Diplomacia "shock and awe" y el excepcionalismo estadounidense

Forzar a los medios estadounidenses dar cobertura de portada a Hugo Chávez y a Mahmoud Ahmadinejad en su despliegue verbal desde la palestra en la ONU – algo políticamente apropiado para clausurar el verano – pudiera describirse como “shock and awe”. La verdad se administró con una siringe de gran tamaño en vez de cuentagotas, y para muchos eso significa “shock and awe”.

Si no los comentarios comedidos del presidente iraní sobre la injusticia de la ONU, lo que Hugo Chávez tuvo que decir creo un efecto de “shock and awe” en la población norteamericana. Los estadounidenses se crían en la creencia de ser poseedores de una autoridad moral indiscutible sobre el mundo entero dada su “virtud original” – el excepcionalismo estadounidense – en contraste al resto del mundo que nace con el “pecado original”, fuera del estado de gracia por no ser estadounidenses. Todo eso empezó allá por 1831 gracias a Alexis de Tocqueville.

Pero el excepcionalismo estadounidense ha sido desacreditado como un simple atentado en el siglo XXI en globalizar el Manifiesto de Destino del siglo XIX – una falsa autoridad moral que permitiera anexionar el Occidente Continental Norteamericano, algo que despojó a los indios y a los mejicanos de sus tierras y culturas. Sin embargo, tal Manifiesto de Destino, aun con su apéndice de la Doctrina Monroe, solo otorgó a los estadounidenses “derechos” a Las Américas, algo insignificante para una nación con un aparente apetito galáctico para gobernar o influenciar.

Si vamos al grano, el excepcionalismo estadounidense, tanto hace unas generaciones como hoy, no difiere en lo mínimo al imperialismo europeo de siglos pasados. Y la idea de que EEUU establece la norma de comportamiento en derechos humanos, o que se adhiera a esa norma, ha probado por el presente, si no siempre, ser un error. El comportamiento de EEUU desde finales de la Segunda Guerra Mundial ha hecho que la idea del excepcionalismo haya encogido paulatinamente, convirtiéndose en una justificación egocéntrica y patriotera para los estadounidenses en describirse como personas que no son. Cierto que los norteamericanos son diferentes, y poderosos en muchos aspectos, pero definitivamente no superiores.

El resultado final que los Señores Chávez y Ahmadinejad nos trajeron a la mesa es simple y claro: paz y tranquilidad serán difíciles de conseguir mediante las estructuras internacionales ahora vigentes, como la ONU, por ser injustas a la mayoría de naciones y pueblos del planeta. La ONU, que no es sino un producto de la Segunda Guerra Mundial, tan solo ha atendido los deseos de los victoriosos en ese conflicto – los ya poderosos – y no las necesidades de los pueblos emergentes desde entonces – los que carecen de poder – que requieren instituciones que les escuchen y ayuden en sus esfuerzos para triunfar en todos los ámbitos: político, económico y social. A estos dos caballeros, cuyo pensamiento probablemente paragona el de la gran mayoría de naciones, EEUU trae un comportamiento contrario a esa paz y tranquilidad, o la justicia social anhelada por el mundo. Y el promotor de ese comportamiento es Bush.

El pijo “squatter” que ocupa la Casa Blanca puede que no sea el diablo, tal como lo describe Chávez, pero el rastro que deja en sus actos, tanto internacionales como domésticos, apesta a sulfuro y a huevos podridos. Claro que infinitamente más importante que el olor son el dolor, muerte y destrucción que deja a su paso por culpa de decisiones miopes.

Uno supone que Hugo Chávez bromeó para obtener nuestra atención, y dar su punto. La realidad es que George W. Bush justifica la definición que suele darse al Príncipe de las Tinieblas, y la asociación con horrendos personajes históricos. Aun un benigno idiota a quien se le da un poder tremendo, como lo es la presidencia de EEUU, puede causar daños irreparables a la humanidad… y convertirse en diablo. [Estoy totalmente convencido que de existir tiene genero masculino.]

Los estadounidenses, bien sean miembros de los medios, políticos de ambas hermandades [Republicanos y Demócratas], oficiales del gobierno o publico en general lo han tomado como un afronte, furiosos por el descaro de estas dos personas, motejándoles con insultos. [El excepcionalismo estadounidense sigue vivito y coleando para las filas de los dos partidos políticos.]

Hiciera o no mella la verdad en los estadounidenses, Ahmadinejad y Chávez dieron un momento de gloria a los desamparados políticos, naciones o pueblos, a quienes no se les ofrece podio desde donde puedan expresar las iniquidades que sufren. Mahmoud y Hugo, aunque tan solo por un momento, fueron su voz al mundo… haya o no quien escuche.

¿Aportaron estos discursos “shock and awe” diplomático? Probablemente no, ya que los que tienen las riendas del poder son despiadados e inquebrantables. Aun así, mientras hay vida hay esperanza.