¿Es EEUU un estado de derecho, de conciencia, o de un nuevo 'destino manifiesto'?

Algunos estadounidenses orgullosa y fielmente proclaman que EEUU es una nación de leyes, de conciencia y también de un “destino manifiesto” divinamente otorgado. A veces, en mis días de pesimismo político, me preocupa el que no sean solo algunos, sino una gran mayoría de norteamericanos, los que así piensan. Es en esos momentos que mi fe en la democracia es tentada y debo recurrir a una mayor fuerza interna.

El reciente juicio – ahora declarado nulo – del Teniente Ehren Watada nos trae a primer plano el hecho de que leyes y conciencia coexisten con frecuencia en falta de armonía, lo que por necesidad fuerza a la sociedad a que encuentre forma de no subordinar la conciencia individual a esas leyes; especialmente cuando estas aparentan tener una inflexibilidad total. Mientras que las leyes permanecen estáticas, aun después de considerárselas inapropiadas o simplemente obsoletas, nuestra conciencia continua evolucionando en busca de respuestas ocasionadas por nuevas verdades.

El Tte. Watada no era un objetor de conciencia declarado (CO), o no se hubiese hecho voluntario. Ni tampoco reclama serlo ahora. Simplemente objeta a seguir órdenes que van contra los preceptos de su conciencia; específicamente, el ser parte de una guerra amoral y criminal que se está forzando contra un pueblo soberano: Irak. No importa como este caso sea resuelto, se debe poner énfasis en que este joven militar no es un objetor de conciencia formal, sino que la situación le obliga por conciencia el objetar. Este acto de conciencia exhibe un coraje poco común, a la par de los más valientes que puedas encontrar en un frente de batalla.

Recientemente, después de casi tres décadas, reanudé una relación que tuve con un profesor español que conocí cuando él ejercía una cátedra de Derecho Internacional en una afamada universidad sudamericana. Ahora está de vuelta en España, jubilado y, para mi desilusión, profundamente apolítico. Pero es su vieja llama política a la que quiero hacer referencia. Fue nuestra primera conversación lo que dejó una gran marca política en mi, marca que tocaba en la tríada de leyes, conciencia y destino manifiesto. Nuestra conversación se había centrado en el entonces dictador militar de Chile, Pinochet, y la figura de Franco como mentor a este verdugo de Allende, quien encontró redención como dictador, y protección de EEUU, por ser simplemente anticomunista.

En esa primera conversación, Jaume me trasportó a su niñez en la España de Franco de los 40 y su educación en un colegio religioso (católico); entonces la norma de una clase media que probablemente representaba una quinta parte de la población. Como misión, bien fuera del colegio o del sistema escolar, me explicó vívidamente la presentación visual que a diario tenían los estudiantes sobre la pared frontal de su aula de estudio. Grandes rótulos colgando, me explicó, que aparentaban ir en descenso según su importancia, y que leían… “Dios, Patria, Franco… Piedad, Estudio, Acción… Siempre bien y siempre mejor”. Eso, según Jaume, era la misión, la regla de ley, y el único marco de referencia sobre el que la conciencia se esculpiría durante esos años clave ante y post pubertad.

En cuanto al “destino manifiesto” de aquellos días, Jaume humorísticamente recordaba lo a menudo que la palabra imperio se hacia parte del léxico, siendo un termino de rigor aquello de “España Imperial” a raíz de las visitas semanales de los doctrinantes políticos de Falange.

He aquí un imperio de fantasía, uno que había cesado de serlo siglos atrás, que estaba siendo resucitado mediante una inyección de suero “renacer anhelado” que pudiera mentalmente trasportar a un país devastado por una guerra civil y llevarlo a un pasado glorioso que nunca existió para el pueblo… tan solo para la nobleza, el clero y el militar. De acuerdo con Jaume, ese era el “destino manifiesto” de la España Fascista de los 40.

¿Estamos siendo en EEUU forzados a ser objetores de conciencia a las leyes de este país como homólogos civiles al Tte. Watada? Es evidente que nuestros políticos electos, en su mayoría leales a los dos partidos pro-guerra, rehúsan dar fin al conflicto en Irak por parte de EEUU. ¿Será acaso el problema, no la confrontación entre leyes y conciencia, sino algo mas profundo? ¿Es posible que los neo-conservadores con su falso pero asertivo patriotismo hayan convencido al pueblo estadounidense de que el destino manifiesto va mas allá de las aspiraciones continentales de hace diecisiete décadas? ¿Existe quizás un nuevo destino manifiesto para una “América Imperial” que gobierne de polo a polo?

El fascismo puede mantener su núcleo intacto en el transcurso del tiempo, apareciendo vestido en la moda de cualquier época. Los colaboradores franquistas y los neo-conservadores estadounidenses pueden tener medio siglo entre ellos, pero ambos leen del mismo libro litúrgico: autoridad central gubernamental-corporativa, controles socioeconómicos estrictos, supresión de la oposición mediante el temor y la censura, y sobre todo una política de beligerancia nacionalista y, desde luego, racismo. La única diferencia entre el fascismo de Franco y el de Bush, es que a Franco no le quedaba otro remedio que mantener la beligerancia dentro del país, mientras que la esfera de operación de Bush le permite ir mas allá del saqueo económico domestico, y establecer una postura arrogante en el mundo que niega a las naciones del planeta sentirse seguras, o que sus derechos puedan tener validez por medio de derecho internacional.

¿Hemos abandonado en EEUU leyes y conciencia a cambio de un nuevo llamamiento, un nuevo Destino Manifiesto que nos permite dominar el mundo?