La ética de trabajo del indocumentado

Son seis semanas que llevamos en EEUU absortos con tres temas: el inacabable fiasco de Irak, la subida en el precio de la gasolina y la inmigración indocumentada.

En mi pequeño mundo, el periódico de mayor tirada en esta área metropolitana de más de 2 millones de habitantes, ofrece un recuento semanal de las cartas recibidas por el director, con los temas más populares y los puntos de vista de quienes las escribieron. Por ejemplo, esta última semana recibió 732 cartas, con el tema de inmigración como el más apasionado con 170 cartas, de ellas 138 se oponían a los indocumentados, 17 los favorecían y 15 no daban su opinión. La proporción de 8-1 contra indocumentados se acerca mucho estos días a la oposición a la guerra en Irak.

En cuanto a las cartas recibidas por este periódico, 6-1 entre los escritores-activistas están contra la guerra [Irak]; casi en proporción opuesta a los que escribieron en el primer semestre de 2003. Un cambio completo ahora que nos sentimos enterados de los hechos que nos llevaron a la guerra. ¿Ocurriría lo mismo si nos informasen de la realidad acerca de estos inmigrantes “que son una carga económica, profanan nuestra cultura y rompen las leyes del país”? No cuentes con ello, ya que el racismo tiene una mano siniestra. Pero sin duda alguna ayudaría el que se nos diese mayor información sobre la realidad, y que el tema fuese discutido con mas transparencia, al poder ser sin manipulación política o malicia social.

Hace un mes escribí un artículo sobre las realidades entrelazadas con inmigración indocumentada. Pero las realidades que se nos presentan como generalidades casi nunca surten efecto, particularmente cuando la persona tiene la mente hecha sobre algo – a veces a causa de experiencias personales u otras influencias de aquellos en que se confía, incluyendo los medios informativos. Esta vez intentaré enfrentar el tema desde mi perspectiva profesional como ingeniero industrial y asesor de empresas.

Aparte de la tecnicidad de haber entrado en el país ilegalmente, sin poner o quitar criminalidad al acto, el problema mayor que se le da a esta inmigración indocumentada es la solvencia económica que este grupo da al país. ¿Quitan trabajo a los nacidos aquí? ¿Producen más que consumen, teniendo en cuenta lo que cuesta educar a sus hijos y el costo de cuidado medico sufragado por el gobierno? Una mayoría substancial de estadounidenses, de acuerdo con las encuestas, piensan que los indocumentados tienen un impacto económico negativo, alimentado en parte por conjeturas políticas sacadas de datos económicos incompletos, irrelevantes o defectuosos.

En primer lugar, la mayor parte del trabajo realizado por los indocumentados no ocurre en la economía clandestina. Proporcionalmente ese segmento de la economía no ha cambiado mucho en dos generaciones. La mayor parte de los ingresos de estos inmigrantes pasa por nómina, pagando los impuestos apropiados, aunque queda por ver si estas personas que han estado pagando primas de Seguro Social y Medicare algún día recibirán beneficios. Por lo general estos inmigrantes trabajan dentro de la economía normal, aunque lo hagan con documentos falsificados, algo que por más de una década tanto los empleadores como el gobierno han aceptado de hecho, al hacer la vista larga sin imponer la ley. Esto ocurre no solo en el sector agrícola, sino en construcción, restaurantes/hoteles, asistencia de salud, y algunos sectores de manufactura e industrias de transformación; trabajos indeseables, por lo general, para los estadounidenses… aunque su remuneración fuese mucho mayor.

¿Se ganan los indocumentados su sustento? Ampliamente y, en ocasiones, como en trabajos agrícolas, múltiples veces. Si estos trabajos fuesen evaluados como es debido en cuanto a su demanda física, condiciones de empleo y riesgo a la salud, los puestos que cubren los indocumentados y pagan $8 a $12 por hora (por alta productividad en trabajo a destajo) estarían valorados a un nivel 50+% mas alto que puestos en servicio público (baja habilidad y conocimientos) que normalmente ofrecen entre $14 y $18 por hora. Esto indica que a los inmigrantes que trabajan en agricultura se les está pagando un 40% ($8) de lo que debieran ser pagados ($20) si tal evaluación (clasificación) existiera y se aplicase a sus trabajos. Pero como los esclavos que construyeron las pirámides de Egipto, la evaluación apropiada de trabajos no es para ellos.

La disparidad en sueldos en otras industrias o servicios, aunque existe, no es tan marcada… o evidente. Mi propia evaluación en la industria de construcción (regional) para trabajadores con mas o menos habilidad y experiencia en diferentes oficios brinda un porcentaje mas alto, entre 60% y 70% del “sueldo legitimo” (contra el 40% en agricultura). La remuneración en casi todos los demás trabajos no-agrícolas posiblemente oscile entre esos porcentajes.

No importa cuales sean las cifras correctas, lo que trae una buena oportunidad para investigación económica… y unas cuantas tesis doctorales, es obvio que si aplicamos la diferencia entre el “sueldo legitimo” y el “sueldo pagado”, y lo hacemos con todos los indocumentados, el resultado es posible que oscile entre $80.000 millones y $120.000 millones cada año que estos indocumentados pagan a la economía estadounidense por el privilegio de trabajar en EEUU. Una parte de esa suma termina en los bolsillos de los empleadores, pero la mayor parte permite precios más bajos en los productos y servicios producidos por indocumentados.

No importa como nos sintamos sobre este tema explosivo, reconozcamos que existe un resultado compensatorio a corto plazo, ya que estos precios bajos se han efectuado en gran parte sobre productos y servicios de ámbito no-discrecional. Esto rechaza la idea de que estos “ilegales” dañan económicamente a los pobres estadounidenses, cuando gracias a esos bajos precios los están ayudando. Es irónico que sea el pobre inmigrante quien traiga justicia social ayudando al pobre estadounidense.

¿Estamos viviendo el renacer de la ética de trabajo gracias a estos millones de indocumentados? ¿Acaso no nos damos cuenta de lo que “sufre” nuestro bolsillo en la gasolinera? Sin estos indocumentados lo mismo nos ocurriría en el supermercado.
No creo que nuestros pobres, ni nuestra clase media, estén listos para que eso ocurra.