¿Política exterior o dogma de asuntos exteriores?

¿Te puedes imaginar al Padre Política llevando a Barak Obama al confesionario cogido por la oreja para que se le perdonen todos esos pecados de política exterior? Aquellos entre nosotros que recibimos nuestra enseñanza infantil bajo la dirección de la Iglesia, antes del Concilio Vaticano II, quizás apreciemos mejor el significado de poder decirle al “padre” nuestros pecados cuando el sacramento se le conocía como Penitencia, o Confesión; y no por el nombre, social y políticamente correcto de Reconciliación. Pero con un poco de imaginación nos podemos trasportar a los años de la Misa Tridentina.

Norteamérica circa 1965 no era en realidad muy diferente a la de hoy. Ya había enterrado a JFK (John F. Kennedy) y se estaba preparando para enterrar a MLK (Martín Lutero King) y RFK (Robert F. Kennedy) en un par de años. Tanto comunismo como socialismo eran algo maligno entonces como lo son ahora, y atacábamos a esos molinos de viento – cambios sociales, políticos y económicos – con carga quijotesca de brigada ligera, imbécilmente envueltos en Vietnam y rechazando a Cuba por afirmar su independencia y buscar su propio camino. Y un poco a regañadientes estábamos listos a consentir la anticipada expansión de Israel. Han pasado mas de cuatro décadas y en materia de política exterior es poco lo que ha cambiado que merezca la pena.

El lunes, 23 de julio, Barack Hussein Obama, senador estadounidense representando el estado de Illinois, y uno de los candidatos declarados por la presidencia por vía del partido Demócrata, hizo ciertos comentarios en materia de asuntos exteriores que aunque muchos encontramos estimulantes, lanzó a los mandamases del partido en busca de un fuerte enjuague bucal para este personaje. ¡Caramba con este Obama!

Es dogma sacro aquí el aceptar que solo EEUU está iluminado para saber que naciones – o que líderes – son ángeles renegados, y cuales tienen la verdadera visión de Dios. La buena voluntad por parte de un presidente norteamericano en sentarse a la mesa con individuos como Castro, Chavez, Ahmadinejad, Kim Jong II, al-Assad y otros jefes de estado de ese “tipo”, algo que Obama dice estar dispuesto a hacer, es algo tabú sin una dispensa obtenida del Pentágono... o de Israel… o de las Rapaces Multinacionales… o de la Cuba Nostra, o de las otras columnas que sostienen el poder en la nación. Según la Senadora Clinton lo que Obama dijo fue algo ingenuo, algo que ella no haría; y de acuerdo con la ex-ministra de asuntos exteriores, Albright, los encuentros entre jefes de estado deben seguir un proceso de paso a paso.

Arrepiéntete jovenzuelo, confiesa tus pecados de política exterior y serás absuelto, puesto en estado de gracia para participar en la comunión presidencial. Y EEUU te promete que la penitencia no será ni tan siquiera un rosario, con o sin letanías. Únete a los otros suplicantes, todos candidatos en Santa Gracia, Demócratas y Republicanos, que quieren mantener la fe de nuestros padres y la esperanza de nuestros hijos, y así poder permitir la continuidad de nuestro consumismo. Arrodíllate en el reclinatorio y cuando se corra la rejilla di compungido, “Perdóname, EEUU, por haber pecado”.

¡Arrepiéntete, Barak Obama! O haces una confesión pública demostrando sin lugar a duda un arrepentimiento total, o te prestas a que de ahora en adelante se te llame por tu segundo nombre. Quizás no falte mucho para que un negro, una mujer, o un judío puedan ser elegidos al cargo más alto del país. Por lo pronto, dado el envenenamiento que hemos estado y estamos recibiendo por todos los frentes con propaganda que denigra al árabe y al musulmán, tendrá que pasar mucho, mucho tiempo antes que el electorado esté dispuesto a votar a alguien con el nombre Hussein para ocupar la Casa Blanca. Como huésped no hay problema, pero no como residente a largo plazo.

Somos muchos los que hemos preferido reservarnos la opinión o hacer comentario sobre este político que consideramos inteligente y elocuente, el “antónimo de Bush” en esos dos aspectos, simplemente por que su currículo en política es breve y ausente de controversia. El Senador Obama quizás esté tomando un riesgo muy calculado en su forma audaz desde que la moderación – es decir el mantenerse a la sempiterna derecha – no le otorgará apoyo adicional de los peces gordos en el partido que parece ya han decidido que Hillary Clinton es su candidato. Algunos continuaremos reteniendo o aplazando cualquier comentario sobre este individuo carismático hasta que sepamos de qué pie cojea, tanto en sus ideales como en su política.

Estados Unidos tiene muchos, muchos problemas que resolver en el campo domestico. Pero estos no pueden ser enfrentados debidamente hasta que nos liberemos del yugo que nos ata a una política exterior que nos ha convertido en una piraña internacional. Si cambiamos el curso de esta política estaremos mental y políticamente preparados para resolver nuestras tragedias domesticas.

¿Renunciara Obama a su comportamiento “sacrílego” o tendrá la entereza para resistir la presión que ejercen los mandos de su partido aunque le excomulguen? No tardaremos en saberlo.