Cumbre del G8: Vaguedad, engaño... y matonismo

Stefan, mi amigo ateniense de tiempos universitarios, me advirtió en vísperas de esta cumbre del G8: “Olvídate de que pueda haber logros en Heiligendamm; preocúpate tan solo de que vuestro ‘supremo caudillo’ no se meta en asuntos demasiado peligrosos”. No tuve que devanarme los sesos para entender lo que me decía.

Heiligendamm, el elegante balneario para la nobleza y alta sociedad del pasado, que incluyó a los Káiser alemanes en su esplendor imperial, extendió su alfombra roja este año a los elegidos-kaiseres de los Afortunados7 más el Menor1: el grupo de ocho.

Esta vez el sarao para la belleza política tuvo de anfitriona a Frau Merkel en esta muy apropiada “Villa Blanca junto al Mar”. Celebridad política puso en escena a Bush, sus cuatro cortesanos europeos (jefes de estado del Reino Unido, Francia, Alemania e Italia), sus dos anclas del Pacifico (los primer ministros de Canadá y Japón) y ese otro tipo que lleva paso lento hacia la democracia… pero con grandes cantidades de armas nucleares y un muy adecuado sistema de “misiles de entrega”: Presidente V. Putin.

Un lujoso viajecito, y muchas posibilidades de momentos de foto, para los mandatarios de ocho naciones que entre si suman el 60 por ciento del producto bruto del planeta (FMI – 2006) con tan solo el 13 por ciento de la población (ONU – estimado, 2007). Pocos pondrán en duda su influencia, pero… ¿sirven para algo estas reuniones?

La cumbre anual recién concluida fue la 33; comenzando con aquella en Rambouillet en 1975, y que continuará en el 2008 en Toyako, Japón. Aunque tan solo he seguido de cerca las agendas de los últimos siete años, durante la presidencia de Bush Hijo, he repasado los resumes de las otro 26 reuniones. Verdaderamente existe un hilo que las une a todas, donde las aspiraciones han sido tan elevadas como las promesas en ayudar a los económicamente menos afortunados; o los necesitados de paz o justicia social; o la autoimpuesta obligación de vigilancia del medio ambiente en el planeta. El común denominador ha sido: nobles ideales con resultados entre deficientes y tétricos.

Si hay algo que falla en estas reuniones anuales es la falta de responsabilidad de año a año. Para aquellos entre nosotros que hemos sido miembros de juntas directivas, bien sea en organizaciones con o sin fines de lucro, estas cumbres del G8 parecen carecer de una parte importantísima en el orden del día: asuntos pendientes, algo que para este grupo aparenta ser algo viejo, o muerto. África puede esperar; así como los enfermos, pobres y beligerantes del planeta; y puedes apostar que cualquier posible control sobre emisiones de carbono en el mundo serian rápidamente vetadas por Bush.

No se me ocurre de ningún compromiso colectivo por este grupo de naciones ricas y poderosas que se haya conseguido durante más de tres décadas. Algunos programas han tenido mas éxito que otros, pero por lo regular todos se han quedado cortos… muy cortos. Tan solo la cumbre especial sobre seguridad nuclear en abril 1996 en Moscú, que en realidad precedió a la cumbre 22, y que involucró a los G7 y a Rusia, tuvo un nivel de compromiso que se logro llevar a cabo. (Rusia recibiría membresía en 2 años).

Pero apenas una década después que Boris Yeltsin se comprometiese a un modus vivendi con las potencias del occidente, su sucesor, Putin, se encuentra en situación desesperada tratando de copar con las demandas de George W. Bush tanto en Kosovo como en el escudo de defensa contra misiles, que aunque se le cifre como protección contra Irán lleva otras intenciones. Y Rusia no es cabeza de turco para nadie, y así lo demuestra con preocupación crítica.

Kosovo sin duda representa un punto de orgullo debido a las relaciones históricas entre Rusia y Serbia, pero es algo que puede ser negociado y resuelto. Ese no es el caso con las intenciones de EEUU de instalar radar de vigilancia en la Republica Checa y misiles interceptores en Polonia. Tales instalaciones indudablemente socavarían la fuerza disuasiva nuclear de Rusia, algo que se asume esa nación no permitiría.

La insistencia de Putin que EEUU busque otros puntos fuera de Europa del Este para su escudo antimisiles no fue un capricho de Putin para tomar la palestra. Para él esto es algo extremadamente serio; y Bush y sus aliados, no solamente aquellos en el G8 sino también los otros miembros de la OTAN, deben darse cuenta que este no es un juego de póquer en el que exista una opción a un calculado farol.

La indicada preocupación de Bush de que Irán sea un peligro militar para EEUU es tan infundada como la de antes con Irak, no importa que esta nación eventualmente obtenga habilidad nuclear. Lo único relevante que viene a juego aquí es la seguridad de Israel y su relación parasitaria con Estados Unidos.

Si en vez de trazar una hegemonía conjunta US-Israel en el Medio Oriente, EEUU pusiera su máximo esfuerzo en ayudar a traer una reconciliación de los irreconciliables (palestinos e israelíes), Siria dejaría de ser un problema, así como Irán. Y no cabe duda que la federación rusa no fuera a tener motivos para estar preocupada.

En cuanto a esta última cumbre en el todavía frígido Báltico, poco se puede esperar de ella. Quizás algo mas de ayuda en la lucha contra el sida, vaguedad sobre las emisiones de carbono, y un poco mas de tiempo para resolver el problema entre Belgrado y el primer ministro de Kosovo, Agim Ceku. Aunque estemos acostumbrados a muy pocos resultados positivos de estas reuniones, esperemos que por lo menos no nos caiga encima algo gordo desde Heiligendamm… como la vuelta de la Guerra Fría.

Pero como subraya mi amigo Stefan, “es la naturaleza del liderazgo neoconservador el ir alrededor del mundo dispersando su ‘tyrranoscracia’”. Algo que yo prefiero llamar matonismo… aunque el efecto sea el mismo. Un matón es un matón no importa como le llames.