Llamémosles "Soldados de Desventura"

A las hormigas y termitas estériles, sin alas pero con enormes y poderosas mandíbulas listas para defender sus colonias las llamamos soldados. A las tropas en el ejército estadounidense también los llamamos soldados; y en tono familiar, pero no despectivo, “grunts” (gruñones) listos según parece para acabar como carne de cañón.

Durante los últimos cuatro años probablemente haya recibido más de dos docenas de correos electrónicos al mes de parientes de militares, casi siempre soldados; y por lo regular esos parientes han sido sus madres. ¡Algo así como un millar de correos!

Mensajes llenos de pena, especialmente aquellos mandados por madres con hijos o hijas sirviendo en Irak. Pero aunque estas cartas han sido en su mayoría afables y corteses, simplemente pidiendo apoyo moral, un tema subyacente las parecía unir, como si todas hubiesen estado escritas con un solo propósito y es el de decir a este escritor que debo todos y cada uno de mis derechos y libertades a los que sirven en el ejercito de estos tiempos.

Peg P., cuya hija estaba en el ejercito – y con servicio anterior en Irak – fue la última persona que en febrero me mandó un corto poema, copia al calco de varios que había recibido en el pasado, recordándome sin dejar lugar a duda que es el soldado – y no el cura, el periodista, el activista universitario, el abogado o el político – a quien debo de dar las gracias por mis libertades de expresión religiosa, prensa y reunión; y los derechos a un juicio imparcial y al voto. Es el soldado quien hace que esto sea posible; algo que se me dijo… y dijo… y dijo.

Lo siento, Peg, pero tanto tú como la buena gente en la comunidad militar estáis totalmente equivocados, confundiendo la misión de una fuerza militar de defensa – y lo que pudiera interpretarse como la defensa y no el otorgo de libertades – con lo que se ha convertido en ejercito imperial, cuyas tropas aparentan ser soldados de desventura, ya que dado su nivel de compensación, no son mercenarios… ni soldados de fortuna.

Fue casi hace cuatro décadas cuando Steve M., un compañero de estudios en UCLA (Universidad de California, Los Ángeles), quien acababa de perder su aplazamiento como estudiante, se refirió a las tropas sirviendo en Vietnam (de coña) como “Soldados de Desventura”, añadiéndose él mismo a ese grupo de desventurados. Por años he luchado con la tentación de buscar su nombre dentro de esas largas listas que suman más de sesenta mil norteamericanos que perdieron su vida en Vietnam; pero el temor de tener que añadir un nombre mas a esa lista personal no me ha dejado.

Ahora, recordándolo, debiera haberle corregido, identificando a esos militares como victimas de desventura en vez de soldados de desventura. Después de todo, la mayoría no estaban allí por su propia voluntad, por haber sido llamados a filas – en aquellos días existía el servicio obligatorio… así que ¿cuan mejor uso de la palabra “victima” que para describir a un pobre “gruñón” combatiendo en Nam? Pero con voluntarios, ya no hay victimas.

Hoy, cuando me refiero a soldados de desventura, creo que el grupo que merece así llamarse es el de militares en activo que sirven en Afganistán o Irak; como “gruñones, claro está. Desde que todos son voluntarios, no podemos referirnos a ellos como victimas, aunque a veces nos preguntemos si estos jóvenes se enlistaron por vocación o solo por necesidad de un trabajo. El generalizar pudiera resultar injusto, así que es preferible el que no lo hagamos.

El ejército estadounidense no lleva un perfil representativo del país. Ni en el grupo de oficiales, ni en las filas de soldados. No importa cual sea el motivo, no parece que nos afecta que los oficiales al mando sean en su mayoría derechistas Republicanos (el 80 por ciento); y que los soldados provengan en forma desproporcionada de la clase mas humilde, minorías; y, tristemente, bastantes “admitidos” con antecedentes criminales. Es lógico que los Republicanos traten de mantener estos informes discretos, y que los Demócratas no quieran aparecer ante el pueblo estadounidense como “antipatrióticos”.

De esta forma terminamos con un ejército militar de oficiales belicistas, y la carne de cañón representada por esos soldados de desventura en todas sus ramas, incluyendo los miembros de la Guardia Nacional incorporados a los regulares para apoyar a un ejército imperial que se ha extralimitado. Aparentemente los gobernadores de nuestros cincuenta estados no están en sus cabales al permitir que sus militares estatales sirvan en contiendas que no son parte de su misión… convirtiéndose a su vez en soldados de desventura, que no debieran ser, en estas guerras de elección.

La semana pasada, Jim Kilt, un sargento estadounidense asignado a una base militar al norte de Kabul, Bagram, lamentaba en un artículo de opinión que EEUU no hace honor a caídos militares de una forma comparable a las victimas de Virginia Tech. Pero existe una gran diferencia, Jim; esos estudiantes fueron victimas de un demente, mientras que vosotros sois soldados por vuestra elegida desventura. Y como tropas, el revés os viene de dos partes, con el temor tanto del amigo como del enemigo.

Montaigne en su sabiduría del siglo XVIII profetizó algo que es ahora evidente en este siglo XXI cuando escribió que los soldados deben temer más a su general que a su enemigo. Y el general viene esta vez vestido con uniforme de Comandante-en-Jefe, y un letrerito cosido a ese uniforme identificándole con el nombre de George W. Bush. Hasta que el Departamento de Defensa cese de actuar como un departamento imperial de guerra, todos los soldados norteamericanos seguirán como soldados de desventura.

Nuestro monarca sin corona parece tener predilección por guerras largas, dolorosas e injustas. Y a nuestros pobres soldados de desventura se les inmola luchando en esas guerras. Por lo menos las hormigas y termitas guerreras perecen defendiendo sus colonias. Pero… ¿acaso alguien puede darnos una buena razón por la que las vidas de nuestros soldados merezcan ser sacrificadas?

Y por favor, no me mandéis mas copias de ese poema enumerando las libertades que estos soldados de desventura luchan por preservar. Eso no es sino una grotesca idiotez.