Nuevas caras, mismo espejo de Picio para Irak

Vietnam nunca fue acerca de los generales Westmoreland y Abrams… ni tampoco del gran intelecto atribuido al ministro de defensa, Robert McNamara. Siempre fue acerca del mando más alto, el presidencial: Lyndon Johnson, primero; Richard Nixon después. De la misma forma, la búsqueda en Washington de una solución a ese “hace tiempo desacreditado” casus belli para el Medio Oriente – tanto en Irak como en Afganistán – no dependerá de la pericia militar ni del Almirante Fallon ni del General Petraeus; o en el método que reporten su progreso, o carencia del mismo, contra ambas insurgencias.

Petraeus y Fallon son dos tercios del equipo encabezado por Gates que reemplazó al viejo equipo de Rumsfeld, Abizaid y Casey. Para Bush y su cuadrilla de incompetentes elfos en el búnker, no es lo que este par de individuos pueda lograr, ni sus puntos de vista; lo que importa a estos neoconservadores acorralados es que estos individuos con cuatro estrellas de plata sobre sus charreteras puedan ser vistos por el público de EEUU como una fuente provisional de esperanza – un “nuevo equipo” con ideas nuevas reemplazando al “viejo equipo”. Para los escépticos entre nosotros, tanto Fallon como Petraeus no son sino chivos expiatorios en potencia a quienes se les pide que defiendan el fuerte hasta que los halcones puedan obtener razones convincentes para comenzar una guerra más extensa. Irán nos viene a la mente, aunque preferimos estar equivocados.

Sin intención de aguar la fiesta a nadie, es posible que si analizas los logros de Petraeus durante los últimos cuatro años, concluyas que no solamente este individuo es sobreestimado sino que además su conducta es típica de lo que se espera de un buen “soldado político” entre el grupo de generales. No se le niega una adecuada capacidad intelectual de poder establecer quizás un plan mejor para luchar contra la insurgencia en Irak, pero lo que si debe examinarse es su rendimiento en sus dos despliegues allí, particularmente el segundo que fue sumamente crucial.

Durante su primer periodo de servicio en Irak, Petraeus estuvo al mando de la División Aerotransportada No. 101 en su marcha hasta Bagdad; recibiendo más tarde elogios por su éxito en la subsiguiente pacificación alrededor de Mosul, aunque a esa población kurda siempre se la consideró amistosa. Pero es el segundo despliegue lo que dice mucho del entonces Tte. General Petraeus, a quien se le dio el mando de MNDTC – Irak encargado del entrenamiento del nuevo ejército iraquí y de todas las fuerzas de seguridad en el país. Los resultados aquí son como mucho mixtos. Buen motivador para las tropas, tanto las norteamericanas como las iraquíes, en año y medio pudo crear más de 125 batallones de combate iraquíes… además de cantidades industriales de acrónimos para deleite de todo buen burócrata.

Algunos se cautivaran con esos datos, excepto que todas estas unidades de gobierno que este genio militar ayudó a crear habían sido infiltradas por insurgentes, espías y miembros de las diferentes milicias chiítas. Todo se veía estupendamente sobre papel, pero la verdad sea dicha ese es el mundo del militar. Aparentemente todo es una manipulación, un barajar de números, como lo fue en Vietnam – con aquella cuenta infame de enemigos muertos todos los días que tragicómicamente terminó a llegar siendo superior a la población entera de Vietnam. Lo mas simpático de todo esto es que el titulo de la tesis doctoral de Petraeus (Universidad de Princeton, 1987) fue: “El Ejercito Estadounidense y las Lecciones de Vietnam”. Cómico si no fuera tan patético.

El que Bush busque una “victoria” (o algo mucho menos estos días) en un individuo, o en una estratagema, o es un último momento de loco que no sabe lo que hacer, o una forma de esperar con impaciencia los meses que le quedan en la presidencia. Ahora es el genio Petraeus, apenas dos meses después de haber recibido su cuarta estrella, quien de hecho reportará directamente a Bush, haciendo saber al país donde nos encontramos en esta encrucijada. ¿Puede alguien imaginarse algo tan alejado a la realidad de cómo funciona el ejército, o de cómo se supone que el presidente lleve las riendas del gobierno? Olvidémonos de Fallon y su puesto “administrativo” como jefe del Comando Central Estadounidense; o de Gates, como mascaron de proa con el cargo de ministro. Los estadounidenses, en idiotez extática, acceden a lo que ahora se les pide, el esperar hasta setiembre para ver los resultados de la escalada militar… como antes esperaron al resultado del Baker-Hamilton Grupo de Estudio Irak… y como esperaran en el futuro a cualquier aplazamiento que se les pida en contra de la paz.

Los apuros que pasa EEUU con el estado actual militar en el Medio Oriente tienen muy poco que ver con el poderío o destreza militar estadounidense, y si con la falta de una política exterior sensata, y un buen gobierno. La realidad con que se enfrentan 300 millones de estadounidenses hoy día es que un ex-teniente de la Guardia Nacional (Aire) de Tejas con antecedentes militares dudosos, y una mente pequeña y confusa, es la persona que está al cargo de todo y todos, incluyendo Gates, Petraeus y Fallon. Quizás éste sea un buen momento para que nos recuerden lo que pasó con la poderosa Wehrmacht alemana cuando un ex-cabo lunático, Adolfo Hitler, fue nombrado su comandante-en-jefe.

Todos los juegos políticos que ahora se libran en el Congreso tienen poco o nada que ver con el obtener fondos adicionales para las tropas en Irak – como se presenta al pueblo – y si con la financiación de una guerra injusta e imperialista que nunca debió iniciarse, y bajo ninguna circunstancia continuado. Terrorismo, eso es precisamente lo que se está financiando, y algo donde por desgracia estamos obteniendo un éxito asombroso. Al paso que vamos en los territorios ocupados islamistas, y teniendo en cuenta el efecto multiplicador, para cuando barran y desinfecten la Oficina Oval de la Casa Blanca en 20 meses, es posible que los estadounidenses que quieran viajar a ultramar vean necesario el camuflarse como canadienses luciendo calcomanías de banderitas con hoja de arce en maletas y mochilas… en vez de barras y estrellas.

Olvidémonos de la oleada militar recomendada por Petraeus o cualquier otra doctrina militar que enmascare la naturaleza de dominio y ocupación territorial. Superioridad en potencia de fuego de por si no trae la victoria… por lo menos a largo plazo. Como en los tebeos, los comandantes militares se refieren a sus tropas como “los buenos” y a los enemigos como “los malos”. Pero cuando eres el invasor en tierra ajena, has cesado de ser “bueno”… aunque sigas luciendo la dragona de “Águila Chillando”.

Los apuros del presente en EEUU no tienen que ver con sus militares, tan solo con aquellos que los mandaron a matar y conquistar. El destino de EEUU no está en manos de Petraeus o Fallon, solo en las de un George W. Bush.