¿Crisis de crédito o de latrocinio?

La preguntita famosa que nos hace a diario Maria Bartiromo, la linda “paliquera” del canal de negocios CNBC al cierre de la sesión de la bolsa (NYSE) es siempre la misma, su dulce marca: “¿Sabéis por donde anda vuestro dinero?” Claro que quizás nosotros pudiéramos preguntarla a ella, ¿el real o el imaginario, María?

Yo personalmente adopté a los números imaginarios a una edad tierna gracias a un dedicado profesor de matemáticas quien me explicó en forma apropiada y convincente en ese mundo de ciencias exactas de que esos números eran no solo abstracciones sino tan reales como los otros. Últimamente esos barajadores de dinero (y constante estado de latrocinio) nos han estado diciendo que lo que se acepta en ciencias exactas también se puede aplicar a las inexactas, como económicas. Increíble pero cierto.

Bienvenido al mundo de las derivativas financieras, obligaciones de deuda avaladas y toda una serie de confabulaciones infladas que crean gran riqueza imaginaria, donde es posible que no exista o sea escasa; capital real e imaginario, genuino y falso.

Einstein nos abrió el universo con una simple ecuación (formula), e=mc². Y según parece también en el mundo de la economía, la deuda o el crédito también pueden simplificarse a una ecuación que defina donde nos encontramos en el universo monetario; donde todo ese “valor en papel” flotando por el mundo sobre aire caliente, pueda ser 4, 6, 8 o mas veces el múltiple del producto bruto interno (PBI) del globo entero. No se cual debiera ser la formula, o el modelo econométrico adecuado para llegar a ella, pero si he llegado a la conclusión de que bajo nuestro sistema capitalista, falto de controles adecuados, la deuda – real o imaginaria – se convierte simplemente en función de latrocinio, D=f(L). Pero es aun mas inconcebible el que ni lo entendamos ni nos importe el enterarnos, poniéndonos a merced de depredadores financieros y un gobierno fiscalmente irresponsable, tan solo concernido con aquellos en la sociedad que representan poder y monopolizan la riqueza. Esa “deuda en papel” en exceso de 4 o 5 veces el PBI, a mi juicio, nos llevará por catapulta a un nivel de riesgo excesivo, y a una recesión larga y profunda.

¡Pero si ya estamos ahí! No importa donde busques los números, el mundo se está ahogando en deuda, particularmente EEUU. Un PBI global de unos $60 billones ha sido “derivatizado” de una forma u otra por un multiplicador de por lo menos 7, y quizás 8 (la deuda existente “en papel” se calcula entre $450 billones y $500 billones); y si eso no es algo económicamente suicida, quiero que alguien me diga que cosa es. En esta versión del “juego Ponzi”, con el imprimátur de casi todos los gobiernos del mundo, serán muchos los que saldrán trasquilados, algunos por propios meritos – debido a su avaricia en apalancamiento de deuda en activos muy sobre-valorizados – otros como simples victimas de mala administración financiera y/o latrocinio enmascarado.

En forma similar a lo que ocurrió hace seis años con la burbuja de dot-coms, y años antes con la toxicidad de los “bonos basura” de Milken, en ambos casos algo que fue “consentido” por el libertino Fed (Banco Central), la ya comenzada recesión es posible tenga un efecto moderado en el mundo, particularmente en las economías emergentes y países con altos recursos energéticos. No será así en EEUU, donde un injustificado alisamiento en la tasa de intereses ha creado condiciones perfectas para una recesión seria, y que se mantendrá por sus propios medios en el caldero de supervaloradas inversiones y bienes raíces, usadas hasta ahora como reemplazable maná para una riqueza inexistente y un crecimiento inflado, irreal. Este episodio de larga duración terminará llamándosele una crisis de latrocinio, y no la llamada crisis de crédito por Wall Street. Los roba-gallinas, ahora que ya han vaciado el gallinero, vuelven… esta vez demandando los huevos que olvidaron robar. Y hasta con éxito. Un cuarto o medio punto de ajuste por el Fed cada vez que se convoca, no importa lo agigantados que sean los pasos de la inflación, algo que ni siquiera se mide como Dios manda.

La globalización siempre ha tenido que ver con el movimiento libre del capital, y no con el libre comercio – con la respuesta inequívoca, no de traer sinergia a la economía global, sino a distanciar cada vez más al pobre del rico. En forma similar, la liquidez, algo que es ahora global, mermará y perderá su aire caliente una vez que lleguemos a la cumbre de la pirámide, y billones en “papel supervalorado” comenzaran a deslizarse, algo que mantendrá a la economía estadounidense sobria por muchos años: por lo menos una década, o más. Todo parece indicar que ya hemos llegado a ese ápice.

En EEUU no nos es fácil aceptar este momento de realidad desde que nos afectará con una fuerza dos o tres veces mayor que a otros países. Y esta vez si queremos salir del apuro lo tendremos que hacer por nuestros propios medios, sin contar con la hasta ahora exclusiva y muy rentable exportación primordial, y la que ya no encontrará mercado en el mundo. No, no nos referimos a armamentos; o tecnología; o aviación comercial; o algo con sabor a Hollywood… ya que lo mas rentable hasta ahora ha sido algo intangible, algo sin material o mano de obra… solo el genio, el don de ventas para “empujar” ese papel flojo, made in USA, y una moneda a la par. Es posible muchos norteamericanos hace un par de días se sintiesen ofendidos cuando el presidente iraní, Ahmadinejad, durante la reunión de OPEC y para irritarlos, dijese que el dólar no valía mas que el papel en que estaba impreso; y esta proclamación peroyativa suya no es tan irreconciliable con la verdad como aparenta.

No culpemos a unos pocos “sin escrúpulos” en nuestra sociedad capitalista por el dolor que nos llegará; no es la culpa de unas cuantas manzanas podridas que nos ha traído aquí hoy; todos somos cómplices de esta proeza en reverso: prestamistas sub-prime; especuladores de vivienda; la industria explotadora y avariciosa de bienes raíces; un banco central predispuesto a complacer a los que lleven las riendas políticas; un gobierno fuera de control, belicista e imperial; una economía mas dependiente del consumo que de la productividad y el ahorro; y un pueblo al que se le ha mantenido ignorante en su jaula dorada, y a quien políticos y predicadores tratan de decir que la avaricia es buena… el corazón de nuestro sistema capitalista, Bendito sea Dios.

Hay billones de dólares jugando a las sillas musicales y la música va a cesar; y desde aquí podemos ver que muchas de las sillas son tan imaginarias como el falso capital que piensa sentarse en ellas. Va a ser un viaje largo y con muchos baches… “¿Sabes Maria por donde anda tu dinero?”

No estamos viviendo una crisis de crédito, pero si una de latrocinio por dos décadas.
En vez de haber escrito “La Época de Turbulencia”, Alan Greenspan debiera haber optado por un libro-confesión, con titulo, “La Época de Latrocinio”.