Política de Extremaunción: Derechos Revolucionarios

Nuestros orígenes políticos en EEUU… ¡cuan pronto nos olvidamos!

Fue por medio de revolución primero, y una evolución paulatina después que nos convertimos en lo que hoy somos. La lucha inicial de nuestros antecesores sin duda incluyó alguna forma de terror contra los británicos o sus simpatizantes, antes de que se redactase una constitución y EEUU se convirtiese en un estado de derecho, con “sus propias leyes”. Ese fue el camino a seguir hacia la independencia y la libertad.

No solo dio la revolución parto al país, sino que los derechos de sus habitantes fueron esclarecidos por Abraham Lincoln en 1861 en su inauguración: “Este país, con sus instituciones, pertenece al pueblo que lo habita. Cuando este pueblo se sienta harto y fastidiado con el gobierno existente deberá ejercer su derecho constitucional de reformarlo, o su derecho revolucionario de desmembrarlo o derrocarlo”.

Derechos revolucionarios… cuando los derechos constitucionales no existen o fallan. Últimos ritos políticos; el sacramento de la humanidad para los desesperados… que puedan así renacer. Derechos que no se pueden quitar, ya que son parte intrínseca de todo poblador de la tierra. Derechos de último recurso, pudiéramos decir.

Por razones inexplicables, los estadounidenses encuentran difícil aceptar que otras gentes en el mundo puedan tener aspiraciones similares, dentro de sus tradiciones.
O quizás sea nuestro gobierno que encuentra difícil entender como otros grupos, sociedades y naciones requieren con urgencia deshacerse del yugo de sus opresores, o de aquellos que intentan cambiar sus tradiciones.

Últimamente se ha formado en Sudamérica una procesión desde el Cabo de Hornos al Lago Maracaibo [Argentina, Chile, Bolivia, Uruguay, Brasil, Ecuador y Venezuela] en busca de una mejor justicia tanto social como económica, con viraje a la izquierda – y ritmo prescrito por necesidad nacional: cortos pasos evolucionarlos por ciertos países, y grandes zancadas revolucionarias, pero pacificas, por otros. Afortunadamente, por no estar en juego su independencia, y al no existir una presencia militar estadounidense, ha hecho que el comienzo de esta marcha se haga democráticamente, por medio de las urnas, y con ausencia de terror, económico u homicida.

No así en el Oriente Medio y más allá, de Jerusalén a Kabul, donde otra marcha va en camino, pero donde la justicia social y económica toman puestos secundarios a asuntos mas graves como son el desposeimiento de territorios y la intromisión extranjera en cuestiones culturales, económicas, políticas y religiosas. El brazo extendido del Tío Sam no se ve en esta región como signo de ayuda o amistad, más bien desconfianza. Y por si no hubiese sido suficiente llevar un brazalete en la muñeca con la Estrella de David, EEUU tuvo que aporrear con su puño la soberanía de los pueblos de Afganistán e Irak. Todo como respuesta a lo que se cifró como actos de terror – que de por si trae la pregunta… ¿a que respondían estos actos de terror?

Terror, en el sentido político y no criminal – asumiendo que pueda hacerse una distinción, no es otra cosa que un arma que el débil se ve forzado a utilizar contra el fuerte. Y el nivel de terror, para ser efectivo, necesita estar en proporción directa a la disparidad de fuerza entre los dos; o visto por el débil, entre opresores y oprimidos. Eso resume el caso en el Oriente Medio de organizaciones como Hamás, Hezbollah, y los diferentes grupos que se unen a las insurrecciones en Afganistán e Irak, bien sean militantes de Al Qaeda o sus mutantes. Estos terroristas, denunciados por la cúpula estadounidense como criminales, ven un motivo redentor y justificado en sus actos. Encontrándose sin representación y justicia en sus causas, pueden por lo menos echar mano de algo que les queda: sus derechos revolucionarios. En su caso: Jihad.

Si los estadounidenses tienen derecho revolucionario para derrocar un gobierno perverso que no pueden cambiar constitucionalmente… ¿Cómo es posible que Bush y sus secuaces del Pentágono justifiquen el imponerse sobre otras gentes, y nada menos que en su propio territorio, y esperar que no haya repercusiones?

Hamás, en su resonante victoria de la semana pasada en las elecciones palestinas, nos ha hecho ver que el terrorismo tiene muchos disfraces, y se le puede ver de muchas maneras. Y una organización que pueda tener alguna causa noble y un alto atractivo para los palestinos no puede considerársela “totalmente mala”. Después de todo, a la cabeza de su lista de asuntos por resolver para los palestinos tenia el “status quo” político y el frenar la corrupción del gobierno… ambos asuntos atacados de frente por los políticos de Hamas antes de las elecciones.

El terrorismo político probablemente disminuyese o hasta cesase si EEUU dejase de instigarlo con sus acciones, y optase por el dialogo para alcanzar sus fines, en vez de acción militar que no es sino otra forma de terrorismo.

La verdad sea dicha, no existe justificación para quitarle a nadie la vida. Eso implica el imponer un dialogo continuo por todas las partes del conflicto, sin excluir ninguna. Los derechos revolucionarios deben ejercerse primero sobre mesa redonda. Primero… y siempre, entre hombres de bien.