Ni criminales de guerra, ni tampoco de conciencia

Mi vecindad quizás no sea una muestra representativa del típico barrio estadounidense aunque yo así me lo crea. De todas formas continuaré usándola como tal con permiso de los que me lean.

Hace tres años y medio ondeaban los pendones de barras y estrellas en mas de la mitad de estas residencias; y podías observar cantidades de rótulos en las ventanas que leían “Apoyad a Nuestras Tropas”. Hoy, casi todas esas banderas y rótulos han desaparecido. En su lugar, en mi paseo matutino, hoy vi dos letreros con la palabra “Impeach!” [¡Acusémosle!] sin decir a quien. Aparentemente sus dueños no creían preciso el dar un nombre. Y con razón; no hay necesidad.

¡Todos sabemos lo que pasa por esas mentes de los que odian a Bush! Primero quieren que se recuse a este “adorado presidente”, listos después para acceder a cualquier petición del Tribunal Criminal Internacional de La Haya; no solo para Bush, sino también para Cheney, Rice, Rumsfeld, ese tipo Gonzales que está a cargo del Departamento de Justicia… y toda la camarilla. Pero no ocurrirá, es un simple sueño.

Por enésima vez: ¡no se atentará recusar al Presidente Bush! Al contrario de su predecesor, Clinton, ha sido fiel a la primera dama, y ha mantenido el requerido decoro presidencial no solo en la Casa Blanca, sino también en su rancho de Crawford… así como en las visitas a sus letrados homólogos de ultramar. El que se le pescara con la boca llena charlando con Tony Blair (referente al blitzkrieg de Israel en el Líbano) durante la Cima de los G8 en San Petersburgo no tiene importancia – no si se compara al “momento Kodak” que tuvo Bush padre… vomitando sobre el primer ministro japonés Miyazawa Kiichi en aquel momento vergonzoso allá por enero de 1992.

¿Por qué va a querer cualquier estadounidense que se recuse a Bush? Barbarismos y una mente intransigente no son motivo para confabularse contra nadie; menos con alguien tan simpático y campechano-al-máximo como Bush. ¿Tiene acaso culpa de que se le pusiera a cargo como Salomón-Moderno, Pastor-en-Jefe de la Cristiandad, y Comandante-en-Jefe de la única superpotencia militar en el mundo?

¿Recusar al Emperador? ¡Que absurdo! El acusar a este “maestro de la mentirijilla” iba a ser algo impopular en EEUU, particularmente desde que los grandes crímenes y delitos menores de que se le acusan se les considera como actos contra naciones y gentes tunantes, terroristas, o enemigos del Santo Imperio Norteamericano.

No que nadie sueñe con que estos políticos demócratas recientemente elegidos inicien el proceso de acusación contra un miembro de la Casa de Bush… ninguno de estos políticos que este sistema político ejemplar genera y fomenta. Bush no será recusado, ni siquiera censurado. Ni tampoco lo serán sus tutores o mentores; nadie en su gobierno… no importa lo escrupulosamente criminal o inepto. A los norteamericanos les importa tres cominos lo que el mundo pueda decir. Quizás estos individuos sean criminales… pero son “nuestros” criminales, y eso sanea a todos y cada uno de ellos.

Un mundo envidioso quizás considere a estos líderes belicistas como criminales de guerra, como también lo hacen muchos estadounidenses desagradecidos; pero mientras que la patria no haya sido derrotada u ocupada, se encuentran a salvo, y no se les juzgará ante tribunales del país o extranjeros. Continuaran en libertad de desplazar su poderío por las partes débiles del globo, matando y saqueando a deleite de sus negros corazones – siempre y cuando se haga para beneficio de la Corporativa Borg-América, y tenga el visto bueno de los Illuminati de Bilderberg.

Como último recurso, los críticos del comportamiento impune estadounidense pueden dirigir su atención hacia adentro, al juicio que esperan esté tomando lugar en la conciencia de estos líderes. Si la hegemonía de EEUU es tal que previene a que esos individuos sean juzgados – y pronunciados criminales de guerra – su único consuelo está en que sean juzgados y hallados culpables por su propia conciencia. Claro que eso no es sino una ilusión vana, una quimera. Estos acusados constructores-de-holocaustos, a diferencia de sus homólogos de Nuremberg, quedaran impunes… ni criminales de guerra, ni tampoco de conciencia; demostrando una vez mas que la conciencia es el último y único refugio de los moralistas.

Y para los que preferimos no incorporarnos a las filas de los moralistas, bien sean religiosos o laicos, el resultado es un estado de mente que registra múltiples niveles de emociones desde una resignación incomoda con la existente y cruel realidad, a una desesperación absoluta. A muchos de nosotros no se nos puede apaciguar con la simple posibilidad de la existencia de un infierno en el más allá, no para aquellos que han causado dolor tan infernal a tantísimo humanos en el ahora.

La moraleja de esta horrenda historia que estamos viviendo con el Medio Oriente, que indudablemente se repetirá una y otra vez, es que aquellos que tienen el poderío máximo militar – armas nucleares y bacteriológicas para poder aniquilar el mundo varias veces – siempre se les tiene que considerar victoriosos… aun en sus derrotas. Y juzgados no serán, ni por sus semejantes ni por su conciencia.

¡Tan solo dos rótulos pidiendo recusación en una trayectoria que abarcaba más de doscientas residencias! En las últimas elecciones los resultados indicaban que una gran mayoría de los votantes estaban descontentos con el gobierno actual, considerándolo como inepto y corrupto; sin embargo solo el uno por ciento de mi vecindad aparenta gran enojo contra estos presuntos criminales que nos gobiernan, demostrando desafío ante sus vecinos que no hace mucho vitoreaban su patriotismo.

¿Habrán sido vacunados los norteamericanos contra la cólera política; o, quizás, se les habrá castrado?