Después de cuatro años: Un poco compungidos pero impenitentes

Durante mi niñez formativa bajo la égida de un catolicismo doctrinal anterior al Concilio Vaticano II, era el sacramento de la confesión – hoy día reconciliación… como si tuviera algo que ver con el reestablecimiento de relaciones cordiales con Dios – lo que me tenia aturrullado constantemente. Y fueron esas sesiones semanales, esperando mi turno arrodillado en el reclinatorio, cuando ejercía mi rutina antes de dirigirme al confesionario: examen de conciencia, dolor de corazón… y propósito de enmienda.

Mi confesor siempre insistió que el factor clave en este sacramento era la forma como te sentías en tu arrepentimiento, y no simplemente el hecho de estar compungido por tus pecados. Según él, si aspirabas tener una visión eterna de Dios, debías hacer un acto de perfecta contrición… por tu amor a Dios; y no tan solo sentirte triste y carente de entusiasmo… por el temor de haber puesto tu alma rumbo al infierno.

Bueno, pues esas amonestaciones del Padre Juan sobre la contrición resurgieron una vez mas el domingo pasado en la manifestación multitudinaria de la que fui partícipe – 10 mil a 15 mil personas son suficientes para adjudicarse ese adjetivo por estos contornos – con una ruta de casi dos kilómetros en el área central de Pórtland (Oregon, EEUU). Una multitud que juzgué como atípica a los pocos minutos de unirme a ella, ya que una mayoría de los manifestantes parecían como pulpos en un garaje y dudo que los hubieras encontrado en las manifestaciones que precedieron la invasión de Irak en marzo del 2003. ¿A qué entonces ese cambio de parecer para tantos… y que significa eso para el país a corto y a largo plazo?

Entre estos últimos conversos al sueño de paz, creo que solo unos pocos de ellos se tragaron por completo el menú original de mentiras presentado por el gobierno de Bush (vínculos de Saddam Hussein al terrorismo, ADM, y demás); sin embargo, la mayoría de ellos, lo mismo que la otra vasta mayoría que se quedó en casa, tienen mas de halcones que gente de paz, aunque hayan pedido prestadas unas cuantas plumas blancas a esas palomas que antes denigraron como faltos de patriotismo. Algunos con parientes o amigos en los campos de Irak y Afganistán, y a quienes quieren ver fuera de peligro, la paz ahora significa algo diferente. Otros, sin lucir razones especificas o ideales simplemente mostraban su indignación por la forma ineficiente con que Bush y su camarilla han confrontado todas las situaciones, tanto militares y diplomáticas como domesticas. Un pequeño empresario hasta me confeso su preocupación económica por lo que va a costar al país mantener a los deshabilitados de guerra así como el costo del futuro cuidado mental de todos los excombatientes.

Las pancartas predominantes, tanto en número como en tamaño, daban a conocer el tema de la manifestación: acabar con la ocupación de Irak – “Decid No a la Guerra”; “Traigamos las Tropas a Casa”; “Soportemos a Nuestras Tropas”; “Fuera Ahora”; “Devolved Irak a los iraquíes”; y lemas similares a estos. Unas pocas pancartas eran algo más fuertes, dando el número de bajas estadounidenses o el impugnar a Bush, pero pocas iban más allá. En cuanto a las bajas iraquíes o dislocaciones – mas de medio millón de muertos, y 1 millón de heridos en la población civil; 2 millones forzados al exilio, con casi 1 millón de refugiados en diferentes zonas del país – no parecía que esto tuviera suficiente relevancia para ser discutido por la mayoría de manifestantes, o para darlo el nivel de indignación que se merece.

Junto al grupo de que yo era parte se unió un sexteto musical local que para avivar nuestra marcha decidió de impromptu darnos nueva letra a una canción clásica estadounidense, “Sixteen Tons” (Dieciséis Toneladas). Esta canción, grabada por muchos renombrados cantantes durante tres generaciones – entre ellos mi favorito Tennessee Ernie Ford – fue reconstruida frente a nosotros con economato y todo a lo largo y ancho de Babilonia. La letra había saltado de la miseria de los mineros de Apalachina de la primera mitad del siglo veinte al sufrimiento y destrucción que se extiende en una buena parte del Medio Oriente llevando una etiqueta de “Hecho por EEUU”. No solo Irak, Afganistán, Líbano y Palestina donde las vidas de sus pobladores han sido afectadas por acciones tomadas por Norteamérica, sino también en países vecinos. Tan solo me acuerdo de los cuatro versos del estribillo:

“Inviertes dieciséis trimestres ¿y que es lo que tienes?
Cuatro años menos de vida y más metido en deuda.
San Pedro, no nos llames, ya que no podemos irnos;
Nuestras almas pertenecen a la guerra del imperio… “

Esa mañana había recibido un correo electrónico de un amigo-periodista español que estuvo presente en la manifestación que trascurrió en Madrid el día anterior (sábado). Aunque el número de manifestantes fue similar en ambos lugares, aparentemente el apoyo no lo fue, según deduzco por como me lo describió. De acuerdo con él, una de las pancartas mas populares lo decía todo: “Mienten, torturan y matan. Culpables a La Haya”. [Que un norteamericano pueda ser juzgado en La Haya es algo que no cabe en su mentalidad.] Y también me relató el comentario de otro periodista que acababa de llegar del Oriente Próximo:

“Vaya que si ‘adoran’ a los americanos en Damasco y Aman, así como el resto de Siria y Jordania donde el precio de bienes raíces está por las nubes gracias al modo que los americanos han llevado la ocupación de Irak. Y no es tan solo bienes raíces sino el precio de todo”. Aquellos que vivimos en el Noroeste del Pacifico (EEUU) identificamos muy bien el impacto que el éxodo de iraquíes haya podido tener en sus lugares de exilio… aquí los conocemos como californianos.

Para aquellos seriamente concernidos con relaciones internacionales y paz, su trabajo en esta nación agresiva será siempre cuesta arriba, ya que el arrepentimiento no ha encontrado la forma de incorporarse al léxico estadounidense. Por ahora, ni sueñes en ese acto de perfecta contrición; así que conformémonos con esos actos de contrición imperfecta. Esto no le agradaría al Padre Juan, pero por ahora no existe otra alternativa sabiendo que ese cambio de corazón y mente en el norteamericano tiene que ocurrir pasito a pasito. Los estadounidenses continuaran compungidos pero impenitentes.

Algunos pensaban que este Congreso nos daría un conducto a la contrición. ¡Ilusorio!