; Italia 59%; Reino Unido 56%; Canadá 34%; y España 24%); y que en grupo su contribución en términos medios de riqueza fue de un 87% más que EEUU. Esto nos dice de forma clara quien ofrece subsidio y quien lo recibe entre los países más ricos.

Una mejor perspectiva pondría nuestra contribución a la operación anual de la ONU en 2 ½ días de lo que está costando el conflicto en Irak.

La ONU no necesita que se la salve ni por Ban Ki-moon ni por nadie. Lo que necesita esa organización es una reestructuración que acomode el mundo diferente de hoy a lo que fuera en 1945 cuando sus estatutos fueron adoptados bajo las exigencias y conformidad de los países victoriosos en la Segunda Guerra Mundial. No solamente el mundo es ahora diferente, sino que una serie de factores, incluyendo el económico, influyen en el comportamiento de naciones, y hasta regiones, creando nuevas demandas en derechos o formulas de convivencia hasta ahora inexistentes, o que las potencias dominantes han estado pasando de largo. En las próximas dos o tres décadas, China, India, la Unión de Estados Africanos, una posible nueva federación de antiguas republicas soviéticas, y asociaciones o confederaciones de naciones de Latinoamérica, Oriente Medio y Asia, estarán sentadas alrededor de la mesa internacional codeándose en todos los aspectos con las viejas potencias: UE, EEUU y Japón. No es cuestión de si eso ocurrirá, solo cuando ocurrirá.

Algo que la ONU no puede ser, ni que le sea permitido, es ser instrumento de política extranjera para una superpotencia: un imprimátur a la injusticia y hasta al genocidio vía el uso indebido de sanciones. Un ejemplo reciente que identifica este problema ocurrió cuando las sanciones contra Saddam Hussein después de la Guerra del Golfo (I) no estuvieron bien ejecutadas costando la vida de 500,000 niños iraquí, quizás más. Eso no es sino “genocidio legalizado” no importa la mascara que le pongas: humanamente, jurídicamente o moralmente.

Justicia, paz, seguridad, derechos humanos y desarrollo internacional no deben dejarse a la discreción de una única superpotencia, ni tampoco a la de un grupo privilegiado, como es el G8. Si Ban Ki-moon quiere hacer algo heroico, o que merezca la pena, lo puede hacer preparando la tierra para sembrar las semillas de cambio para un mundo mejor. Y ningún lugar mejor para comenzar esa reestructuración que con el simbolismo que pueda dar el establecer una nueva sede para las Naciones Unidas.

En vez de empezar las renovaciones del enclave neoyorquino el próximo año… ¿Por qué no empezar a construir la nueva sede en algún lugar geopolíticamente apropiado?
Madagascar, Sri Lanka y una docena de lugares más tienen mayor sentido político y económico que continuar en la Gran Manzana. Y hasta se podrían derivar beneficios económicos colaterales como resultado de esta mudanza. Sin ir más allá, el edificio de la ONU pudiera ser un reemplazo efectivo, tras ser remodelado, a las Torres Gemelas.

La ONU no necesita ser “salvada”… tan solo requiere “reestructuración” que la permita mediar con efectividad la diversidad del planeta y así poder lograr un mundo pacifico y justo a largo plazo. Aquellos norteamericanos sin fines imperialistas iban a estar muy ansiosos en aceptar dicha reestructura si es que hacemos caso al comentario que está a la orden del día de, “estamos cansados de ser el policía del mundo entero”. Si esto es verdad, ésta seria la oportunidad de probarlo. Así que Ban Ki-moon, haznos un favor y no intentes forjar una asociación sólida con nosotros; haz lo que sea correcto para cumplir la misión de la ONU, y por extensión, eso también será lo que mas nos conviene a nosotros.