Con Bush al timón, la guerra es inevitable

No nos queda otro remedio que prepararnos; con Bush al timón un ataque a gran escala contra Irán es un hecho consumado que ocurrirá a cualquier hora: desde este mismo momento hasta el 20 de enero del 2009, cuando el nuevo presidente tome el poder. Y tendremos que tragar cualquier explicación que nos de Bush como acto de fe de que la guerra era inevitable; como fue la de Irak, y lo será cualquier otra que venga a continuación. Como en el pasado, los estadounidenses serán persuadidos con mentiras, mentiras que ya están predispuestos a aceptar, y que los medios feliz y rutinariamente siempre han estado listos a diseminar.

Por ahora, tan solo el apoyo inequívoco de Putin a Irán, y las relaciones amistosas que existen entre la Federación Rusa y China, pueden prevenir otra expedición de Bush.

¿Cómo es posible que este presidente con un apoyo popular que merodea en un 30 por ciento continúe inflexible y haga lo que le de la gana sin consentimiento, sea del pueblo o del Congreso? Simplemente por que sabe muy bien que no tendrá que responder ante nadie ni por sus crímenes ni por sus hechos delictivos. Sabe, o le han hecho saber Cheney y otros consejeros, que a final de cuentas la gran mayoría de los norteamericanos son esencialmente, o por lo menos tienen una buena disposición, pro-guerra siempre y cuando se “suavice” un poco las palabras que definan lo que es esa predisposición. Después de todo, lo que cuenta es la formulación de texto… ¿no os acordáis de cómo en 1947 se cambió, de forma ostensiblemente Orwelliana – de doble moralidad, el nombre de Ministerio de Guerra a Ministerio de Defensa? Podemos decir que ese fue el primer paso hacia el imperio, y el verdadero comienzo de la “guerra fría”.

Seamos honestos con nosotros mismos de una vez para siempre. En EEUU no elegimos presidentes, solo comandantes-en-jefe. Eso quizás sea aceptable para gobiernos revolucionarios que viven en un constante estado de temor de ser invadidos por países-predadores, como es el caso de Cuba con respecto a EEUU; pero una superpotencia como EEUU… ¿cómo es posible que teniendo un instrumento con teclado nuclear a nuestra disposición capaz de destruir el mundo varias veces, se pueda vivir con temor? ¿Cómo es que necesitando un líder que traiga bienestar al pueblo, y hacer de EEUU una nación modelo, insistimos en dominar el mundo?

Pero esa es precisamente la razón por que personajes como Dennis Kucinich, o Ron Paul, o Mike Gravel, u otros de su tipo son considerados como “incapacitados” para obtener votos en unas elecciones presidenciales; su conducta como “girlie-men” (mariquitas), por haberse expresado contra la guerra, no es apropiada a nuestro pueblo guerrero; definitivamente no para poder aspirar ser Comandante-en-Jefe de este mítico “Mundo Libre” del que nos hemos auto-designado como protectores. Aparentemente ni por lo mas remoto podemos imaginarnos hacer batalla con alguien como Kucinich al mando; y hasta Hillary Clinton continuamente trata de asegurarnos que ella tampoco es “girlie-man” y que puede ser tan buen mariscal de campo como el matón belicoso Bush.

Si hay una cosa que nos define como pueblo, como nación, es nuestra falta de voluntad en impugnar a Bush. Podemos tener desacuerdos entre nosotros en muchos aspectos de la política domestica, pero en cuanto a política exterior, aunque nuestra preferencia personal no sea por el imperio, para bien o para mal seguimos a los que abogan dominio del mundo. Uno tiene el presentimiento que quizás nos atemorice el que nuestra fiesta de consumo y glotonería se nos vaya a acabar sin esta política exterior tan rapaz.

Solamente una denuncia y excomunión de los neoconservadores que se han adueñado del gobierno, siempre y cuando venga del pueblo, permitirá que Washington formule una política de “détente” para que el mundo pueda empezar a confiar de nuevo en nuestra nación. Y eso requiere un “curia populi” mediante la ruta de impugnación. Tan solo tal acto se le consideraría fidedigno y redentor. Un nuevo gobierno sin que antes haya limpieza de la presidencia mediante impugnación, no importa el Demócrata que asuma el poder, se le considerará como mas de lo mismo – una continuación, sin arrepentimiento ni vergüenza, de imperio tanto en lo militar como en lo económico.

Hay algo repugnante acerca de la simple posibilidad de nuestra devoción a la guerra, y de como nos arrodillamos ante el altar de Marte, dios romano de la guerra; y también el que vivamos el axioma de: “Una nación unida en su acoso, siempre se mantiene unida” – algo que aparenta ser la plataforma donde reside nuestra política exterior. Si esos somos nosotros, y no intentamos cambiar de camino, Dios tenga misericordia con nuestra nación, con todos nosotros.

Pero no somos así; o, por lo menos, recemos para no serlo.