Econofória, duodécimo indicador económico del futuro

Ya comenzó la cuenta atrás hacia la carnicería económica estadounidense. Para aquellos en que su religión requiere el aceptar el misterio de la Trinidad, algo de sabia aclaración quizás nos venga de esa otra trinidad (financiera): deuda, precio del barril de petróleo y cotización del dólar. Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres distintas y diferentes personas en un solo Dios de acuerdo con el dogma católico-romano; mientras que ese dios en el capitalismo doctrinal norteamericano se representa como deuda, petróleo y ese efímero (moribundo) dólar: todos distintos, diferentes… pero entrelazados.

Los pocos aprendices en contradicción a Wall Street están empezando a preguntarse si la pura fuerza de nuestra economía, y la globalización de nuestras principales firmas, podrán sostener las cifras de evaluación del mercado, o tan siquiera las cifras con que se cerraron la DOW, S&P 500 y el mercado volátil del NASDQ el 29-12-2006. De todas formas los negativistas son pocos – o por lo menos ponen frenos en sus comentarios – con miedo a ser tratados con igual desdeño al que tuvieran muchos profetas de antaño, que aunque hoy en día se les elogie por su clarividencia, fueron ridiculizados por sus contemporáneos.

A no preocuparse, nos dicen; las cosas marchan a pedir de boca en todos los aspectos y todo marcha viento en popa militar y económicamente; y sino preguntárselo al inquilino de la Casa Blanca, nuestro Adivino-en-Jefe. ¡Fenomenal, según el tío!

Apenas hace cuatro horas que estaba escuchando al presidente del Fed (banco central de EEUU), Barnanke, dando al Comité Conjunto del Congreso otra versión diluida de lo que nos espera… del mismo caldero de sandeces que su predecesor Greenspan sacase de ese pozo sin fondo de “econofória” por casi dos décadas. Ambos tan caballeros, tan convincentes… excepto siempre largándonos lo mismo: una cucharadita de verdad en un enorme cuenco de mierda licuada. En balance, estamos hasta la cintura en mierda económica, pero hacer tal declaración por su parte sería algo así como una confesión de silencio criminal que ha persistido, así como mentiras de nuestros dirigentes y sus consejeros, por más de un cuarto de siglo.

Lo único que aparentamos necesitar es solo otra dosis, o dos, o tres, o 10 más… de ese tranquilizador de dolores económicos que ofrece el Fed; otra ronda de préstamos, o dos, o 3, o 10 más… de nuestros hijos, nietos, biznietos y tataranietos, para que así podamos felizmente continuar embelesados en nuestro estado permanente de “econofória”.

Econofória… el estado de gracia en el que nosotros, los estadounidenses, nacemos, nos naturalizamos o “ilegalmente” adoptamos. Así como otros pobres diablos se les dice que vienen a este mundo con “pecado original”, o con demasiada frecuencia con la consabida maldición de la pobreza, nosotros nacimos con “excepcionalidad original” bendecidos con riqueza que se auto-multiplica… como si fuese maná del cielo.

Ahora extendemos la alfombra de dolor de la recesión que nos viene encima, echando la culpa al problema sub-prime de la vivienda, y a la incapacidad del capitalismo sin controles de ofrecer auto-vigilancia. Pero esto no es sino el comienzo, la túnica exterior de una cebolla podrida que forma el conjunto de vivienda y construcción comercial, conjunto que ha añadido billones (trillones en denominación norteamericana) de dólares de valor que no existe a una economía basada en consumo con dinero prestado por generaciones futuras’ y que será a costa de erosión económica en su bienestar, haciéndolos pagar por este falso crecimiento en el consumo que hemos forjado en EEUU y, por imitación, extendido a otros imita monos del globo.

Hemos estado malempleando la mayoría de los once indicadores económicos del futuro al punto de la ridiculez, y con fines políticos. ¿Tiene sentido el que nuestro Producto Doméstico Bruto se sobre infle en términos de consumo? ¿O de que el índice de precios del consumidor y la manera en que medimos la inflación no solo es algo imperfecto sino más bien ridículo? ¿O de que los indicadores de empleo midan cifras brutas de empleos cada vez peor pagados, en vez de medir nóminas en dólares constantes y con relatividad al aumento de población? ¿O de que el índice de confianza del consumidor no tiene sentido cuando se mantiene al pueblo ignorante, en oscuridad económica, y bajo mentiras?

Y para colmo, continuamos viviendo en el estupor de la “econofória”.

Queda por ver si entraremos o no en otra nueva serie de vueltas para “apuntalar” la economía, manteniendo nuestra fachada falsa por otro año más hasta después de las elecciones presidenciales. ¿Pero, hasta cuantas generaciones podemos esclavizar: dos, tres… una docena? A nuestro presidente de la Fed no parece importarle que se cause daño económico simplemente trasladando la riqueza de la clase trabajadora para que esos castillos de cartas de los mega-ricos no se caigan; o de trasladar la responsabilidad corporativa recurriendo a garantías gubernamentales que llevaran al país a la quiebra, dejándonos con un solo activo que será enteramente, sin hipoteca alguna, nuestro: una gran reserva nuclear capaz de tentarnos a cometer suicidio. Lo que nos trae a esta pregunta… ¿estaría China interesada en adquirir esta reserva a cambio de todos estos pagarés que les debemos?

Cuanto antes nos venga esta carnicería económica, antes nos daremos cuenta de que pie cojea este gobierno que tenemos; quizás ofreciéndonos la posibilidad de una verdadera reforma: una nueva política domestica conservadora (en el buen sentido de la palabra, y no lo que ha llegado a ser hoy día) que marchase al lado de una política exterior renovada y justa que nos permitiese vivir en paz y armonía con todos en el planeta.