Ahora les toca a los Demócratas darnos placebos en vez de drogas de diseño

Después de mis días puristas como defensor de causas progresistas, debo admitir que no es nada fácil vivir en este mundo imperfecto en continua avenencia. Y mi forma de ver las cosas ha ido evolucionando por más de dos décadas hasta el punto que siento necesidad de seguir mis propias reglas de deténte moral para poder tomar decisiones.

En la política electoral estadounidense, donde los candidatos progresistas son contados, o no existen, recurro a dichos de acuñamiento personal cuando llega la hora de votar. Si me siento obligado a votar – lo cual no es siempre el caso – y debo escoger entre dos hijos de puta, votaré a quien de los dos sea huérfano. No siempre, pero hay veces cuando en verdad existe el menor entre dos males. Y esto me trae a las elecciones que hemos tenido a medio camino del segundo mandato de Bush en EEUU y los resultados que han sido cacareados, aquí y en ultramar, como un gran cambio, una reprimenda a Bush. Los que piensan así, quizás debieran de revisar sus medicamentos y cerciorarse de que no hay entre ellos drogas alucinadoras.

Demos por hecho que los días imperiales de este idiota arrogante han concluido; pero los males que padece EEUU son internos y arraigados, en espera de un bálsamo que los políticos no pueden o quieren dar. Esta toma de mando en ambas cámaras del Congreso por los Demócratas desafortunadamente solo indica cambio de personajes, actores todos, y no un cambio de política: domestica o exterior. Y de lo que ya se habla, en tono de advertencia, es que los Demócratas deben moverse ideológicamente hacia el centro para poder gobernar.

Centro de la Extrema Derecha querrán decir, ya que la Izquierda como tal no existe en este país. Y los verdaderos centristas Demócratas, a quienes se les topa de liberales, se van a encontrar maniatados por la influencia conservadora aun dentro de su partido. La maquina anti-pueblo que mueve Washington continuara funcionando como lo ha estado haciendo por mas de un cuarto de siglo. Y poco o nada se hará para decelerar la tasa de crecimiento que separa al rico del pobre. El capitalismo, no importa lo rapaz o injusto, continuará regulándose a si mismo, sin ser afectado por los buscadores “equivocados” de justicia social.

¿Y cual es este “gran cambio” ilusorio que la nación y el mundo están contemplando? La política exterior estadounidense mantendrá su rigidez como hasta ahora, si bien se inicie cirugía plástica superficial para cambiar la apariencia del dragón imperial. Quizás una nueva estrategia para salir de Irak, aunque no se la pueda perfilar como “victoria”.

Poco es lo que los políticos Demócratas puedan hacer para que se considere a EEUU como un vecino confiable, menos temido, por el resto del mundo. Y nuestra política hacia el Medio Oriente continuara siendo escrita, como en el pasado, no solamente por calígrafos del poderoso “grupo de presión israelí” (Israel Lobby), sino también por el sentimiento favorable del publico estadounidense hacia Israel; resultado de la enorme influencia judía en todos los ámbitos de vida en Norteamérica. Esa es una realidad de varias capas que deliberadamente, aunque no necesariamente de forma deshonesta, se pasa por alto domésticamente; y que ingenuamente no parecen tener en cuenta los árabes, por lo menos su magnitud… como si viviesen en un mundo de fantasía.

Y poco será lo que cambie en el frente domestico. Al igual que con la política exterior, los cambios serán cosméticos, nada de sustancia o revolucionario; nada que indique que los políticos electos se sientan comprometidos a las necesidades del pueblo que los eligió, sino tan solo a sus propios intereses. Reforma en el gobierno brillara por su ausencia y, después de dos años, los grupos de presión seguirán siendo sastres de la legislación, y continuaran pagando de forma sucinta y ambidextra los gastos para la reelección de los gandules de ambos partidos. Con certeza los contratos de alquiler para estos grupos de presión continuaran renovándose en la Calle K de Washington.

En cuanto a la promesa de la variada legislación que los Demócratas presentaran en la Cámara de Diputados apenas convocarse el 3 de enero “durante el primer centenar de horas”, casi todo será de segundo nivel, simplemente placebos con etiquetas de drogas de diseño. La legislación más importante tratando de romper la conexión entre grupos de presión y la legislatura sufrirá una derrota segura a menos que se la diluya y quíte todo el sabor… y valor. Pensar que pueda haber reforma que controle estos grupos de presión es una quimera… un sueño irrealizable.

En cuanto a los asuntos “tibios” de realizar todas las recomendaciones hechas por la comisión que investigo los ataques del 11 de setiembre; o un nuevo salario mínimo; o la reducción del tipo de interés para prestamos estudiantiles; o negociaciones con las abusivas compañías farmacéuticas con el fin de lograr mejores precios para personas mayores… todo ello no es sino una gota que pueda caer en un caldero que necesita llenarse hasta el borde. Placebos y nada más.

Por ejemplo, el salario mínimo del que hablan ya se ha superado, o superara para el 1 de enero, en la mayor parte del país por legislaturas estatales más progresistas, y tan solo afectara a menos del treinta por ciento de los que ahora reciben tal salario mínimo. Claro que para estas personas esto es algo real, no un placebo.

De todo corazón deseamos lo mejor a Nancy Pelosi, quien liderara como Speaker la Cámara de Diputados, y a todo el Congreso, para que forjen metas nobles y honestas para el país, y las lleven a cabo; y si nuestro criticismo demuestra estar equivocado, cumpliremos la penitencia que se nos imponga.

Por lo pronto, continuo firme en mi dicho político de “cuando la elección ante mi es entre dos hijos de puta, siempre escogeré el que sea huérfano”. Pero pocos son.