Buscando Conciencia Común en la Política Norteamericana

Tanto como siempre me ha gustado Ogden Nash como poeta, debo confesar que mucho de lo que ha escrito me ha impactado como si procediera mas del saber de un filósofo que del ingenio de un dotado mecánico de verso ligero. Y, entre sus viñetas, hay una que ha quedado inscrita en mi cabeza, como centinela en vigilancia eterna.

“Solo hay un camino para alcanzar la felicidad en este balón terrestre,” dice Nash, “y es el tener la conciencia tranquila o no tenerla”. No importa con que afán trate de buscar otro alojamiento para la felicidad, la conciencia siempre es parte de él, bien sea por su presencia o ausencia; conciencia y el estado de bienestar aparecen irremediablemente entrelazados. Claro que tal conclusión de mi parte requiere que defina a la conciencia como el reconocimiento del aspecto ético-moral en la conducta de cada uno junto con un fuerte deseo en preferir el bien sobre el mal.

Y ahí está el problema; todos mantenemos ser propietarios de conciencia… pero lo que obviamente escaseamos es de una conciencia común. ¿Cómo sino podemos explicar que una nación con mas de 300 millones de habitantes, uno diría que relativamente felices – si el consumo es en parte un indicador de esa felicidad – pueda permitir que sus lideres cometan altos crímenes contra la humanidad día tras día? Directamente, por medio de ordenes a los militares en Irak, Afganistán y otros entornos con menos publicidad; o, indirectamente, por medio de amenazas a grupos y a naciones, o por medio de resoluciones que en la mayoría de los casos terminan infligiendo sanciones; castigo económico, por lo regular, hacia gentes o naciones, como Cuba o Irán, tan solo por juzgar el comportamiento político de sus lideres no va al compás de los nuestros.

Dos hechos ocurridos en estos últimos días delatan lo que es el EEUU político, por lo menos en lo que respecta a su política exterior. El miércoles, 24, nuestro Conferenciante-en-Jefe decidió que ya era hora – después de cuatro años – de decir a esos leales cubano-americanos que pueblan Florida, y unos cuantos mas salpicados por el resto del país, casi todos Republicanos hasta la medula, que Castro y su revolución continúan siendo algo odiado, anatema, en EEUU. Después, el sábado, 27, a la paloma en la conciencia norteamericana se la había programado para que extendiera sus alas por la paz, por lo menos en algunos centros principales de población en el país. ¡Algo triste en el resultado de ambos hechos!

Hueco en cuanto a autoridad moral, aquí nos encontramos a George W. Bush dando su sermón al mundo sobre un vecino apenas a cien millas de este país; como prefacio al velorio de Fidel, presentando al pueblo cubano, y al resto del mundo, la necesidad de un cambio de régimen; y, en un acto vergonzoso, exhortando a los militares y policías en Cuba a dar sus espaldas a los que llevan las riendas de gobierno. Algo que nos recuerda a la omnipresencia estadounidense en los asuntos internos de otros países, no por un idealismo amistoso a esos pueblos, sino tan solo para servir los intereses de grupos poderosos en EEUU… ¿no fue acaso eso mismo lo que se les dijo a policías y militares de Chile para poder derrocar a Allende e instalar a Pinochet?

Si Estados Unidos desea que los gobiernos de otras naciones evolucionen y quizás se parezcan al nuestro – que cada día que pasa parece mas un chiste o una maldición – no tiene lógica en que los esfuerzos de nuestro gobierno sean contraproducentes. ¿Es acaso necesario que EEUU recurra a amenazas militares, o sanciones económicas que maten y empobrezcan al pueblo, pero que no hacen absolutamente nada para obtener un mínimo cambio? Nuestras sanciones económicas contra Cuba por casi medio siglo, tan solo nos han hecho enemigos de 11 millones de cubanos, aunque los políticos piensen que el cuarto de millón de exiliados anti-castristas requiera su atención dada la fuerza de su voto en Florida. Claro que esto último es algo que pronto cambiará, ya que los cubano-americanos que votan, principalmente Republicanos, se han convertido en minoría (45%) entre los votantes hispanos de Florida, grupo en el que una década atrás ejercían una aplastante mayoría (80%). Y los hispanos no-cubanos que votan tienden a hacerlo con igual fervor, pero del lado Demócrata y no Republicano.

Las sanciones de la ONU contra Irak, instigadas por los EEUU en los años 90, tan solo sirvieron, a lo callado, como arma de infanticidio para medio millón o más de niños iraquíes, sin lograr absolutamente nada más. Y las sanciones impuestas contra los palestinos después de la victoria de Hamas en las elecciones del 2006… por EEUU, Israel y los nosotros-también países europeos, tan solo trajeron dolor y sufrimiento, al mismo tiempo que fueran un instrumento en el conflicto fraticida y división territorial; y la reanudación de un proceso de paz excluyente y por lo tanto invalido, destinado al fracaso. Ahora es Irán, el enemigo du jour de EEUU, a quien le tocan las sanciones.

Y claro, no faltaba mas, las manifestaciones por la paz el sábado no cuajaron. Hubiese sido la excepción. Siempre es la misma gente con conciencia que acude, y pocos se molestaron en unirse a ellos. El que la popularidad de Bush haya caído en picado del 80 al 30 por ciento en cuatro años no significa que ese 50 por ciento “de cambio” haya desarrollado una conciencia común hacia la paz o la buena voluntad; tan solo que no les gusta como lleva la guerra este presidente. La decencia no parece ser contagiosa. ¿Os habéis preguntado alguna vez cuantos de vuestros vecinos “felices” tienen la conciencia tranquila y cuantos carecen de conciencia? Apuesto a que Ogden Nash siempre supo acerca del estado de conciencia de sus vecinos.