¿Continuará el Congreso alcahueteando para la Casa Blanca?

Nada parece haber cambiado bajo la cúpula capitolina. Los resultados de las últimas elecciones de noviembre aunque hayan producido una pequeña mayoría en la Cámara Baja para los Demócratas – dejando el Senado a merced del halcón “likudista” Joe Lieberman – no fue suficiente mandato para instituir cambio; tan solo dando pequeñas oportunidades investigativas que mantengan a legisladores ocupados y cara al público, pero nada de cambio. Ni en lo referente al desorden en Irak; ni tampoco en Afganistán; y mucho menos en la política exterior que ha dejado a EEUU aislado en la comunidad de naciones, permitiendo que el antes respetado país ahora haya caído en desgracia.

Si el Congreso No. 107 (2001) terminó siendo un alcahuete para la Casa Blanca de Bush en Octubre de 2002, los congresos No. 108 (2003) y No. 109 (2005) no trajeron ninguna forma de expiación, remordimiento o sensatez a la legislatura en Washington; ni tan siquiera sugerencias para que el “Decididor” pudiera llevar sus nefastas decisiones con mas eficiencia. Y hasta la fecha, todo parece indicar que el Congreso No. 110 (2007) va por idéntico camino, no importa lo que Pelosi o demás líderes digan.

¿Pero quien podía esperar otra cosa cuando el 90 por ciento de los legisladores del 107 renovaban sus votos en el 110 ejerciendo lo que aparentemente ellos creen es su derecho vitalicio en política? En caso de que esto se le haya olvidado a alguien y necesiten una chuleta, en la política estadounidense los ciudadanos pueden llevar su papeleta de votar a la urna… pero es el dinero, a veces combinado con la apatía publica, lo que termina poniendo a los políticos en sus cargos.

El orgullo que los norteamericanos han mantenido siempre en su gobierno se atribuye a solo una cosa: la existencia en ese gobierno de un sistema de controles para un adecuado equilibrio político en el poder. Ese ha sido el origen de fiabilidad para esa Republica, y sin esos controles la viabilidad de la Constitución se pondría en duda. Y ese sistema ha fallado últimamente, y de forma clara, dejándonos a muchos con la pregunta de si podremos regresar al funcionamiento de ese sistema siempre y cuando exista un contexto político de auto-perpetuación.

La forma de gobierno de esta Republica con sus tres divisiones de poder no es muy diferente de aquella otra republica de hace dos milenios: Roma. Pero después de lo que ha ocurrido a esta nación bajo el mandato de George W. Bush, es fácil llegar a la conclusión de que quizás el sistema colegiado romano – que requería por lo menos dos personas para cada cargo – hubiera funcionado mejor para EEUU. Por lo menos los romanos tenían dos cónsules como magistrados civiles y militares para gobernar – sin estar endeudados a un partido o grupo – y solo en extrema emergencia nombraban un Dictador, un verdadero comandante-en-jefe (por solo un periodo de 6 meses) para copar con la crisis del momento. Hechos recientes parecen indicar que el Congreso continua rindiendo sus responsabilidades al poder Ejecutivo; y EEUU pudiera estar fácilmente eligiendo dictadores de ahora en adelante por periodos de 4 años. Algo que hemos hecho recientemente… ¡por duplicado!

Claro que pudiéramos recurrir al proceso de enjuiciamiento para echar a estos dictadores. Pero no lo hacemos. Nunca se ha dado la oportunidad mejor que ahora para que el Congreso pueda probar a la nación que está listo para ejercer todas las responsabilidades asignadas en la Constitución. Pero desde que la ciudadanía está sumida en apatía, o resignada a esperar hasta las próximas elecciones, el Congreso prefiere no actuar – solidarizándose con la hermandad espiritual de políticos que mantiene el duopolio corrupto que nos entretiene con el juego de las sillas vacías. ¿Por que crear problemas cuando Republicanos y Demócratas, juntos, tienen el monopolio político de la nación?

Lo que ahora está ocurriendo en el Congreso, o mejor dicho lo que no está ocurriendo, es difícil de comprender. No solamente los Demócratas en el Congreso son los que debieran pedir la renuncia del dúo maléfico, Bush y Cheney, sino también los Republicanos. No es un duelo político o ideológico lo que se esta librando; nada que semeje derecha contra izquierda, conservatismo contra liberalismo… es algo muy lejos de eso. Los verdaderos conservadores fiscales y otros tradicionalistas darian vuelta en sus sepulturas si vieran sus ideas y legado trasformados en un terrible plagio por un grupo de ineptos ultra-derechistas cuyo objetivo es solamente la redistribución de riqueza del productor pobre al avaro rico, haciéndolo no solo mediante un sistema tributario injusto sino también recurriendo a guerras opcionales. La realidad a todo esto es que el dinero y la política, al nivel en que ocurre en EEUU, es una receta para desastre… un desastre por el que los estadounidenses todavía no han pagado.

No habrá castigo alguno para este sinvergüenza-en-jefe que vive en la Casa Blanca, o para su villano cónsul-mentor. Por el momento, Bush y Cheney aparentan estar a salvo de una acusación formal por el Congreso… o por las multitudes de ciudadanos blandiendo sus horcas. Los norteamericanos se han civilizado hasta el punto de una indiferencia total, absortos en la aparente esencia de su vida: el consumismo.

Entretanto en las filas del Congreso aparecen ya candidatos a la presidencia de 2008, personajes que pudiéramos decir fueron criminalmente negligentes con importantes obligaciones de sus cargos en octubre de 2002 cuando desvergonzadamente rindieron sus votos y sus almas al dar su “si” a la resolución de permitir la guerra contra Irak al gobierno mas embustero que haya visto el país; personajes como:

Sen. Joseph R. “Joe” Biden, Jr. – Demócrata de Delaware
Sen. Sam D. Brownback – Republicano de Kansas
Sen. John McCain, III – Republicano de Arizona
Sen. Hillary R. Clinton – Demócrata de Nueva York
Sen. Christopher J. “Chris” Dodd – Demócrata de Connecticut
Rep. Duncan L. Hunter – Republicano de California
Rep. Thomas G. “Tom” Tancredo (Republicano de Colorado)

Cuanto mas tiempo lleve Bush en la Casa Blanca mas convencido estaré de que no solo ha sido el Congreso quien haya alcahuetado para el presidente y su gobierno, sino también aquellos entre nosotros que sabíamos lo que iba a pasar desde el momento que tomó el poder, pero que rehusamos usar nuestros altavoces para poder hacer una mayor diferencia, nuestras voces ahogadas por cortesía y moderación equivocadas.